Una partitura para una nueva película es encargada por el Coolidge Corner Theater cada semestre. La clase es dirigida por Sheldon Mirowitz, un galardonado compositor para cine y un apasionado profesor que irradia entusiasmo en cada palabra que pronuncia. Las mentes de los estudiantes se unen para funcionar como una unidad de crear música trabajando por un objetivo común. El fin es componer una partitura que hubiera maravillado al director hasta el punto de convencerse de que la película está mejor con la música que sin ella.
Diez semanas parecen mucho tiempo. No lo es. Es un intenso maratón de creación. La fecha de entrega se establece al principio. Y llega tan pronto. Cuando la partitura está lista, una orquesta formada por unos 10 o 20 músicos (dependiendo de la partitura), la ensayan. El director sigue la película en un ordenador portátil mientras dirige. Se guía por “punches” y “streamers” que son pautas para asegurarse que la música va a tiempo con la imagen. El “punch” (troquel) en la película es un flash de luz blanca y los “streamers” (rayas) son líneas verticales. De esta manera, se asegura que la música está sincronizada con la imagen en todo momento, y que el tempo es el correcto para las imágenes que se están mostrando.El resultado es sencillamente fascinante. Ante tus ojos -y oídos- se mezcla una partitura que suena muy contemporánea y una película clásica, el resultado es que la película parece, de alguna manera, más moderna. Tal es el poder de la música. Si alguna vez se planteó qué es más poderoso, si la imagen o la música, aquí está la respuesta.
Fernando Furones es un compositor de Madrid. Actualmente está estudiando en el Berklee College of Music en Boston, está en su segundo semestre y se especializa en Composición para cine. Se graduó en Business Management en la Universidad Carlos III de Madrid.
Traducción del inglés por Katia de Miguel
