Vivir de la composición nunca ha sido fácil, especialmente si no te apoya un rico patrón. Mozart murió prácticamente pobre en Viena en 1791. Una década después, Ludwig van Beethoven sobrevivía a duras penas en la misma ciudad. Tuvo el apoyo de algún patrocinio y vendió algunas obras a los editores, pero lo que realmente necesitaba era un concierto a beneficio (básicamente, una obra benéfica para sí mismo).

Ludwig van Beethoven © Portrait by Joseph Mähler (1804-5)
Ludwig van Beethoven
© Portrait by Joseph Mähler (1804-5)

Llegar montar el susodicho concierto le llevó años, y la oportunidad llegó en Diciembre de 1808 en el Theater an der Wien. Era un buen auditorio, construido siete años atrás, con una magnífica acústica. The Allgemeine musikalische Zeitung lo citó como “el más cómodo y satisfactorio de toda Alemania” (refiriéndose al mundo germanoparlante). Varias de las obras de Beethoven se habían estrenado allí, entre ellas, la Segunda y la Heroica, el Concierto de violín y Leonore, versión original de su única ópera, Fidelio, así que sin lugar a dudas, conocía bien el teatro. Es más, incluso durmió en el teatro entre 1803-4 mientras componía su ópera (tal y como se puede leer en una placa que hay en el teatro).

Placa en el Theater an de Wien © Zyance | Wikicommons
Placa en el Theater an de Wien
© Zyance | Wikicommons

Por desgracia, el teatro solo se podía alquilar durante Adviento y Cuaresma (periodos en los que estaba prohibido representar ópera) y la demanda era feroz. Joseph Hartl, el director del teatro, permitió al final que Beethoven utilizara el teatro para su concierto el 22 de diciembre de 1808. El 17 de diciembre apareció un anuncio en The Wiener Zeitung en el que se describía el concierto como una “musical Akademie”, un término habitual en la época para un concierto.

¡Y qué concierto! Imagínense escuchar la Sinfonía núm. 5 por primera vez, encontrarse con esta obra icónica que rompió los moldes de la sinfonía y sacudió el mundo musical. Ahora imagínense escucharla junto a la Sinfonía Pastoral. Y el Concierto para piano núm. 4. Y la Fantasía Coral. Aunque parezca increíble, las cuatro obras fueron estrenadas en la Akademie de 1808, con Beethoven como solista al piano también. Pero eso no fue todo. Aún encajó en el concierto más obras: el aria de concierto “Ah! Perfido”, una fantasía improvisada a solo por él mismo en el piano y dos movimientos (el Sanctus y el Gloria de su Misa en do mayor, que se estrenó en 1807 en Eisenstadt. Estos movimientos no se anunciaron al comienzo ¡debido a la prohibición de representar música en en los teatros! Y claro, la velada se alargó más de cuatro horas. En cualquier caso, programas de esta extensión eran habituales en la época, así que tampoco es que Beethoven tuviera el empeño de incluir lo más posible.

Theater an der Wien en 1801 © By Franz Asner, courtesy of Theater an der Wien
Theater an der Wien en 1801
© By Franz Asner, courtesy of Theater an der Wien

Organizar un concierto unos días antes de Navidad en Viena tenía sus inconvenientes, hacía muchísimo frío y el Theater an der Wien no tenía calefacción, así que las condiciones para el público y la orquesta eran difíciles. La soprano solista tiritaba también, aunque bien pudiera deberse a los nervios por haber sido designada en el último momento para cantar “Ah! Perfido” después de que Beethoven insultara a la soprano programada Anna Milder.

Beethoven también tuvo problemas a la hora de reunir un conjunto adecuado. En condiciones normales podría haber contado con la orquesta profesional del Theater an der Wien, pero muchos de sus miembros se habían comprometido con la organización benéfica dedicada a viudas y huérfanos de músicos, Tonkünstler-Societät, que había montado un concierto en el Burgtheater la misma noche. El concierto benéfico pudo haber impactado en la cantidad de público de la Akademie de Beethoven, así como el precio de la entrada: dos Gulden era más de lo que ganaban algunos trabajadores a la semana.

Bajo estas circunstancias, era de esperar que el ambicioso concierto no fuera del todo bien recibido. Primero, había mucha música nueva que digerir. El crítico del Allgemeine musikalische Zeitung escribió que “Juzgar todas estas obras tras una sola escucha, considerando el lenguaje de la obra de Beethoven, interpretadas una tras otra, y siendo la mayoría de ellas largas y grandiosas, es absolutamente imposible”.

Incluso entre los incondicionales de Beethoven surgieron dudas. El compositor y crítico Johann Friedrich Reichardt describió el concierto como prueba “de que uno puede tener demasiado de algo bueno, y aún más de algo poderoso”.

La orquesta que Beethoven consiguió reunir no tuvo su noche más acertada. Un crítico la tildó de “insuficiente en todos los aspectos”, pero fue el propio Beethoven el que se llevó todos los golpes. En esta época, el compositor estaba prácticamente sordo. De hecho, el Akademie fue su última función como pianista. Su interpretación del Concierto para piano núm. 4 fue aparentemente bien, al igual que la fantasía improvisada (más tarde la escribiría y se publicó como Fantasía en sol menor, Op. 77).

Pero la Fantasía coral, compuesta para hacer uso de todos los recursos de la velada en un gran finale, fue un completo desastre. Apenas estaba acabada, la tinta aún estaba fresca cuando Beethoven presentó la partitura a los músicos en un brevísimo ensayo. Ahí, Beethoven decidió que la segunda variación se interpretaría sin repeticiones… pero durante el concierto se le olvidó y tocó la repetición ajeno a la orquesta, la cual prosiguió sin él. Ante tal desatino, Beethoven exigió, muy enfadado, volver a comenzar. (Más tarde, aceptó públicamente su error para evitarle a la orquesta el bochorno).

A pesar de estos sufrimientos y tribulaciones, Reichardt refirió que la Akademie dio a Beethoven “su primer y único beneficio económico de todo el año”. Imagínense si las circunstancias hubieran sido distintas, si el teatro hubiera estado mejor acondicionado, si la orquesta del Theater an der Wien hubiera estado disponible y hubiera ensayado convenientemente.

Esta temporada, para el 250 aniversario del nacimiento de Beethoven, muchas orquestas están “recreando” esa Akademie de 1808, entre ellas, la Wiener Symphoniker, la Philharmonia, la Balthasar-Neumann-Ensemble, la BBC NOW and Welsh National Opera. Para la ocasión, habrán ensayado adecuadamente (confiamos) y el público estará cómodamente sentado en un agradable auditorio. ¿Y cuántas personas entre el público se encontrarán con estas obras maestras por vez primera? Esa sí que sería una experiencia difícil de recrear.

Traducido del inglés por Katia de Miguel