Con la excusa de “la noche”, ese periodo que suele ir diariamente entre el ocaso y la salida del astro rey, el Ensemble 1700 montó un programa en el que, si bien en ocasiones para encontrar las referencias a la nocturnidad había que echarle bastante imaginación –y las notas al programa tampoco ayudaban mucho– nos permitieron realizar un buen análisis de las sorprendentes capacidades de esta agrupación alemana de música antigua.

El Ensemble 1700 en el Auditorio Nacional de Madrid © Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) | Rafa Martín
El Ensemble 1700 en el Auditorio Nacional de Madrid
© Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) | Rafa Martín

Lo más llamativo fue la rapidez y fluidez con la que la líder de la formación, Dorothee Oberlinger, era capaz de emitir los torrentes de notas de las movimientos rápidos de las obras de Vivaldi: La Senna festeggiante, La notte y el Concierto en do menor. Oberlinger optó por ofrecer una versión algo más rápida de lo habitual, una especie de reto del que salió victoriosa y que fue muy apreciado por el público y, ¿por qué no decirlo?, también por la crítica. Menos lucidos fueron, sin embargo, los movimientos lentos.

La otra gran protagonista de la noche fue Marie Lys, quien debió sustituir a Anna Prohaska, por indisposición de esta última. Lo cierto es que la soprano suiza supo estar a la altura y ofreció un bello recital que se caracterizó por un fraseo inteligente, unos finos agudos, un registro medio aterciopelado y unos graves, que si bien fueron un tanto secos en la primera parte, estuvieron bien timbrados en Handel y en las propinas: el aria "Zeffiretti, che sussurrate" de Vivaldi y el dueto "Bellezza e piacere" del oratorio de Handel Il trionfo del Tempo e del Disinganno.

En ambas propinas cantó junto a Dmitry Sinkovsky, quien destacó más como violinista que como contratenor y que “codirigió” el ensemble junto a Oberlinger. Sinkovsky, que danzó en las chaconas con movimientos un tanto exagerados, mostró una voz con potencia pero irregular en el fraseo que, sin embargo, funcionó bastante bien en los dúos con Lys, tanto en las propinas como en el hermoso dúo del oratorio Solomon.

La soprano Marie Lys y el violinista y contratenor Dmitry Sinkovsky © Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) | Rafa Martín
La soprano Marie Lys y el violinista y contratenor Dmitry Sinkovsky
© Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) | Rafa Martín

En cuanto a los instrumentistas: el bajo continuo –formado por violonchelo, contrabajo, fagot y clave– fue realmente bueno. Empastado y con cuerpo sirvió como colchón armónico para que violines y flautas pudieran dibujar sus virtuosas melodías. Por otro lado, el laudista Axel Wolf realizó una labor excepcional enlazando los diferentes fragmentos de las obras.

Se le puede sacar la puntilla a que los dúos de las flautas estuvieron un tanto desajustados en la obra de Purcell que abrió el concierto o a que la flauta no acabó de destacar en las obras más lentas y melódicas. Quizás a alguno también le molestase la excesiva rapidez de algunos movimientos de los conciertos de Vivaldi o del "Zeffiretti, che sussurrate" final. Pero en general, el concierto se dejó disfrutar y pudimos ver un buen ejemplo del virtuosismo barroco disfrazado de pirotecnia sonora que tanto llamaba la atención entonces y que aún lo sigue haciendo ahora.

***11