Raúl Aquiles Delgado dirigió la Orquesta Sinfónica de Minería en su cuarto programa, junto al chelista Jesús Castro-Balbi. Arrancó la velada con la Obertura para orquesta de la compositora Grażyna Bacewicz. Escrita en Varsovia, en plena Segunda Guerra Mundial, no es una obra alegre, pero sus ritmos entrelazados y orquestación masiva demuestran la versatilidad de la compositora. Breve y concisa, la orquesta la interpretó con brío y maestría.
Recibiendo su estreno mundial, el Concierto para violonchelo y orquesta del compositor colombiano Ludsen Martinus Cecilia Acevedo fue compuesto para Jesús Castro-Balbi, inspirado en un viaje que Martinus tomó a Perú. El primer movimiento, Misterioso-Tranquilo juega con un leitmotiv de claxon, evocando el tráfico de Chincha. El segundo movimiento tiene un rol más importante para el chelo, donde toca una cadenza larga con acompañamiento. Castro-Balbi tocó con una virtuosidad impresionante, aunque la música en sí a veces carecía de estructura clara, pareciendo más un popurrí. El tercer movimiento, Un tanto alegre, pone ritmos africanos con un fondo de música clásica contemporánea. Martinus mismo explica “no es fácil determinar precisamente a qué ritmos se hace referencia”, pero a primera escucha, tal ambigüedad genera más confusión que placer. Castro-Balbi regresó para un agradable bis: tocó con la orquesta un arreglo de la popular José Antonio de Chabuca Granda.

Regresando del intermedio, empezó la Cuarta sinfonía de Chaikovski. Gracias a una carta a su amiga Nadezhda von Meck, tenemos un esbozo del programa de la sinfonía. El destino (representado por el motivo del tresillo, similar a la Quinta sinfonía de Beethoven) amenaza la tranquilidad de la música, interrumpiendo su flujo natural; luego, hay episodios tanto de nostalgia o melancolía, como de diversión y frivolidad (segundo y tercer movimientos) hasta que una canción folclórica rusa de carácter jubilosa (el cuarto movimiento) pone fin al conflicto.
A pesar de alguna nota falsa en los metales, el primer movimiento mostró la esencia del programa, yuxtaponiendo el destino con la voluntad. La cantidad alta de trémolo para las cuerdas en este movimiento es demandante, pero la orquesta lo tocó bastante bien, impulsando la música con un sentido de urgencia, incluso provocando un aplauso espontáneo al cerrar el movimiento. El segundo movimiento brilló con los vientos de madera, expresando bien la naturaleza dualista del movimiento que Chaikovski mismo mencionó: “Es a la vez triste y de alguna manera dulce adentrarse en el pasado”.
El scherzo fue ligero y de cierta frivolidad. El control de la dinámica en las cuerdas pizzicato fue bastante controlado, lo cual evocó la sensación de medio sueño de la que Chaikovski hablaba. El piccolo en particular tocó su solo con precisión impresionante. El cuarto movimiento, empezando attacca desde el tercer movimiento, trajo con él la fanfarria jubilosa. Tal vez fue un poco más lento que el Allegro con fuoco, pero de todas formas la música movió con celeridad. La canción folclórica que aparece en el segundo tema fue bien interpretada, con el triángulo acentuando su melodía. El percusionista mostró su destreza con los platillos en el final fanático del movimiento, y la sinfonía cerró con una explosión de sonido, reafirmando el vencimiento del destino.













