Joya histórica, capital cultural, maravilla arquitectónica - lo mires por donde lo mires, Praga es una de las ciudades europeas más cautivadoras. Es también una de las más recoletas, con un centro histórico hecho para pasear. El visitante puede caminar varios siglos en un solo día y seguir los pasos de reyes, mártires, artistas y revolucionarios mientras disfruta de las comodidades que proveen baristas y artesanos cerveceros.

El Puente de Carlos en la Ciudad Vieja, visto desde el Puente de la Legión
© David Karlin | Bachtrack Ltd

De algún modo, Praga ha sido víctima de su propio éxito. Tras la caída del Telón de acero en 1989, la ciudad extendió la alfombra de bienvenida y la respuesta fue sobrecogedora. El número de turistas ha crecido cada año hasta casi los 9 millones en 2019 y no parece que vaya a disminuir. Lo que se traduce en que si uno quiere disfrutar la ciudad de verdad, debe alejarse de las zonas más turísticas. Lo más fácil es seguir a la multitud y es cierto que lugares como el Puente de Carlos o el Reloj astronómico son de visita obligada. Pero para apreciar el verdadero carácter de la ciudad y su rico pasado, lo mejor es alejarse de las multitudes.

Tycho Brahe y Johannes Kepler en Pohořelec
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Así que comenzamos este paseo por el poco transitado barrio de Hradčany, detrás del Castillo de Praga, en el que el tranvía 22 o 23 le dejarán en Pohořelec. Las severas figuras que verá nada más bajarse son el astrónomo danés Tycho Brahe y el matemático Johannes Kepler, dos de las muchas eminencias que poblaron la corte del rey Rudolph II a finales del s. XVI, cuando Praga era un centro de artes y ciencias. Cuando no se estaban peleando, Brahe y Kepler asentaron la base de la astronomía moderna.

Continúe por la izquierda de Pohořelec en dirección al Castillo, pasará por unas columnatas y cuidadas tiendas hasta Loretánské náměstí, una plaza que muestra en su arquitectura el contraste entre lo sagrado y lo profano. El enorme Černín Palác, un antiguo fuerte que sirvió de base a las SS durante la ocupación Nazi de Praga, ahora alberga el Ministerio de Asuntos Exteriores. En frente, la magnífica Loreta ofrece una amplia muestra de escultura barroca y uno de los lugares de peregrinaje más alucinantes de Europa central. El carrillón facilita un ambiente celestial para una réplica del hogar de la Virgen María en la Santa Casa (supuestamente transportada por ángeles al pueblo italiano Loreto), una brillante capilla dorada que alberga los restos de dos santos momificados y una colección de objetos litúrgicos preciosos de incalculable valor y a la altura de los del Vaticano.

Continúe bajando por Loretánská llegarás a la plaza Hradčany (Hradčanské náměstí) y la puerta principal del Castillo de Praga, habitualmente cerradas desde que se incrementó la seguridad en 2016. Si decide quedarse, a pocos pasos hacia la izquierda hay una entrada. Prepárese para esperar porque se suelen formar colas. En el interior, el esplendor gótico de las torres de la Catedral de San Vito sobre preciosos palacios, suntuosos salones y diez siglos de arte y arquitectura. Durante el buen tiempo, los amplios jardines de la parte norte y sur del castillo son espacios muy agradables para detenerse y reponer fuerzas.

Loreta
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Por el momento, admiramos el castillo desde la distancia y continuamos por la derecha bordeando la muralla (que ofrece vistas espectaculares de la ciudad) hacia la calle Nerudova. Es una de las vías más turísticas de Praga, pero merece la pena una breve visita para observar las elaboradas fachadas y los curiosos símbolos que se utilizaban para identificar las casas antes de la introducción de los números a finales del s. XVIII -como los tres violines de la casa de un luthier (No. 12), un cáliz dorado marca el hogar de un orfebre (No. 16) y dos soles en el lugar en el que vivió el escritor checo Jan Neruda (No. 47).

Hacia el final de la calle, antes de desembocar en la plaza Malostranské y la iglesia de San Nicolás, hay dos restaurantes para el gusto extranjero: U Tří Jelínků (No. 4) y el más acogedor Kavárna Good Eats (No. 8), ambos ofrecen desayuno inglés todo el día. En la parte inferior de la plaza, el Malostranská Beseda (No. 21) es un buen sitio para parar a tomar un café o una comida ligera. Para una ración más abundante de cultura local, gira a la izquierda Zámecká antes de entrar en la plaza y otra vez a la izquierda en Thunovská, encontrarás U Hrocha – The Hippo, un ruidoso pub en el que los políticos del cercano Senado checo suelen juntarse para discutir los próximos movimientos tomando una de las cervezas más ricas de la ciudad.

El otro extremo de la plaza desemboca en Mostecká, que lleva directamente al puente de Carlos. Si la multitud no le desanima, por el icónico paso de 600 años de antigüedad podrá cruzar el río Karlova, el cual serpentea por entre las laberínticas calles de la Ciudad Vieja hasta la plaza de la Ciudad Vieja. 

Dos soles en Nerudova, no. 47
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Si la aglomeración es demasiado, gire a la derecha hacia Lázeňská antes de entrar en el puente y continúe por ella a través de las tranquilas calles de Malá Strana hasta que gira a la izquierda y desemboca en Velkopřevorské náměstí. En un espacio arbolado frente a la embajada de Francia encontrarás el Lennon Wall, un símbolo de la libertad de expresión algo echado a perder. Comenzaron a aparecer graffitis reclamando reformas políticas y libertad tras la muerte de John Lennon en 1980, configurándose en un todo un monumento que duró unos 40 años. El disenso estaba prohibido, pero seguía apareciendo en el muro, enmarcando un colorido retrato de Lennon. El año pasado, el vandalismo perpretado por unos turistas borrachos provocó que los dueños tuvieran que pintar el muro tapando los graffiti y ahora la expresión artística en el muro se restringe a unos artistas seleccionados previamente. El muro está ahora bajo vigilancia electrónica constante.

Muro Lennon
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Continúe por la calle, que ahora se estrecha, y le lleva por un pequeño puente (con un molino de agua a la izquierda) y le deja en Hroznová, si la sigue por la derecha le llevará a la entrada del parque Kampa. Es en realidad una isla rodeada por el río Moldava y el canal Čertovka, Kampa es un tranquilo espacio junto al río el que los residentes acuden de picnic y a jugar con sus perros. Tiene unas vistas preciosas, un imponente museo de arte moderno y un magnífico café hipster, Kavárna Mlýnská (escondido en la esquina suroeste). Este es un lugar auténticamente local así que no espere escuchar otro idioma que checo -y no se lo cuente a sus amigos, todavía no ha sido descubierto. 

Las escaleras que se encuentran en el extremo sur del Kampa le llevarán hasta el Puente de la Legión, nombrado así en honor a las legendarias legiones checas de la Primera Guerra Mundial. Las vistas desde lo alto son de las mejores en la ciudad y el extremo este del puente es el lugar en el que hacerse selfies con el Castillo flotando al fondo, como salido de un cuento de hadas.

Continuando hacia el este a lo largo de Národní se encontrará otra versión arquitectónica de la bella y la bestia - el Teatro Nacional (Národní divadlo), fundamento cultural de la nación, y al lado Nová Scéna (“Nuevo Escenario”), un edificio brutalista forrado de cristal. Le dan buen uso, se anuncian los eventos de todos los centros del Teatro Nacional fuera, una eficiente taquilla dentro y un estupendo café en la segunda planta en el que cantantes, bailarines y otros habituales del teatro suelen tomar algo, especialmente después de las funciones. Continuando por Národní, en número 16, busque (ya que se puede pasar por alto fácilmente) un siginificativo monumento: unas manos emergen de la pared con símbolos de la paz y una placa con la siguiente inscripción “17.11.1989”. Es la fecha y el lugar en el que los antidisturbios cargaron brutalmente contra estudiantes que se manifestaban pacíficamente, lo que desató protestas por todo el país que culminaron en la Revolución de Terciopelo.

Nová Scéna
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Continúe por Národní hasta desembocar en Jungmannovo náměstí, gire a la izquierda por Perlová, que le llevará hasta Uhelný trh, una pequeña plaza que antaño fue carboneras. Aquí es donde Mozart permaneció cuando acudió a Praga en 1787 para el estreno de Don Giovanni (aunque no por mucho tiempo, el ruido hizo que se marchara a otro barrio). Ahora bien, si gira a la derecha y camina a lo largo de tres manzanas hasta el Teatro Estatal (Stavovské divadlo), sin lugar a dudas, estará caminando sobre los pasos de Mozart cuando creó la que se considera la ópera de todas las óperas. 

En el teatro gire a la izquierda por Železná y enseguida llegará a la plaza de la Ciudad Vieja, el centro histórico de la ciudad, donde podrá ver el Reloj astronómico con sus doce apóstoles asomándose en las horas puntas para una vuelta rápida. El hombre robusto en lo alto del monumento que hay en medio de la plaza es Jan Hus, un sacerdote reformista que predicaba en checo en la cercana Capilla de Belén (Betlémská kaple), para enojo de las autoridades católicas. Su ejecución por la Iglesia en 1415 incitó las guerras husitas, que duraron 11 años, y ayudaron a formar la base de la Reforma protestante.

Puede minimizar el asalto a las tiendas de regalos si sale por la esquina sureste de la plaza en Celetná, deténgase en la esquina de Ovocný trh para admirar la Casa de la Madre de Dios Negra (Dům U Černé Matky Boží), un bonito edificio de arquitectura cubista. En el resto del mundo, el cubismo fue un estilo de pintura y escultura; en tierras checas, fue objeto arquitectónico y de diseño. El Museo Cubista y la tienda del interior ofrecen obras artísticas y recuerdos verdaderamente únicos.

El Reloj astronómico en la plaza de la Ciudad Vieja
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A unos pasos se encontrará bajo la gótica Torre de la Pólvora y en Náměstí Republiky, dominada por la esplendorosa Casa Municipal (Obecní dům). Una extensa obra maestra del art nouveau que alberga conciertos, exposiciones y actividades cívicas, además de atractivas ofertas gastronómicas. El Plzeňská Restaurace y el Americký Bar de la planta baja son trampas de turistas, pero el Kavárna y el restaurante francés junto a la entrada de la planta principal ofrecen un entorno elegante y, aunque caros, buenos platos.

Una de las zonas comerciales más importantes de Praga, Na Příkopě (hay que girar a la derecha justo después de la Torre de la Pólvora) le llevará a la plaza de Wenceslao, en la que las multitudes se han reunido para todo tipo de eventos clave del s. XX: la fundación de la República de Checoslovaquia en 1918, la invasión soviética que acabó con la Primavera de Praga en 1968 y el triunfo de la Revolución de Terciopelo en 1989. La plétora de tiendas internacionales y de puestos de salchichas en la plaza hace parecer irreal todo aquello. Pero el recuerdo perdura en el venido a menos centro comercial y de entretenimiento Lucerna (núm. 38) y en el modesto monumento, frente al Museo Nacional en el extremo de la plaza, a Jan Palach y Jan Zajíc, los jóvenes checos que se sacrificaron en actos de autoinmolación como protesta por la ofensiva contra el comunismo tras la Primavera de Praga.

El Puente de Carlos y el Castillo de Praga al anochecer
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El día debería acabar con unas agradables notas, literalmente, en uno de los espléndidos auditorios de la ciudad escuchando a algunos de los mejores músicos de Europa. La Filarmónica Checa, PKF - Philharmonia de Praga y la Orquesta Sinfónica de la Radio de Praga tocan en el Rudolfinum, la Orquesta Sinfónica de Praga está en el Obecní dům y la ópera se sirve muchas noches en el Teatro Nacional, el Estatal y en la recién remodelada Ópera Estatal. Y si no lo ha hecho ya, haga una parada en el Puente de Carlos a la salida. Con el brilo de las lámparas de gas, sin multitudes ni ruido, y los santos vigilando de entre las sombras, es un lugar mágico.

Este artículo ha sido promocionado por Prague City Tourism.

Traducido del inglés por Katia de Miguel.