A la edad de 14 años, mientras estudiaba el globo terráqueo en su casa en Seattle, David Harrington -conocido por ser el fundador del intrépido conjunto Kronos Quartet- tuvo una revelación. Se dio cuenta de que toda la música para cuarteto de cuerda que había escuchado hasta entonces había sido escrita por cuatro compositores, todos procedentes de un pequeño punto del orbe geográfico: la ciudad de Viena. Me cuenta todo esto desde Abu Dhabi, donde está terminando un ciclo de interpretaciones y compromisos educativos, “pensé para mí, ‘hay otras muchas ciudades en el mundo, otros muchos países, lenguas y religiones, y, ¿qué aportan al mundo de la música?”. 

Kronos Quartet © Jay Blakesberg
Kronos Quartet
© Jay Blakesberg

Desde su formación en 1973, Kronos se ha caracterizado por su compromiso con la interpretación, no solo de obras de todas las partes del mundo y de una plétora de estilos fuera de la tradición clásica occidental, sino de composiciones de las que son sus primeros intérpretes. Con alrededor de 950 piezas encargadas para el cuarteto durante su existencia, decidieron que debían aprovechar su posición y se preguntaron, por qué toda esa riqueza de nueva música que habían disfrutado llevando a audiencias por todo el mundo, no podía ser utilizada por prometedores conjuntos más jóvenes. “¿Dónde consigues la música de Terry Riley, o la música de Steve Reich o Sofia Gubaidulina?” se pregunta Harrington. “La consigues en las editoriales, pero normalmente es muy cara. No puedes ir a una biblioteca, como hacía yo cuando tenía 12 años, sacar esas partituras e interpretarlas con tus amigos.” Para resarcir el problema, el cuarteto y su Kronos Performing Arts Association sin ánimo de lucro creó Fifty for the Future: The Kronos Learning Repertoire, un proyecto cuyo objetivo es, por un lado, encargar obras nuevas a 50 compositores (dividido por igual entre hombres y mujeres) a lo largo de un periodo de 5 años, por otro, hacer accesible vía online las partituras, partes, grabaciones y videos instructivos gratis. Por lo tanto, sin un cuarteto aficionado en Rusia o un grupo de estudiantes de secundaria en Chicago quiere ampliar su repertorio con música nueva creada por artistas que se encuentran a la vanguardia de la creación clásica contemporánea, experimental, folk, y mucho más, pueden hacerlo sin tener que pagar por unas partituras caras.

Kronos interpretando junto a  Fodé Lassana Diabaté en el Carnegie Hall, 2017 © Evan Neff
Kronos interpretando junto a Fodé Lassana Diabaté en el Carnegie Hall, 2017
© Evan Neff

La amplísima variedad de géneros y disciplinas reunidos en las obras de Fifty for the Future es asombrosa, lo que es aún más impresionante es que la selección y el control del mismo lo lleva a cabo únicamente el cuarteto - ”A pensar en esto es a lo que dedico todo el tiempo que estoy despierto”, dice Harrington. Gigantes de la música clásica contemporánea como Philip Glass (cuya obra para el proyecto se estrenó hace unas semanas) se codea con artistas de electrónica tan especiales como Jlin, además de con músicos folk coreanos, art-rockers ocultistas, virtuosos clásicos indios y muchos más. Un colaborador de especial importancia para Harrington es Fodé Lassana Diabaté, del Trio da Kali, el conjunto malí cuyo álbum en colaboración con el Cuarteto Kronos, Ladilikan, salió el año pasado. La idea de contar con Diabaté, que toca un tipo de xilófono llamado balafón, como compositor el primer año del proyecto surgió durante las sesiones de grabación del álbum: antes de cada toma, improvisaba una pieza para mejorar el ánimo “una auténtica joya musical”, tal y como dice Harrington. Diabaté pasó a componer una obra específicamente para Fifty for the Future titulada Suntajata’s Time, cuyas secciones transcribió y arregló el colaborador de Kronos Jacob Garchik. Pero la sorpresa vino cuando el cuarteto se dispuso a interpretar la obra con su compositor: “Pensaba que estas piezas eran probablemente [más] improvisaciones,” dice Harrington. “Sin embargo, son piezas compuestas enteramente. Lassana tocó cada una de las notas con nosotros. Así que la idea de que la música compuesta existe solo como música escrita quedaba desmentida en ese momento.”

La relación con artistas de fuera de la tradición clásica occidental siempre ha sido parte del modus operandi de Kronos, pero al hacer las partituras, grabaciones y otros materiales educativos accesibles, Fifty for the Future tiene el potencial de ampliar los horizontes prácticos y estilísticos de otros muchos conjuntos. Harrington se muestra muy entusiasmado sobre un grupo de secundaria de Nueva York, que interpretará una pieza del violinista clásico indio Kala Ramnath, y como una obra del maestro de tabla Zakir Hussain estará disponible próximamente junto a grabaciones, lo que permitirá a los cuartetos “tocar con” el virtuoso -“una extensa experiencia sobre la belleza del ritmo”. Al traducir la obra de músicos ajenos a la tradición orquestal -tal y como los sonidos guturales y los armónicos de la cantante de garganta inuit Tanya Tagaq- Kronos quiere lanzar a los jóvenes músicos al extremo de las técnicas experimentales y que exploren el potencial de sus instrumentos: “El hecho de que puedas hacer que tu instrumento suene como Tanya Tagaq es muy poderoso. Te da confianza y te hace creer en el futuro, puesto que puedes hacer algo que nunca creíste que tu instrumento podría hacer.” Del mismo modo, la aproximación de Kronos, basado en la cuerda, a los salvajes sonidos de teclado de Islam Chipsy- promotor de las electro chaabi “wedding rave” egipcias- bien puede dejar a los violinistas que quieren expandir su lenguaje instrumental salivando. “No veo el momento de ponerla en circulación para que otros grupos puedan tocarla” dice Harrington sobre la pieza. “No hay nada como eso en el mundo del cuarteto de cuerda, será muy bonito y una adición vital a la música”.

La respuesta a los materiales de Fifty for the Future ha sido hasta el momento, al parecer, positiva, con 7000 descargas de grupos en 72 países desde que se lanzó el proyecto en 2015, según Harrington. Mientras, las composiciones y materiales están “comenzando a tener una vida que es mucho más de lo que hubiéramos podido imaginar,” algunas piezas se han adaptado para orquesta de cuerda y conjuntos de saxofones. El aspecto pedagógico es algo que el Cuarteto Kronos quiere destacar: además de los vídeos instructivos, ofrecen sesiones de apoyo a los conjuntos que quieran profundizar en las obras. “Si coincide que estamos en su zona, encontraremos la manera de hacer tiempo”, dice Harrington a propósito de los potenciales pupilos. La naturaleza ecléctica de los compositores que participan en el proyecto exige salirse del estilo tradicional de aprendizaje. Harrington recuerda una reciente clase que dio en NYU Abu Dhabi y en la que usó Fifty for the Future como punto de partida para aprender diferentes notaciones. “Estamos comenzando a darnos cuenta de que hay muchas posibilidades en el uso de este recurso y de maneras muy constructivas,” dice. En referencia a una obra del compositor y violinista irlandés Garth Knox que utiliza técnicas del arco alternativas, Harrington admite, “Trabajamos muchísimo para aprender eso, y después preparamos a este grupo de secundaria. Tuvieron la música alrededor de 2 o 3 semanas, y lo tocaron de maravilla! Lo que les enseñamos era muy difícil, pero no fue tan complicado para ellos como lo fue para nosotros… Lo último que nadie debería hacer es subestimar lo que la gente será capaz de hacer en el futuro.”

Kronos Quartet © Jay Blakesberg
Kronos Quartet
© Jay Blakesberg

Para Harrington, el intercambio cultural que Fifty for the Future implica tiene un particular reflejo en estos tiempos de inestabilidad política. “En el ambiente actual, es muy fácil verse sumido en un vórtice negativo de energía espantosa”, dice. “Pero cuando das un paso atrás y ves que las cosas han cambiado -ahora hay música de China que todos los grupos del mundo pueden tocar, y de Mali y Egipto. Estamos muy orgullosos de eso y queremos que sea el mayor cuerpo vital de información humana en que podamos convertirlo.” Hay más de un horizonte. El grupo de compositores que contribuyen este año incluye a un compositor con el que el Cuarteto Kronos ha mantenido una relación que está bien documentada: “Terry Riley, de su magníficamente flexible imaginación… Siempre aprendemos muchísimas cosas nuevas sobra la vida y sobre la música cuando trabajamos con él”. Mientras tanto, el grupo está buscando la manera de que el proyecto continúe vivo más allá del último año, después de que salgan las últimas obras en 2020. Para Harrington, todo esto viene de su deseo como joven intérprete de ampliar el repertorio de cuarteto de cuerda más allá de la herencia austríaca: “Cuando estaba en secundaria, no había tal cosa como música africana para cuarteto de cuerda, no existía… La gente está adquiriendo herramientas para acceder a cosas a las que nunca se imaginaron que tendrían acceso”.