Uno de los conciertos más destacados a los que asistí durante el reciente festival Mozart en Bogotá fue a cargo de la Filarmónica Joven de Colombia, una orquesta de apenas cinco años de edad. Su excelente sección de cuerdas era equiparable a cualquiera de los conjuntos europeos que escuché durante la semana, y considerablemente más potente que las otras orquestas colombianas que vi, con un excelente conocimiento del estilo mozartiano. Al pensar en las orquestas juveniles de América Latina, la primera que nos viene a la mente es la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela. Aunque se han despojado ya de la etiqueta “juvenil”, la SBSO —a las órdenes del carismático Gustavo Dudamel— ha sido el abanderado del renacimiento de la música clásica en América Latina. Pero con El Sistema (el elogiado programa musical educativo de Venezuela) convertido en una batalla política, la atención entorno al crecimiento de la música clásica ha pasado a Colombia, así que estaba entusiasmado por descubrir de primera mano cómo se ha desarrollado allí la música clásica.
La FJC es un proyecto social liderado por la Fundación Bolívar Davivienda en colaboración con la Youth Orchestra of the Americas, en su interés por promover la cultura y apoyar la construcción de la vida artística en Colombia. Helena Barreto Reyes, directora ejecutiva de la orquesta, me contó acerca de cómo la orquesta se reúne tres veces al año para trabajar en varios proyectos. Estas residencias incluyen talleres de música de cámara, así como conciertos orquestales. Las audiciones se llevan a cabo anualmente utilizando los vídeos que los estudiantes aportan a través de internet. Esto asegura que se llegue a intérpretes de todo el país. "La geografía de Colombia dificulta los traslados, de tal manera que un viaje de corta distancia, puede llevar una enorme cantidad de tiempo", explicó. Un jurado profesional formado por músicos de orquestas de todo el mundo, incluidos componentes de la London Symphony Orchestra, la Metropolitan Opera Orchestra y la Mahler Chamber Orchestra —un panel verdaderamente internacional— valora las candidaturas.
A partir de las audiciones se forman tres listas: los músicos seleccionados, una lista de reserva, y los que no han sido seleccionados. La lista de los "no seleccionados" ofrece una visión interesante del estado de la educación musical en Colombia, por otra parte, conduce al diálogo con universidades. La mayoría de los músicos de la orquesta son estudiantes de grado procedentes de 22 universidades repartidas por todo el país.
La calidad de la interpretación es excepcionalmente buena. La sección de cuerdas en el concierto dedicado a Mozart que escuché en el Teatro Colón fue sencillamente excelente; fuerte acentuación y nada de vibrato, en clara alusión al movimiento original, aunque la interpretación tenía mucho peso y fuerza. El director asistente Carlos Andrés Botero explicó cómo de versátiles son los intérpretes, y con qué facilidad se adaptaron un nuevo solista, en un cambio de última hora para el K314 de Mozart, el cual estaba más a favor del uso del vibrato. También me comentó cómo el flautista Gabriel Ahumada había traído su propia cadenza para el segundo movimiento, la cual incluía un cuarteto de cuerda con los principales de cada sección, y la rapidez con que la que los músicos de la FJC la aprendieron. En la orquesta, claro está, también hay momentos de diversión. Todos los músicos usan zapatillas deportivas de colores brillantes... incluso el coordinador artístico, Carlos Buitrago, lucía un par!
El 80% de los músicos de la FJC llegan a la orquesta a través de "Batuta". La Fundación Nacional Batuta fue creada en 1991 por iniciativa del Gobierno Nacional en colaboración con la empresa privada. Se diseñó siguiendo el modelo de El Sistema con la ayuda de José Antonio Abreu. Pero Barreto afirma categóricamente que Batuta no es el mismo sistema que el venezolano. "En Batuta, la música se ve como una fuerte herramienta para el desarrollo y mejora social. Involucra tanto a las familias como a los intérpretes... estas familias ayudan a proporcionar los nuevos públicos para la música clásica. En El Sistema la prioridad está en tocar e interpretar, mientras que en Batuta el enfoque es más holístico".
Botero me dijo que Batuta se centra en el proceso previo a la actuación, más que la actuación en sí misma, haciendo honor a su lema "Transformando vidas a través de la música". Alrededor de 40.000 jóvenes participan en Batuta a través de 72 localidades en Colombia, con 12 centros en Bogotá. Implica mucho canto, además de aprender a acompañar con la orquesta Orff, pero con instrumentos de percusión de Colombia! De los niños que participan en el programa, 2000 se han orientado hacia estudios sinfónicos/instrumentales.
Hay motivos políticos razonables para que Batuta se quiera alejar de El Sistema. En los últimos años, músicos como Carlos Izcaray, director musical de la Sinfónica de Alabama, o la pianista Gabriela Montero han alzado la voz en contra del gobierno venezolano. Izcaray ha hablado de su propio sufrimiento bajo el régimen violento del país, mientras que Montero ha condenado la politización de El Sistema.
La FJC no es la única agrupación de jóvenes entre las orquestas colombianas. La Orquesta Filarmónica Juvenil de Bogotá es aún más joven, se fundó en 2013 como parte de una iniciativa pública que incluía la creación de cuatro nuevos grupos asociados a la Orquesta Filarmónica de Bogotá. La orquesta juvenil, bajo la excelente enseñanza del director Carlos Villa, mostró una buena dosis de garbo en el concierto que escuché en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán.
Aunque la Filarmónica Joven de Colombia se fundó tan solo en 2010, la ambición de Barreto no conoce límites. Para su primera gira internacional en 2012, a Brasil, fue dirigida por el también colombiano Andrés Orozco-Estrada, ahora su consejero artístico. Orozco-Estrada ha dicho acerca del trabajo de la orquesta que tiene "una dimensión humana, para cultivar y seguir trabajando en los valores de los músicos". Orozco-Estrada es visto como un embajador de Colombia y es una de las estrellas emergentes en el circuito de directores.
La gira de 2013 llevó a la orquesta a Miami, allí tocaron, con muy buena recepción, en el New World Center bajo la dirección de Alejandro Posada.
Este verano, la FJC regresa a Estados Unidos, primero Dallas y luego Houston, base operaciones de Orozco-Estrada, donde su residencia de diez días incluirá un concierto muy especial. La FJC se unirá a la Sinfónica de Houston para interpretar Carmina Burana de Orff. También abordarán La consagración de la primavera de Stravinsky y la Suite escita de Prokofiev. El entusiasmo que irradian Barreto y Botero sobre su orquesta es palpable. Está claro que hay una enorme voluntad conjunta, entre fundaciones estatales y privadas, para hacer que este tipo de proyectos prosperen. El futuro de la música clásica en Colombia brilla bajo una dirección tan inspiradora.
Más información: Batuta www.fundacionbatuta.org
Traducido del inglés por Katia de Miguel

