Los Conciertos Mini son una propuesta de la Orquesta y Coro Nacionales de España para acercar la música clásica a nuevos públicos. Son pequeños conciertos de media hora de duración en el magnífico Auditorio 400 del edificio Nouvel del Museo Reina Sofía. Esta vez aprovechaban el homenaje que le han rendido este año al compositor estonio Arvo Pärt en la Carta Blanca, y realizaron dos conciertos cortos, pero intensos.

El pianista Iván Martín durante la interpretación de la obra de Bach © Fernando Marcos
El pianista Iván Martín durante la interpretación de la obra de Bach
© Fernando Marcos
El primero comenzó con el famoso Concierto para clave en re menor, BWV 1052 de Bach (en este caso interpretado con piano, craso error a la hora de elaborar el programa). El pianista Iván Martín se encargó de la parte solista y la dirección de la orquesta, de plantilla reducida. A pesar de algunas decisiones instrumentales discutibles –como el combinar los timbres del piano y el clave que realizaba el continuo, o el excesivo número de violines en comparación con el resto de cuerdas– la orquesta se defendió y supo demostrar que Bach suena bien en cualquier instrumento. Gran labor la de los violonchelos en la línea de bajo, constante y muy presente, dando energía y movimiento a la interpretación.

A esta pieza le siguió Collage über B-A-C-H de Arvo Pärt, en tres movimientos que llevan los nombres de Tocatta, Sarabande y Ricercare, y en la que el compositor realiza una mirada hacia el pasado, sobre todo Barroco. Collage comparte elementos con la obra de Bach, especialmente en la interacción entre los tutti orquestales en los que Iván Martín tocaba el piano, y los pasajes a solo del oboe, acompañados por Martín al clave. La obra contiene características de lo que se denomina minimalismo, al estar construida a partir de motivos pequeños repetidos. En este caso, las notas que representan las mismas letras del nombre Bach, algo sobre lo que muchos compositores han realizado obras. La orquesta se mostró cómoda en este repertorio, tratando cada disonancia con la atención que se merece, consiguiendo un perfecto contraste con los pasajes más tonales.

El violinista Joan Espina acompañado por miembros de la ONE © Fernando Marcos
El violinista Joan Espina acompañado por miembros de la ONE
© Fernando Marcos

La segunda parte contó con una de las obras más famosas, si no la más famosa, de Pärt: Tabula Rasa, concierto para dos violines, orquesta de cuerda y piano preparado. Ofrecieron una interpretación de gran precisión y control en esta conmovedora obra, con la que consiguieron cautivar al público. En dos movimientos, uno rápido y otro lento, se llevan al extremo las capacidades sonoras de los violines solistas, especialmente en el segundo, en el que se mueven en un registro muy agudo. Hubo algunos momentos desafinados, quizá comprensibles dada la dificultad de la obra. La pieza, al igual que las anteriores, era un diálogo entre orquesta y solistas. El segundo movimiento fue tratado con gran delicadeza, cada frase era repetida por las diferentes cuerdas. La última frase, de carácter melancólico, pasaba de los agudos del violín hasta la nota más grave del contrabajo, creando un gran efecto. Sin duda, Tabula Rasa fue la estrella de la noche en la que el público estuvo atento y entregado. La apuesta de la OCNE por estos conciertos para acercar la música clásica a nuevos públicos es sin duda una muy correcta y acertada, consiguiendo muy buenos resultados.