La verdadera prueba de madurez de una orquesta moderna reside en su capacidad para moverse con naturalidad entre estilos, épocas y lenguajes: del romanticismo al siglo XX, del clasicismo a la música barroca. En este caso, no desde la imitación historicista, sino desde una comprensión honesta de su propio contexto y su identidad sonora. Este fue el reto abordado por Carlos Mena, quien regresaba como director a la Orquesta Sinfónica de Galicia con un exigente monográfico centrado en la música de Handel, en una atractiva propuesta que iba más allá del inevitable Mesías. La velada suponía además una nueva comparecencia del Coro de la OSG, en la que pudimos apreciar un conjunto reforzado en efectivos, con nuevas incorporaciones y un clima de ilusión y compromiso.

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El barítono Lucas López
© Orquesta Sinfónica de Galicia

Una primera parte instrumental, con la Music for the Royal Fireworks, sorprendió muy gratamente por la intensidad de la aproximación y por un planteamiento basado en tempi firmes, articulación precisa y un cuidado equilibrio entre secciones. La presencia destacada de la percusión aportó energía y carácter, reforzando el perfil rítmico de una interpretación directa y eficaz desde el podio. La disposición escénica, con la orquesta situada muy próxima al público debido a la presencia de las bancadas del coro en el fondo del escenario, volvió a demostrar sus ventajas acústicas. La cercanía favoreció una mayor claridad y proyección del sonido, perceptible en todas las secciones.

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Lucas López, Carlos Mena en la dirección, y el Coro y la Orquesta Sinfónica de Galicia
© Orquesta Sinfónica de Galicia

En un concepto bien pensado y cohesionado, la segunda parte del concierto supuso el debut de la OSG con el Te Deum de Dettingen, obra concebida —como recuerda Teresa Cascudo en sus notas al programa— “como una celebración de dimensiones casi imperiales, destinada a la exaltación pública y al ceremonial colectivo”. Sin embargo, Mena optó por la solución más austera entre las distintas posibilidades que ofrece la partitura: prescindir de las voces solistas de soprano y tenor, dejando en manos del coro la totalidad de sus intervenciones, y contando con el bajo como único solista. Esta responsabilidad recayó en el joven gallego Lucas López, formado en el seno del Coro de la OSG, y que afrontaba de esta manera una ocasión de notable carga simbólica. Asimismo, en el plano orquestal se eligió un orgánico reducido —un solo percusionista, dos oboes en lugar de los tres previstos en la partitura original y tres trompetas, en una obra cuyo número puede alcanzar la decena—, decisión que condicionó de manera decisiva el carácter del Te Deum. En un espacio como el Palacio de la Ópera, perfectamente capaz de absorber un mayor despliegue sonoro, esta opción condujo a una interpretación contenida, lúcida en lo musical pero poco expansiva en lo ceremonial, alejándonos de esa dimensión casi imperial inherente a la obra.

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Lucas López junto a la OSG con Carlos Mena en la dirección
© Orquesta Sinfónica de Galicia

El Coro asumió sin la interacción de los solistas números como All the Earth Doth Worship Thee, afrontando con solvencia una escritura exigente en homogeneidad y versatilidad expresiva. Resultaron especialmente logrados los contrastes entre voces agudas y graves en To Thee All Angels Cry, donde el Larghetto inicial desembocó en el grave, solemne y prototípico de Handel, The Glorious Company of the Apostles, en el que el COSG mantuvo cohesión y claridad de planos. Las numerosas secciones lentas, de carácter introspectivo y meditativo, estuvieron bien sostenidas, con un coro concentrado y expresivamente contenido, pero en otros pasajes, como el Thou Sittest at the Right Hand of God, la asunción íntegra del tejido vocal por parte del coro evidenció las dificultades de una escritura pensada para el diálogo entre solistas y conjunto, especialmente en términos de flexibilidad y ligereza.

El joven Lucas López mostró arrojo y valentía, manteniendo en su presencia casi continua una proyección adecuada, aunque un mayor énfasis en las agilidades y un timbre de mayor profundidad habrían enriquecido el color vocal. El tramo final del Te Deum, con un efusivo And We Worship Thy Name y el subsiguiente Vouchsafe, devolvió brillo y empuje al conjunto, cerrando la obra con convicción y solidez musical.

En definitiva, un Handel serio, concentrado y cuidadosamente construido, más atento a la arquitectura interna y al equilibrio sonoro que al despliegue espectacular, encontró en la aportación del Coro de la OSG una invitación al optimismo y a la ilusión de cara al futuro, aunque resulte inevitable lamentar que esta haya constituido su última intervención dentro de la temporada de la Orquesta Sinfónica de Galicia.

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