Hay que reconocerle el mérito a Lang Lang –uno de tantos, por supuesto– de ser capaz de llenar todo un coliseo como el Teatro Real sin publicar en ningún momento el programa que va a interpretar. Es cierto que hay otros grandes pianistas que no acaban de determinar el programa hasta pocas semanas antes del evento, pero lo de Lang Lang es, sin duda, particularmente especial. Ya nos podíamos orientar, en cualquier caso, por conciertos recientes, entrevistas o grabaciones, y presuponer que nos iba a interpretar las Goldberg, pero sospecho que para gran parte de la asistencia el programa era una incógnita. Esto merece una reflexión, orientada tal vez hacia el fenómeno individual de un pianista extraordinariamente mediático a cuyos conciertos acudimos, sin importarnos demasiado a quién va a interpretar, o cómo lo va a interpretar. 

Lang Lang en el Teatro Real
© Javier del Real | Teatro Real

A priori podríamos afirmar que el repertorio romántico, y por ende, la obra de Schumann, es parte del repertorio que Lang Lang domina a la perfección. Decidió introducir las Variaciones Goldberg con el Arabeske de Schumann, cosa que ya de entrada nos pareció llamativo, pues no hay mejor preámbulo para las Variaciones que el Aria que se varía. Es cierto que hay una enorme vinculación entre las escrituras de Schumann y de Bach –destacada también en el magnífico texto del programa de mano– pero también es cierto que esta obra tenía más carácter de calentamiento que de otra cosa. Y esto siempre termina percibiéndose en la interpretación. Nos pareció un Schumann correcto, sin más. El tema que abre la pieza quedó en todo caso perfectamente destacado sobre el vaivén de su acompañamiento, sin embargo las otras voces que emergen en la partitura lo hicieron con cierta dureza, produciendo en general un sonido más bien afilado. Obra de poco virtuosismo, es difícil darle unidad y dirección a la pieza por su estructura de Rondó y por su carácter repetitivo. Nos pareció que Lang Lang se encontraba más pendiente de resaltar los contrapuntos y los acentos que de resolver el problema estructural y la comunicación del discurso musical.

Lang Lang
© Javier del Real | Teatro Real

A continuación de Schumann se preparó el pianista chino para dar vida a una obra que se ha considerado culmen dentro de la literatura para teclado. No es poca cosa, como ven. Y además se resolvió a tocarla con todas las repeticiones, proponiendo, en suma, un recital de más de hora y media seguida. Quería Lang Lang mostrar su habilidad para el ornamento, que suele acontecer precisamente en las repeticiones, y en este sentido resultó muy efectivo y creativo, alternándolas en ambas manos con una destreza rítmica indiscutible. Evidenció destreza también, qué duda cabe, en los pasajes virtuosísticos de todas las variaciones que requieren esta habilidad, y resolvió cruces de manos, estudios de trinos y otros adornos con una tremenda soltura. Por el contrario, tal vez por la elección demasiado contrastante del tempo entre las variaciones, por un fraseo no demasiado cuidado o por la exageración dinámica en algunos fragmentos, no nos pareció que fuera esta una versión ejemplar o inolvidable.

Como era de esperar, nos ofreció de regalo dos piezas más: el primer vals de Chopin y una fantástica canción tradicional china. En el vals, resuelta la tensión de las Variaciones Goldberg, se percibió a un Lang Lang más divertido y con un sonido más amplio y resuelto, proponiendo nuevas fórmulas rítmicas para el acompañamiento y acelerando secciones; y en la canción tradicional nos convenció con un sonido envolvente y una armonía cautivadora. Un concierto atípico, como ven, pero resuelto con el rotundo éxito de público que solo Lang Lang es capaz de reclutar. 

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