Hace tres semanas acudí a un evento verdaderamente memorable aquí, en Boston. Todo ocurrió en un cine normal, bueno, tomado por una orquesta de unos 20 músicos. La versión muda de 1925 de El fantasma de la ópera estaba en el menú, solo que esta vez habría música de principio a fin. Una partitura completamente nueva se había terminado unas semanas antes del pase, con un 100% de música original –una tarea nada desdeñable teniendo en cuenta que la duración de la película es de 93 minutos. Había oído acerca de este evento y tenía curiosidad por cómo sería, aunque debo confesar que mis expectativas no eran muy altas. Qué podría haber de especial en esto?, seguramente, tampoco tanto. Cuán equivocado estaba: resultaría ser una de las experiencias más inspiradoras de mi vida. Ver la película mientras se escucha la música en vivo fue una enorme experiencia en sí misma, pero lo que realmente me impresionó fue la extraordinaria partitura. Y no fui el único; al final, todos los espectadores ofrecieron una gran ovación.

Hice algunas averiguaciones acerca de como todo eso era posible. Lo que me encontré resultó ser más fascinante aún que el propio show. Evidentemente, se emplea una ingente cantidad de tiempo y trabajo para hacer posible este evento. Lo que más me sorprendió fue descubrir que la composición de la música era parte de un curso impartido en el Berklee College of Music. El curso lleva un título cautivador y anacrónico, Writing for Silent Film. Sí, lo digo en serio. Hay gente ahí fuera que dedica su pasión y su tiempo a escribir música para películas polvorientas y olvidadas. Quiénes son estos falsos pioneros que desafían la era del Netflix?

Fundado en 1933, el Coolidge Corner Theater es uno de los centros culturales más preciados de Nueva Inglaterra. Es una auténtica reliquia. Desde el momento en que entras parece que has viajado en el tiempo. El Teatro encarga música para distintas películas mudas cada semestre. El mérito de producir los 93 minutos de la misma –en diez semanas- recae en solo seis estudiantes.

Una partitura para una nueva película es encargada por el Coolidge Corner Theater cada semestre. La clase es dirigida por Sheldon Mirowitz, un galardonado compositor para cine y un apasionado profesor que irradia entusiasmo en cada palabra que pronuncia. Las mentes de los estudiantes se unen para funcionar como una unidad de crear música trabajando por un objetivo común. El fin es componer una partitura que hubiera maravillado al director hasta el punto de convencerse de que la película está mejor con la música que sin ella.

Diez semanas parecen mucho tiempo. No lo es. Es un intenso maratón de creación. La fecha de entrega se establece al principio. Y llega tan pronto. Cuando la partitura está lista, una orquesta formada por unos 10 o 20 músicos (dependiendo de la partitura), la ensayan. El director sigue la película en un ordenador portátil mientras dirige. Se guía por “punches” y “streamers” que son pautas para asegurarse que la música va a tiempo con la imagen. El “punch” (troquel) en la película es un flash de luz blanca y los “streamers” (rayas) son líneas verticales. De esta manera, se asegura que la música está sincronizada con la imagen en todo momento, y que el tempo es el correcto para las imágenes que se están mostrando.

El resultado es sencillamente fascinante. Ante tus ojos -y oídos- se mezcla una partitura que suena muy contemporánea y una película clásica, el resultado es que la película parece, de alguna manera, más moderna. Tal es el poder de la música. Si alguna vez se planteó qué es más poderoso, si la imagen o la música, aquí está la respuesta.

Desgraciadamente no hay gente que escriba este tipo de partituras ahora. Aparte de la Berklee Silent Film Orchestra, la maravillosa Alloy Orchestra y el aclamado director Carl Davis que organiza de forma regular estos “conciertos de película” en varias ciudades de Europa, solo hay un puñado de conjuntos pequeños que tocan música para películas mudas. Y en su mayor parte, interpretan compilaciones.

Es bastante posible que no hubiera visto nunca El fantasma de la ópera. La mayoría de la gente de mi generación –vivan los ochenta!- con toda probabilidad no la verán, pensarán que es una película caduca y alejada de como deberían ser las películas de hoy en día. Pero mientras estaba sentado en el cine, me reí y lloré y seguí la trama igual de bien que hubiera hecho con una película de hoy en día.

Escribir este artículo me ha hecho reflexionar. Y me pregunto por qué centrarse solo en películas mudas. No sería estupendo ver, digamos, una película de Steven Spielberg en un cine con una orquesta tocando en vivo la música de John Williams? Te imaginarías El Padrino con una orquesta justo enfrente de ti? Después de todo, el repertorio de bandas sonoras se está haciendo bastante popular entre las orquestas y ya hay conjuntos que tocan solo partituras de películas. Con lo que vi en el teatro en Coolidge Corner, por lo pronto, creo que sería un enorme éxito.

 

Fernando Furones es un compositor de Madrid. Actualmente está estudiando en el Berklee College of Music en Boston, está en su segundo semestre y se especializa en Composición para cine. Se graduó en Business Management en la Universidad Carlos III de Madrid.

Traducción del inglés por Katia de Miguel