En su segunda temporada como director principal invitado de la OST, el maestro Pablo González, programó como pieza única la Sinfonía núm. 2 en do menor, "Resurreción", de Mahler, autor muy afín a sus inquietudes musicales, y que constituye una de las obras más sobrecogedoras de la historia en orden a las cuestiones sobre las que gira: la vida, la muerte y la resurrección. Concebida en el funeral del director Hans von Bülow para una gran orquesta sinfónica, coro y solistas (mezzo y soprano), constituye un paso adelante al dado por Beethoven en su Novena sinfonía en orden a fusionar instrumentos y voz en una colosal construcción descriptiva de tales vitales eventos.

Pablo González, Orquesta Sinfónica de Tenerife y Coro Titular Ópera de Tenerife-Intermezzo © Miguel Barreto | Auditorio de Tenerife
Pablo González, Orquesta Sinfónica de Tenerife y Coro Titular Ópera de Tenerife-Intermezzo
© Miguel Barreto | Auditorio de Tenerife

Se estructura en cinco movimientos, comenzando con el impetuoso Allegro maestoso, en su día planteado como un poema sinfónico descriptivo de motivos fúnebres y atormentados en relación a la idea de la muerte, evocación tan reiterada en la obra de Mahler. La versión ofrecida por el maestro González incidió en dichos motivos, resaltando el pesimismo que preside este inicio extrayendo de la nutrida orquesta sus mejores sonoridades con un gran protagonismo de la abundante sección de percusión y de viento. La segura y atenta batuta del director mantuvo su brillante nivel a lo largo de la ejecución de esta extensa sinfonía, consiguiendo lo imprescindible para una versión memorable: saber transmitir al oyente las sensaciones que discurren desde la fatalidad del destino finito hasta la esperanza en una existencia más allá de la terrenal, “morirás para volver a vivir” que dice el texto cantado más adelante. Mantener el equilibrio entre las distintas pobladas secciones orquestales supone un dificultoso reto que la batuta supo mantener con total eficacia a lo largo de la extensa función.

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El segundo y tercer movimiento suponen una mirada atrás hacia la vida del difunto, una de carácter nostálgico y evocador, y el otro de desengaño e impotencia ante lo inexorable del final de la existencia terrenal. Tales augurios fueron ofrecidos en la velada con unos matices melancólicos y susurrantes interrumpidos por las fanfarrias fuera del proscenio en lo que viene a ser un sello de marca del autor y coordinados milimétricamente desde el podio. Los enrevesados pizzicati de las cuerdas fueron igualmente resueltos con asombrosa coordinación con maderas y arpas, subrayando, sin llegar a lo grotesco, la descripción de los momentos más patéticos en la vida humana. Tras este discurso pesimista y de resignado desencanto, los dos últimos movimientos, núcleo central de esta monumental pieza, suponen el renacer de la esperanza, la redención y la resurrección, anunciadas primeramente de forma casi íntima por las solistas, en este caso Berna Perles y Olesya Petrova y finalmente pregonadas por el Coro Titular. Perles disfruta de un bello y cálido instrumento, muy a propósito del texto que declama y resuelto de forma muy satisfactoria, en tanto que la mezzo, Petrova, es poseedora de una poderosa, pero bien timbrada, voz que supo manejar en delicados pianissimi a modo de augurio de un exultante clímax final que transforma el dolor en afirmación y esperanza.

Olesya Petrova y Berna Perles © Miguel Barreto | Auditorio de Tenerife
Olesya Petrova y Berna Perles
© Miguel Barreto | Auditorio de Tenerife

En efecto Mahler nos reserva un quinto movimiento en forma de scherzo, de los más largos de la historia de la música y bajo el motivo de la Resurrección. que da nombre a esta sinfonía que supone un complicado reto para la orquesta y el coro. El Coro Titular, por cierto, estuvo excelente desde el principio de su intervención con un sobrecogedor “Auferstehn” hasta las posteriores apoteosis sonoras llevadas con gran elegancia y empaste vocal. El mérito es de todos, desde luego, pero principalmente atribuible a la sabia dirección de Pablo González, quien ofreció una visión contenida pero brillante, espectacular pero no estentórea, acreditando su conocimiento de este repertorio con una economía y sobriedad de gestos que demuestran un trabajo previo muy cuidado. Recalcamos desde aquí su profesionalidad y empeño por mantener a nuestro conjunto sinfónico a un exigente nivel.

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