La fusión entre el nuevo tango y la música sacra que representa la reconocida Misa a Buenos Aires, de Martín Palmieri, se pudo escuchar en la Gran Sala Sinfónica Nacional. Esta pieza clave de la música contemporánea argentina, también llamada Misatango, es un interesante juego entre orquestación y coro que, en esta ocasión, a cargo de la Camerata Vocal de la Universidad de Chile y su director titular Juan Pablo Villarroel, se presentó en un formato más reducido. A ellos se sumó la mezzosoprano María Fernanda Carter, el bandoneonista Rodolfo Jorquera y Pablo Morales al piano. Llamó la atención la sustitución del tradicional conjunto de cuerdas por un único contrabajo, a cargo de Cristián Errandonea.

pbl
pbl

La Camerata Vocal junto a Pablo Morales, Rodolfo Jorquera y Cristián Errandonea © Camerata Vocal Universidad de Chile
La Camerata Vocal junto a Pablo Morales, Rodolfo Jorquera y Cristián Errandonea
© Camerata Vocal Universidad de Chile

Desde su composición en 1996, la Misa a Buenos Aires suele interpretarse con grandes coros e instrumentaciones. En este caso, como comentábamos, se optó por un camino distinto. La menor cantidad de cantantes y cuerdas produjo una atmósfera más íntima que alcanzó su mayor expresión en los piano y diminuendo, de delicada y fluida ejecución. Cuanto más ligera en su dinámica se hacía la melodía, más espacio tenían las voces para funcionar como bloque. La Camerata ofreció un solemne “Benedictus” que evidenció su experiencia y manejo técnico de la música sacra —dicha sección resulta ser una de las más ajustadas a la tradición coral litúrgica—. La voz solista, en cambio, tuvo complicaciones debido al desborde instrumental en los clímax. Ligeras desafinaciones al momento de empezar las notas agudas fueron resueltas con el transcurrir de la obra, pero hubo siempre una cierta inseguridad en el ritmo. En ocasiones, tuvo que bajar el volumen para percibir bien dónde iba la orquesta y poder entrar.

El “Kyrie” inicial fue lo más inestable, marcado por una ligera desincronización. A pesar de ser el indiscutible protagonista de la sección y destacar con una excelente ejecución de sus solos, el bandoneón no logró acoplarse al piano al momento de marcar las síncopas a tierra. No obstante, aquello no vio permeado su desempeño general. Pasados los minutos, pudo congeniar y en “Credo” sorprendió con una inesperada y ajustadísima disonancia al término de la sección, que fue repetida en un improvisado bis.

pbl
pbl

Juan Pablo Villarroel al frente de la Camerata Vocal © Camerata Vocal Universidad de Chile
Juan Pablo Villarroel al frente de la Camerata Vocal
© Camerata Vocal Universidad de Chile

La ausencia de un conjunto de cuerdas más amplio evitó un sentimentalismo exagerado y efectista, tan proclive en un concierto de este tipo. En ningún momento se intentó implantar una identidad rioplatense de exportación mediante movimientos corporales excesivos o notas muy melosas, lo cual puso el foco de atención en la música. Junto al piano, el contrabajo supo destacar sin alardes y aportar la solidez de los registros graves del tango. Su exacto desempeño dio a los más agudos la posibilidad de volver a ordenarse.

Misa a Buenos Aires ofreció un ejemplo de repertorio ya clásico latinoamericano; un cruce entre lo docto y lo popular. Tal vez aquella mezcla de lenguajes fue lo que frenó la fluidez de la obra desde el comienzo. El desborde no se produjo porque todos quisieran resaltar, sino porque tenían modos distintos de trabajar el tango y lo coral y sacro. Sin embargo, lograron llegar a un punto en común y continuar en conjunto. La segunda mitad y el bis hicieron posible darse cuenta de ello.

***11