La temporada de la Sociedad Filarmónica de Lugo volvía a una de sus especialidades, la música barroca, con la participación del grupo asturiano Forma Antiqva; todo un referente en la música renacentista-barroca. Los hermanos Zapico diseñaron un programa que giró mayoritariamente en torno a las obras que constituyen su última grabación -séptima de su discografía- Concierto Zapico Vol.2. Por desgracia, las restricciones de la pandemia obligaron a recortar el número de obras inicialmente programadas, pero esto no impidió que el público disfrutase de una apasionante selección de diecisiete piezas; salvo contadas excepciones todas ellas danzas del Barroco español.

Daniel, Aarón y Pablo Zapico (Forma Antiqva) en el Círculo de las Artes de Lugo
© Forma Antiqva

Interpretadas en bloques, con mínimas pausas entre ellas o incluso en ocasiones sin solución de continuidad, el único pero del concierto fue el hecho de que la modificación del programa no sólo se tradujese en la ausencia de piezas incluidas en el programa impreso, sino que además, las que fueron interpretadas, lo fueron sin que se siguiese en absoluto el orden inicialmente planteado. Una pena, pues esto imposibilitó al público asociar las piezas con sus autores y con sus títulos. Una fácil solución hubiera sido el preceder cada bloque de un breve comentario por parte de los artistas en el que se citasen la obras a interpretar. Hubiera resultado mucho más pedagógico, por no decir empático con los oyentes. Lo que sí pudimos fue disfrutar fue, tras la tercera de las piezas, de un pequeño saludo de bienvenida de Aarón Zapico en el que celebró la posibilidad de que en España se lleven realizando desde julio conciertos en España para “seres humanos” al mismo tiempo que lamentó la cancelación de la música con público en no pocos países europeos, como por ejemplo sus propios conciertos en el Festival Handel de Halle en Alemania y en Londres.

Entre todos los compositores interpretados, Gaspar Sanz tuvo un especial énfasis. Su música abrió el concierto con una sugerente y envolvente recreación de su Marionas. Pero también pudimos escuchar de él valiosas interpretaciones de sus arrebatadas Jácaras o de su intimista Españoleta. Melodías las de este compositor que nos trasladan a un pasado remoto y desconocido, pero al mismo tiempo música atemporal, que habla muy de cerca al oyente del siglo XXI y más aún en las recreaciones de Forma Antiqva, que combinan sabiamente lo auténtico y lo creativo.

Entre las elaboradas piezas de Kapsberger y de reveladoras ediciones anónimas españolas, destacó igualmente la música de Santiago de Murcia. De él escuchamos piezas como su sublime Grabe que nada tiene que envidiar a los recurrentes Adagios del Barroco italiano. Sus Folías galegas fueron el mejor homenaje al público lucense. No me cabe duda de que, a pesar de los siglos transcurridos, esta música tocó el corazón del público lucense, que completaba el aforo disponible, tan cerca como el mío propio. La recreación de Forma Antiqva, a pesar del reducido número de instrumentistas tuvo un sorprendente carácter sinfónico. Una vez más el Salón de columnas del Círculo de las Artes, mostró su idoneidad para este tipo de repertorio. Las Cumbees y la Giga del mismo compositor, interpretada ésta como propina, tuvieron un carácter más lúdico y placentero. En la interpretación de la primera tuvo un mayor peso el clavecín de Aarón Zapico mientras en la segunda fueron respectivamente la guitarra y la tiorba de Pablo y Daniel quienes llevaron el protagonismo. Pero en todas las interpretaciones hubo un muy cuidado y trabajado balance entre los tres instrumentistas, quienes se hermanaron -nunca mejor dicho- en ofrecer al público interpretaciones de altísimo voltaje, en muchos aspectos diferentes a sus grabaciones discográficas de este repertorio, convirtiendo el concierto en un hecho único ¡que se hizo breve para todos!, a pesar de la generosa propina.

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