Bien conocida es la importancia que tuvo Niccolò Paganini en la música del siglo XIX, y su influencia en compositores como Chopin, Schumann o Liszt. Sin embargo, no es frecuente asistir a una velada dedicada completamente a su música, tal como la que pudimos disfrutar en el Teatro Liceo de Salamanca. Las interpretaciones estuvieron a cargo del Paganini Ensemble Wien, conjunto que se ha especializado en obras camerísticas del genio genovés, y quienes estarán también en Madrid y Sevilla.

Paganini Ensemble Wien © Oscar Schmidt
Paganini Ensemble Wien
© Oscar Schmidt

El Paganini Ensemble, fundado y liderado por el espléndido violinista búlgaro Mario Hossen, es un cuarteto que se compone de violín, viola, guitarra y violonchelo. Sus cuatro integrantes son solistas que, a su vez, funcionan muy bien en comunión, con diálogos interesantes y en profunda armonía camerística. Estas cualidades realzaron las virtudes del Cuarteto núm. 2 en do mayor, composición con la que comenzó la velada, portadora de belleza melódica, modulaciones sugerentes y que da oportunidad de lucimiento a todos los instrumentos; notándose claramente las influencias del mundo operístico de la época. Los artistas mostraron calidad instrumental y decisiones interpretativas convincentes durante sus cuatro deliciosos movimientos. A continuación, el conjunto interpretó el Terzetto concertante en Re mayor, para viola, violonchelo y guitarra; en el que este último instrumento tiene varios solos de gran lucimiento, que fueron realizados con maestría y sensibilidad por Alexander Swete. También cautivaron Marta Potulska, a la viola, y Liniana Kehayova, al violonchelo, por su capacidad de cantar con sus instrumentos, la variedad expresiva, la belleza sonora y el virtuosismo; destacando, especialmente, un Adagio muy emotivo.

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Marta Potulska, Alexander Swete, Liniana Kehayova y Mario Hossen
© Oscar Schmidt

En la segunda parte, dos conocidas obras virtuosísticas del autor y otro de sus cuartetos. No podían faltar algunas de las piezas más emblemáticas, como la Sonata a preghiera, basada en un aria de Rossini, interpretada en arreglo de François-Pierre Descamps; y en la que Hossen estuvo fantástico, con gran dominio de las demandas técnicas, destacando los armónicos, y regalando algunos efectos sorprendentes y divertidos, como el que imitaba el relincho de los caballos; sin perder de vista los momentos más expresivos. La versión del Cuarteto núm.12 en la menor mantuvo el nivel conseguido en las obras anteriores, desplegando una gran gama de contrastes entre los tres movimientos: la energía del primero, la cantabilidad (con momentos dramáticos) del segundo y la gracia virtuosística del tercero. Para cerrar el programa, la famosísima Campanella, originalmente el último movimiento del Concierto núm. 2 para violín y orquesta, en arreglo de Rudolf Leopold. El violinista búlgaro volvió a lucir sus mejores virtudes, en una versión de gran calado. Como regalo, una bella recreación del famosísimo Liebesleid de Fritz Kreisler.

Velada de gran interés, con versiones que reivindican la figura del músico italiano; frecuentemente asociado al virtuosismo extremo, pero que tiene otras facestas, algo que se pudo comprobar en estas interpretaciones.

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