Si … no hay en la vida nada / como la pena de ser / ciego en Granada, muy lejos no quedaría de esa desgracia el ser sordo en la capital nazarí, privado del murmullo del agua y de la música que brota por doquier. Arquitectura y música se dan la mano aquí con una intensidad particular. Granada evoca inevitablemente en el melómano su célebre festival de verano, uno de los de más solera de España, y este, a su vez, es indisociable del Palacio de Carlos V. Entre junio y julio, cada año desde 1952, el Festival de Granada llena de música sus espacios emblemáticos, de la Alhambra hasta los monumentos del casco histórico, dominando el panorama cultural granadino como la fortaleza roja domina la ciudad, pero la actividad musical no se ciñe, ni mucho menos, al festival.
En un discreto segundo plano, tan bien integrado en el paisaje de la colina de la Alhambra que, a pesar de su tamaño, cuesta distinguirlo, el Centro Manuel de Falla es el auténtico corazón musical de la ciudad. Este complejo cultural reúne tanto la Casa-Museo de Manuel de Falla en el carmen de la Antequeruela, donde vivió el compositor entre 1922 y 1939, como el auditorio y el centro de estudios adyacentes, e incorpora también el antiguo jardín del carmen de Matamoros, un encantador e íntimo espacio a través de cuyos viejos árboles se accede a la sala de conciertos. El auditorio venía a cubrir una importante necesidad: el Festival de Granada no contaba con un recinto a resguardo de la intemperie. El ayuntamiento buscaba además una infraestructura que pudiese servir a la ciudad el resto del año, albergando música, teatro y congresos. En estrecha colaboración con Lothar Cremer (ingeniero acústico de la Philharmonie de Berlín) el arquitecto José María García de Paredes, ligado personal y profesionalmente a Falla, diseñó una sala que es en sí misma un refinado instrumento musical, un marco ideal para la creación y el disfrute de la música. El centro de estudios termina de configurar el conjunto como un edificio vivo y útil, permeado por el espíritu de Falla: la humildad de los materiales, la sobriedad de la construcción y la perfección formal del diseño son como un reflejo arquitectónico del compositor, cuya música inauguró el auditorio el 10 de junio de 1978. Este lugar tan privilegiado es la sede de la Orquesta Ciudad de Granada. Fundada en 1990, su temporada sinfónica vertebra la vida musical granadina, con conciertos de septiembre a mayo que atraen tanto a locales como a habitantes del resto de la provincia. La orquesta también se desplaza y lleva la música a distintas localidades de la provincia en su gira primaveral.
Propiedad municipal al igual que el Centro Manuel de Falla, el Teatro Isabel la Católica programa, además de teatro hablado, eventos musicales muy variados desde su inauguración en 1952. Recién abierto, Andrés Segovia ofreció allí el concierto de clausura del primer Festival de Granada. Hoy día es, por ejemplo, sede del Festival de Jazz, que comenzó su andadura en 1980 y por el que han pasado figuras consagradas tanto nacionales como internacionales. El teatro no se reserva a los profesionales: desde 2019, la muestra anual de baile flamenco Granada Baila reúne en su escenario a centenares de jóvenes alumnos de las academias de Granada y su provincia. Su capacidad no es la idónea para el teatro lírico, pero, a falta de alternativas mejores, Juventudes Musicales de Granada programa allí desde 2024 una ópera escenificada como parte de su temporada lírica, una iniciativa con la que busca revitalizar la ópera y la zarzuela en una ciudad que llegó a contar con dos teatros líricos: el del Campillo y el antiguo Teatro Isabel la Católica, ambos desaparecidos. Hubo en 2008 un concurso de diseño para un teatro de ópera, pero el proyecto ganador nunca llegó a materializarse, por lo que los amantes de la lírica granadinos deben conformarse con versiones de concierto, semi-escenificadas o de formato reducido.
La infraestructura cultural de la capital ha ido consolidándose con la aparición de una serie de salas más modestas aptas para conciertos de pequeño y mediano formato que facilitan la ampliación de la oferta musical. Aunque algunas se relacionen con manifestaciones concretas, como el Auditorio Caja Rural de Granada, sede del festival Tocando las Estrellas que desde 2019 reúne música clásica, flamenco y jazz, todas abren sus puertas a los distintos festivales y ciclos que se celebran en la ciudad, que ve así cómo las actuaciones musicales se reparten por toda ella. El Centro Cultural CajaGranada, del arquitecto Alberto Campo Baeza, y el Centro Federico García Lorca aportan sendos teatros de caja negra polivalentes y flexibles. La Sala Antonio Jiménez Torrecillas, abierta en 2025, se ubica dentro de la impactante estación de metro Alcázar Genil, obra póstuma del arquitecto granadino que le da su nombre. Pasando del interior de la tierra a las alturas, el Teatro Municipal de La Chumbera, situado en el Sacromonte, cuenta con dos espacios: un pequeño anfiteatro exterior y el Auditorio Enrique Morente, cuyo escenario tiene por fondo una enorme cristalera con vistas espectaculares de la Alhambra.
Estos locales se abren a una programación musical de gran diversidad, en la que el flamenco tiene gran peso. Así, La Chumbera ofrece a lo largo del año el ciclo Patrimonio Flamenco, además de algunos conciertos del Milnoff, festival fundado en 2020 por Pepe Luis Carmona “Habichuela”, cuyo nombre completo —Mil novecientos veintidós Festival Flamenco— remite al histórico Concurso de Cante Jondo organizado en la Alhambra en 1922 por Manuel de Falla, Ignacio Zuloaga y Federico García Lorca. Y si se habla de flamenco en Granada resulta obligado mencionar la Peña “La Platería”, decana entre las peñas flamencas. Fundada en 1949, se considera heredera de las tertulias de la Taberna del Polinario, en las que justamente participaban Falla, Zuloaga y Lorca, entre otros. A lo largo del año ofrece espectáculos de baile, cante y guitarra en su ciclo Jueves Flamenco. También es sede principal del Festival Internacional de la Guitarra “Antonio Marín”, que cada verano desde 2017 atrae a la ciudad a músicos y aficionados de todo el mundo, con programas que abarcan desde la música renacentista hasta el flamenco más actual.
El rico patrimonio histórico-artístico de la ciudad también sirve de marco para conciertos, tanto para los festivales ya mencionados como otros. De muy reciente creación, el Festival de Música Sacra de Granada, que se celebra en octubre, programa sus conciertos gratuitos en ámbitos religiosos, desde las ruinas de la iglesia paleocristiana de la Villa Romana de los Mondragones hasta la Capilla Real, joya del gótico tardío, pasando por el Real Monasterio de San Jerónimo o la iglesia de Santo Domingo, iniciados tras la toma de Granada en estilo gótico y completados en el estilo renacentista, con espléndidos retablos barrocos.
Por otro lado, el Festival de Música Antigua de Granada no se circunscribe a iglesias y conventos, sino que se extiende también a numerosos monumentos civiles, cada segunda quincena de mayo desde 2016. Destaca la enorme variedad de estilos y épocas de sus sedes habituales, desde el humilde patio de vecinos de la Corrala de Santiago hasta el señorial Palacio del Almirante, ambos del siglo XVI, y de la arquitectura funcional del Corral del Carbón, alhóndiga del siglo XIV, a los esplendorosos jardines del Carmen de los Mártires, palacete de recreo decimonónico.
Muchos de estos edificios también son utilizados por el Festival de Granada, cuya actividad principal se centra en el conjunto de la Alhambra y el Generalife, con conciertos en espacios como el Patio de los Arrayanes, el pórtico del Palacio del Partal o el Patio de la Acequia. Cuando se fundó el festival, Granada carecía de una escena apropiada para la danza, por lo que el arquitecto conservador de la Alhambra, Francisco Prieto-Moreno, diseñó un teatro al aire libre en una extensión de los jardines del Generalife, inaugurado en 1953 para la segunda edición del festival. Formalmente incongruente con su entorno —un teatro en herradura, con dos filas de palcos— el Teatro del Generalife fue íntegramente remodelado entre 2003 y 2005 por el arquitecto Pablo Ibáñez, quien realizó un diseño rectangular mucho más acorde con los jardines en los que se inserta. Los lienzos de cipreses que configuran el espacio escénico son una de sus características más notables. Pero sin duda el recinto más emblemático del festival es el patio circular del Palacio de Carlos V, debido al pintor y arquitecto Pedro Machuca, donde se dan los conciertos más destacados de cada edición. Curiosamente, este lugar tan singular albergó el antecedente directo del festival: los conciertos sinfónicos del Corpus organizados allí a partir de 1883.
La música tampoco se encierra en los edificios. Muchos eventos se desarrollan en sus calles y plazas, como la popular serie Plazoletas Flamencas del Milnoff, que lleva actuaciones gratuitas a la plaza Bib-Rambla. Uno de los grandes hitos del Festival de Granada, la producción de La Fura dels Baus de Atlàntida de Manuel de Falla, se montó en 1996 en la plaza de las Pasiegas, con la fachada barroca de la catedral como telón de fondo. La candidatura de Granada a la capitalidad europea de la cultura en 2031 ha supuesto un impulso renovado a la vida cultural de la ciudad en los últimos años, reforzando manifestaciones existentes y alentando la creación de nuevos ciclos. Gracias a la labor de entidades públicas y privadas así como de músicos aficionados y profesionales, en cualquier momento del año, la música nunca está muy lejos. Toda la ciudad es un escenario.













