Apenas unas semanas después de que Jonas Kaufmann acometiese su aplaudido debut como Canio y como Turiddu en Salzburgo, el tenor norteamericano Gregory Kunde se enfrentaba al mismo reto en la temporada lírica de ABAO, en el Palacio Euskalduna de Bilbao. Lo cierto es que Kunde no deja de sorprender a propios y extraños con un repertorio cada vez más amplio y desconcertante. Tras una lista increíble de debuts en los últimos tres años (el Otello verdiano, Peter Grimes, Radames, Vasco de Gama, Manrico, Don Alvaro, Rodolfo en Luisa Miller, Riccardo en Un ballo in maschera) y al tiempo que mantiene su desempeño belcantista (Pollione, Enée…) llegaba ahora su primera tentativa con dos papeles veristas, Turiddu y Canio. A nuestro entender cuadran mejor sus acentos y su carácter al segundo, que recrea de forma más vibrante y creíble, en un retrato más próximo al de su celebrado Otello. Su Turiddu en cambio adolece quizá de un instrumento algo más seco y menos carnoso de lo que podría desearse, aunque se beneficia de un lirismo innato y de una seguridad que asombra. Sea como fuere, sólo cabe aplaudir la valentía y solvencia de Kunde con un doble debut que nunca hubiera soñado.

Escena de la ópera <i>Pagliacci</i> en el Palacio Euskalduna © E. Moreno Esquibel
Escena de la ópera Pagliacci en el Palacio Euskalduna
© E. Moreno Esquibel

En el resto del reparto, Daniela Barcellona saca adelante su Santuzza más por la entrega escénica que por lo aquilatado de su respuesta vocal, con un agudo que suena algo desabrido y agrio, en un instrumento por lo general falto de candor. La soprano albanesa Inva Mula mantiene intactas las cualidades que la auparon en su día a los primeros escenarios: una emisión desahogada, un timbre ligero y brillante y una actuación resuelta. Su Nedda nos pareció irreprochable. Algo más irregular, en cambio, el desempeño de Luca Grassi en la doble labor como Alfio en Cavalleria y como Tonio en Pagliacci. La voz es apreciable pero la actuación tiene no pocos altibajos. Nos gustó mucho la actuación de Manel Esteve como Silvio, seguramente en el mejor trabajo que le hemos escuchado. El granadino José Manuel Zapata, bregado en tantas lides, se peleó un tanto con la tesitura de la breve parte de Beppe, saliendo no obstante airoso de la situación con su habitual desenvoltura en escena. Completaban el cartel de Cavalleria las mezzosopranos Nuria Lorenzo como Lola y Annie Vavrille como Mamma Lucia.

Gregroy Kunde y Daniela Barcellona en <i>Cavalleria rusticana</i> © E. Moreno Esquibel
Gregroy Kunde y Daniela Barcellona en Cavalleria rusticana
© E. Moreno Esquibel

La nueva producción concebida por Joan Anton Rechi para ABAO es de un clasicismo tan previsible como funcional, recurriendo a la estética habitual tantas veces ya vista en otras producciones para este doblete, muy pegado a la literalidad del libreto. A pesar de una iluminación poco elaborada y oscura en demasía, sobre todo en el caso de Cavalleria, la misma escenografía de Gabriele Moreschi sirve con pareja solvencia a los dos títulos representados.

Por último, es obligado dedicar un aplauso entusiasta a la dirección musical de Alessandro Vitiello, al frente de la Orquesta Sinfónica de Navarra, con un sonido detallado, compacto y muy teatral, sin duda, de lo mejor que se ha escuchado últimamente en el Euskalduna. También el coro titular de ABAO, con Boris Dujin al frente, volvió por sus mejores fueros, con un sonido de bella factura, mucho más empastado y firme que en recientes ocasiones.