Lamentablemente, las circunstancias pandémicas de nuestro tiempo volvieron a trastocar la programación en el Palau de la Música. Un concierto protagonizado por el coro de la Escolania de Montserrat, célebre por ser de las más antiguas de Europa en activo, y dirigidos bajo la dirección de Albert Recasens y su agrupación La Grande Chapelle, que actuaban por primera vez en conjunto para rendir homenaje al patrimonio sacro musical catalán. Por motivos de contacto positivo entre la agrupación cantora, la Escolania tuvo que cancelar in extremis su participación en el encuentro, provocando una notable modificación del programa de la noche.

Albert Recasens dirige La Grande Chapelle en el Palau de la Música
© A. Bofill | Palau de la Música
Piezas de los maestros de Montserrat como Miquel López, Narcís Casanoves o Benet Julià fueron eliminadas del muestrario por no poder contar con la intervención solista del coro infantil. A pesar de ello, Recasens y La Grande Chapelle supieron llevar el acto hacia delante y manteniendo la obra principal del segundo bloque del programa, la Misa Scala Aretina de Francesc Valls, manteniendo algunos motetes y contando con la incorporación del Ave Maris Stella de Joan Cererols. Apresurado y acertado todo ello, el conjunto dirigido por Recasens logró devolver el enfoque al concierto.

La formación musical tuvo el objetivo de descubrir al público obras corales barrocas, centrándose en la difusión del trabajo de referentes catalanes en cuanto a aportación a la música sacra. Su recreación va desde la contextualización de la obra en los márgenes de su tiempo hasta su relectura en clave musicológica, subrayando los matices del trabajo y el dominio de los autores de su época, empleadores de lo contemporáneo y de la introducción de elementos nuevos. Las partituras son leídas, pues, a través de una reproducción histórica pero a la vez poniendo empeño en mostrar el retrato de un pasado musical que se antoja antiguo. Partiendo de este punto de vista, Recasens dio muestra de lo radical en las formas musicales en el género sacro en las obras seleccionadas (algunas de ellas inéditas). 

La Grande Chapelle
© A. Bofill | Palau de la Música

Eliminado el primer gran bloque de la Escolania, se dio inicio a la sesión con un motete de Joan Cererols; un himno eucarístico entonado por concertistas integrados a último momento por la situación, obra acompañada por el conjunto de doble órgano, contrabajo y arpa. La obra cuenta con un policromatismo muy acentuado por las voces solistas de los coros, quienes también marcaron el estilo contrapuntístico del maestro de Martorell en un ritmo llevado con diversidad. Destacaron en primer plano la sopranos con los contratenores, quienes entonaron un “Adoro te devote” con especial brillo. Seguido de esta pieza, se presentó del mismo autor su Ave Maris Stella  siendo otro ejemplo de polifonía en tres planos sonoros; un solista y dos coros reproducían los brillos tímbricos entre el diálogo policoral, con un acompañamiento bien temperado en cuerdas.

La segunda parte estuvo dedicada por completo a Francesc Valls y su obra más conocida, la Misa Scala Aretina. Una pieza toda ella construida a base de melodías como fundamento de la composición, erigiendo de esta manera una arquitectura de voces polifónicas, proyectada por tres coros de cuatro voces. Destacó más en esta pieza el coro instrumental, interpretando las relaciones armónicas de las partituras, poco comunes y que marcaban contraposiciones entre el metal de las trompetas y los violines. Entrelazando los pasajes instrumentales con las disonancias de las letras, inspiradas para la ocasión por Tomás de Aquino, la pieza adquirió nuevos enfoques gracias a la visión volcada de Recasens quien matizó el arte de hacer de Valls a través de su tratado musical. Cerrando así una actuación meritoria y precipitada, pero patentando así la calidad de todo el conjunto.

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