En vísperas de las celebraciones del centenario de la Generación del 27, llega al Teatro de la Zarzuela la ópera de cámara Poeta en Nueva York, del sevillano Alberto Carretero, estrenada el 12 de junio de 2025 en el Espacio Turina de Sevilla. Interpretaciones intensas y una partitura caleidoscópica y sugerente aseguraron el éxito de esta representación única.

No se trata de una ópera al uso. No hay personajes, ni trama, pero la experiencia aún así tiene mucho de teatral. El libreto está elaborado por el propio compositor a partir de textos de Lorca, principalmente el poemario que le da título y la conferencia del poeta en torno al mismo, pero también cartas dirigidas a su familia e incluso declaraciones recogidas en prensa. Está escrito para piano, violín, violonchelo, barítono, cantaor y bailaor, a los que se añaden música electrónica y una voz en off. Se estructura en 15 breves escenas, tres de las cuales son puramente instrumentales.

El coreógrafo y bailaor Marco Flores © Luis Ollero | Teatro de la Zarzuela
El coreógrafo y bailaor Marco Flores
© Luis Ollero | Teatro de la Zarzuela

La música fusiona un lenguaje contemporáneo con el flamenco, reminiscencias clásicas, giros casi jazzísticos y electrónica en un todo sin embargo coherente y con personalidad propia. Asombran la variedad tímbrica y el grado de complejidad logrados con una plantilla tan reducida. El maridaje de canto lírico y flamenco está bien conseguido y en ocasiones los cantantes traspasan los límites de sus respectivos estilos para adentrarse en el del otro. El baile es un elemento musical más a través de su faceta percutiva, en algunas escenas muy presente. Se traduce bien el choque cultural que le supuso al joven Lorca su estancia en Nueva York y su descubrimiento de un mundo tan ajeno a todo lo que conocía: la música es un imprevisible torbellino de sensaciones y contrastes, con cambios de ritmo, sin pausa ni descanso.

El cantaor Sergio Gómez "El Colorao" y el barítono Javier Povedano © Luis Ollero | Teatro de la Zarzuela
El cantaor Sergio Gómez "El Colorao" y el barítono Javier Povedano
© Luis Ollero | Teatro de la Zarzuela

La puesta en escena de Rita Cosentino, dirigida para esta reposición por su asistente Aarón Martín, traslada esta naturaleza de forma eficaz a lo visual. Aunque no haya acción propiamente dicha ni grandes efectos, nunca falta interés. La sencilla escenografía de Alejandro Andújar, a la que le saca buen partido la iluminación de David Bofarull, ocupa la corbata del escenario, ampliada sobre el foso de la orquesta, y se reduce a una pantalla, una mesa larga y varias sillas de enea. El vestuario neutro de Yaiza Pinillos tampoco busca complicaciones y permite a los intérpretes moverse con facilidad.

Menos logrado es el diseño sonoro, debido al autor: la amplificación, justificada por el uso de grabaciones y por reforzar el cante ante la vigorosa parte instrumental, no parece bien calibrada y hace que la voz en off quede a menudo sepultada. Este recitado es otro punto débil. Confiado a Laura García-Lorca, sobrina del poeta y neoyorquina de nacimiento, parece que primasen apellidos y origen sobre la poesía y la palabra. La articulación es imprecisa y la entonación monótona. No se distinguen textos, ni voces, ni emociones: se pasa de una carta a un poema sin solución de continuidad y sin alterar la emisión. Cuánto más sorprendente resulta esto cuando se confronta con el tratamiento que Carretero le dispensa a la palabra en sus textos cantados, para los que despliega una panoplia inagotable de recursos estilísticos.

Escena de <i>Poeta en Nueva York</i> con Sergio Gómez "El Colorao", Marco Flores y Javier Povedano &copy; Luis Ollero | Teatro de la Zarzuela
Escena de Poeta en Nueva York con Sergio Gómez "El Colorao", Marco Flores y Javier Povedano
© Luis Ollero | Teatro de la Zarzuela

Los tres intérpretes escénicos presenciales estuvieron soberbios, con sus lecturas complementarias y paralelas de los textos lorquianos. El bailaor Marco Flores, flamante Premio Nacional de Danza y responsable de la coreografía, expresaba el sentir del poeta con una gestualidad de raíces flamencas pero lenguaje decididamente contemporáneo. El cantaor Sergio Gómez “El Colorao” se mostró igual de seguro en los pasajes más tradicionales que al adentrarse en aguas desconocidas, manteniendo el rumbo en el episodio caribeño en el que Carretero hace del “Son de negros en Cuba” una sevillana deconstruida y disonante. El joven barítono cordobés Javier Povedano realiza la que sin duda es una de las actuaciones más sobresalientes de su carrera hasta la fecha, exhibiendo una extraordinaria versatilidad expresiva y estilística. En “New York”, su canto en falsete lo acerca a un instrumento, etéreo, las palabras casi desapareciendo en sonido puro.

<i>Poeta en Nueva York</i>, de Alberto Carretero &copy; Luis Ollero | Teatro de la Zarzuela
Poeta en Nueva York, de Alberto Carretero
© Luis Ollero | Teatro de la Zarzuela

Sosteniendo desde un extremo del escenario a estos tres extraordinarios artistas, otro terceto no menos grande: el Trío Arbós, formado por Juan Carlos Garvayo al piano, Ferdinando Trematore al violín y José Miguel Gómez al violonchelo. Desde la ominosa “Primera visión de Nueva York” que abre la ópera no dejan de impresionar por su perfecta ejecución de una partitura exigente que los lleva a extraer de sus instrumentos sonoridades inhabituales al tiempo que demuestran un virtuosismo impecable. Son tan expresivos en los pasajes más convencionalmente bellos como en la grotescamente distorsionada versión del vals “Sobre las olas” del mexicano Juventino Rosas con la que Carretero ilustra la vulgaridad circense del episodio de Coney Island.

Cuando la ópera llega a su fin con “Muerte”, un evocador dúo interpretado por cantaor y barítono sobre una base instrumental de aires morunos, el espectador tiene la sensación de haber concluido un viaje. Una muy interesante aportación al corpus de obras inspiradas por el universo lorquiano.