La estética de paisajes norteños tardo-románticos y contemporáneos brindaron un interesante recorrido por los diferentes usos de las texturas orquestales. Al frente de la Orquesta de Extremadura, Izabelė Jankauskaitė dibujó un arranque muy cuidado con Escena con grullas, op. 44, núm. 2. de Jean Sibelius. Ello permitió apreciar la superposición de las diferentes capas y secciones tímbricas de la orquesta en cada fraseo. En suma, crearon una brillante atmósfera suspendida que evolucionaría sosegadamente con el trabajo orquestal.

Julian Steckel, Izabelė Jankauskaitė y la Orquesta de Extremadura © Orquesta de Extremadura
Julian Steckel, Izabelė Jankauskaitė y la Orquesta de Extremadura
© Orquesta de Extremadura

Esta primera parte continuó con la presencia del violonchelista Julian Steckel en el Concierto para violonchelo y orquesta núm. 1 en la menor, op. 33, de Saint-Saëns. La interpretación fue equilibrada, ya que transcurrió en una interesante combinación de virtuosismo y lirismo. En el primer movimiento, dominó una textura cristalina conseguida gracias al apoyo en los tresillos, el control de la síncopa y el increíble dominio de las dobles cuerdas. Dentro de un estilo declamatorio, Steckel evitó el exceso apoyándose en la claridad estructural de cada bloque orquestal. La dirección de Jankauskaitė aportó frescura, aunque por momentos, dentro de un diálogo fluido, faltó empaste entre violonchelo y orquesta. El minueto del Allegretto con moto resultó bellísimo gracias a un fraseo impoluto entre cuerdas y vientos. La transición al segundo movimiento fue orgánica y el registro grave del chelo resultó resonante consiguiendo un sonido natural en el tercer movimiento. Este último, resuelto con admirable técnica, fue especialmente introspectivo, con un notable control del vibrato y una afinación precisa. El conjunto extremeño añadió dramatismo al entresacar la directora temas que no siempre se perciben y dinámicas brillantes en los vientos. Como extensión de la gratitud del público cacereño, Steckel daría nuevamente muestra de su técnica y musicalidad en una pequeña pieza de J. S. Bach.

Izabelė Jankauskaitė al frente de la Orquesta de Extremadura © Orquesta de Extremadura
Izabelė Jankauskaitė al frente de la Orquesta de Extremadura
© Orquesta de Extremadura

La lectura de la Sinfonía núm. 2 en sol, menor, op. 34 de Wilhelm Stenhammar destacó por el equilibrio entre fluidez rítmica y narratividad, tejiendo una tensión sostenida durante toda la ejecución. Por ello, el Allegro energico y el Andante resultaron vigorosos y muy expresivos al, muy acertadamente, Jankauskaitė enfatizar cada articulación melódica y construir amplias frases sin hesitaciones De esta forma, se movía la masa orquestal a diferentes atmósferas opuestas, del sosiego a la tempestad, con naturalidad y criterio. Un escenario mucho más sobrio se desarrolló en el Scherzo con un trabajo sobresaliente en el ritmo de marcha fúnebre. El último movimiento se centró en resaltar la doble fuga con marcados cambios de tempo y sutiles matices.

El balance final fue brillante, pues se imprimió el carácter propio de cada obra y se mantuvo un hilo narrativo y un buen entendimiento entre dirección e intérpretes.