El mundo cinematográfico se divide en dos partes: aquellos que consideran que recurrir constantemente a un mismo elenco de actores hace peligrar el suspense o hace la trama poco creíble, y aquellos que no. El director español Pedro Almodóvar (n. 1949) es claramente partidario de la segunda tendencia y entre sus actores favoritos se encuentran Carmen Maura, Antonio Banderas, Victoria Abril, Rossy de Palma, Marisa Paredes y, más recientemente, Penélope Cruz. Imagínense pues, la tentación de contar siempre con los mismos colaboradores detrás de la escena, como en el caso de los compositores. Desde La flor de mi secreto (1995) Alberto Iglesias (b.1955) ha puesto música a los últimos nueve de los veintidós largometrajes de Almodóvar. Antes de pensar que Iglesias ha podido verse beneficiado de cierta tendencia localista, hay que subrayar que Almodóvar trabajó previamente con Ennio Morricone (Átame! 1989) y Ryûichi Sakamoto (Tacones lejanos, 1991).

Alberto Iglesias Fernández-Berridi nació en San Sebastián (País Vasco) donde estudió composición antes de trasladarse a París para continuar su formación en piano y composición. Siendo el piano un instrumento tan fuertemente asociado al cine, es difícil imagina la importancia del mismo en la vida de un compositor solo por el hecho de su omnipresencia en las bandas sonoras. En cualquier caso, en esta canción en particular “No sé a donde me voy, muy lejos” de la película de Julio Médem, Lucía y el sexo (2001), se puede apreciar su destreza e impecable técnica. Esta pieza también sugiere una vasta influencia y un amplio eclecticismo; su agitado piano, casi de la Segunda Escuela de Viena, está subrayado y fortalecido por un rápido y continuo pulso que sus predecesores austríacos habrían rehuído. Una escritura pianística menos frenética revela un Iglesias con un excelente oído para la relación entre el espacio de las notas en los acordes del piano y la ligereza.

En La piel que habito (2011) -a grandes rasgos, un secuestro y obligado cambio de sexo- cuando la víctima adquiere cierta movilidad, Iglesias refleja el horizonte que se le abre con calmados acordes de intervalos amplios, más espaciados que anteriormente, en los momentos claustrofóbicos.

Tan presente como el piano, en las partituras de Iglesias están también las cuerdas. En su magnífico tratamiento de las cuerdas se distinguen dos técnicas equivalentes y opuestas al mismo tiempo. La primera tiene que ver con dotar de energía al momento, que consigue con una articulación separada, normalmente de notas repetidas, con leves disonancias añadiendo un golpe de arco cuando es necesario, “El Cigarral”, de La piel que habito, es un excelente ejemplo. La segunda consiste en introducir con sutileza disonancias que anuncian el conflicto. Aquí recae el verdadero arte de un compositor de música de cine, anticipar al espectador lo que está al llegar en lugar de solo reflejar lo que la pantalla está mostrando. “Jordania” (“Jordan”) de Hable con ella, de Almodóvar, 2002, es un excelente ejemplo de disonancias tenues – en este caso notas sostenidas en las cuerdas por lo demás en una enérgica textura – empleado para insinuar inquietantes recuerdos.

La misma película ofrece otros muchos momentos de violín solo cuyas frenéticas texturas recuerdan a “Obsession”, el preludio de la Sonata n. 2 en La menor, Op. 27, de Isaÿe. La elección del color instrumental es la máxima paradoja de todo buen compositor para cine: proveer una música notable pero subyugada a la imagen. Esto parece corroborar la elección de Iglesias de la percusión, restringida a los sonidos más secos de la sección. “Motorbike” de The Constant Gardener es un buen ejemplo en esta línea. Una de las pocas ocasiones en las que Iglesias recurre a los timbales es en la canción del mismo título, en Tinker, Taylor, Soldier, Spy de Tomas Alfredson. En este mismo corte apreciamos otro buen ejemplo de suaves y suspendidas disonancias, en una de por sí animada textura, evocando malestar.

Las partituras para películas se dividen en las orquestales y las elctrónicas. Cuando no tenemos acceso a las partituras hay que confiar en el oído. En También la lluvia, de Icíar Bollaín (2010), se aprecia un sutil uso del sampler o de manipulación electrónica en una partitura, por lo demás, enteramente orquestal. El título se refiere a la Guerra del Agua, en Cochabamba (Bolivia) en 2000. En la pieza “Esto es arena” resuenan algunos sonidos exóticos que, si no de origen o tratamiento electrónico, son magia orquestal. Manifestaciones Alusiones más directas a música española son inexplicablemente infrecuentes. Quizá en su origen vasco o en su paso por París esté la explicación. La excepción la encontramos hacia el final de la película de Almodóvar, Volver (2006), poniendo en los labios de Penélope Cruz la versión de Estrella Morente de esta descorazonadora canción. El entorno en el que se sitúa este momento recuerda a la escena de Hable con ella en la que suena “Cucurrucucú paloma” en la voz de Caetano Veloso.

Una característica interesante en Iglesias es la falta de megalomanía en relación con el control total sobre la banda sonora. Hay partituras que incluyen canciones bien famosas, en Amores pasajeros, de Almodóvar, "I’m so Excited" de The Pointer Sisters. La colaboración con el músico kenyata Ayub Ogada aseguró, literalmente, un voz genuina en The Constant Gardener. Incluso Rossini hizo un cameo en La mala educación (también de Almodóvar) con el Kyrie de su Petite messe solennelle. Lo canta el coro masculino de un colegio interno en el que la obligación por el correcto cuidado de los internos se ve, por decirlo con suavidad, comprometida.

Aunque a lo mejor no muy popular, Iglesias no es ajeno a nominaciones y galardones. Fue nomindado por la Academia de los Óscar y Bafta por The Constant Gardner, The Kite Runner y Tinker, Tailor, Soldier, Spy. La Academia Europea del Cine lo nominó por La mala educación y La piel que habito y en 2006 fue galardonado por Volver. Al contrario de lo que el dicho “Nadie es profeta en su tierra” establece, Iglesias ha triunfado en diez de las doce nominaciones a los Premios Goya. Entre sus últimos trabajos se cuentan la épica Exodus: Gods and Kings de Ridley Scott y Ma ma de Julio Médem.

Traducido el inglés por Katia de Miguel