James Rutherford como Dutchman en la producción de 2015 de <i>The Flying Dutchman</i> del Müpa Budapest © Janos Posztos
James Rutherford como Dutchman en la producción de 2015 de The Flying Dutchman del Müpa Budapest
© Janos Posztos

La Copa del Mundo de Rugby se celebra cada cuatro años, lo que nos da la medida de lo que significa el Müpa de Budapest para el fanático de la pelota ovalada James Rutherford, que se ha perdido un partido para poder hablar con Bachtrack. El auditorio del Wagner Days Festival de Ádám Fischer desde 2006 se ha convertido en un segundo hogar para el bajo-barítono británico y en 2020 volverá a él para interpretar el papel de Hans Sachs en Die Meistersinger von Nürnberg.

“El Auditorio Béla Bartók tiene una acústica excepcional”, comenta con mucho entusiasmo. “Bien podría haberse construido para Wagner. Por supuesto, cuentan con maravillosos cantantes húngaros y tratan de encontrar los mejores cantantes wagnerianos del mundo para los roles principales, lo cual es todo un halago para mí. Cuidan muchísimo a los cantantes, más de lo que uno espera habitualmente, y cuando ves que hay respeto y se te cuida, partimos de algo magnífico. Artísticamente, es brillante, Fischer es un director al que tengo en muy alta consideración, disfruto siempre que voy. Son muy fieles a los cantantes también y el público es maravilloso, así que la experiencia es muy positiva en todos los aspectos”.

El año 2006 fue también importante por otro motivo, ya que representó un gran salto cualitativo para Rutherford hacia el gran repertorio vocal al ganar el Seattle Opera International Wagner Competition. Su camino hasta llegar ahí no fue recto en cualquier caso. “No despunté como un bajo-barítono wagneriano completamente formado. Tras graduarme y el Opera Studio canté Handel, Bach y especialmente Mozart, a la vez que trabajaba con sociedades corales para mantenerme. Hice Le nozze di Figaro al principio de mi carrera y trabajé con casi todas las compañías nacionales. En la Royal Opera House fue donde empecé, aunque en papeles pequeños, con el gran repertorio, y ahí fue cuando comencé a cogerle el gusto a Strauss y Wagner. Cuando estás rodeado por los mejores cantantes cada día y tu primer Wotan es Bryn Terfel, ¡tomas nota! Y todos estos grandes cantantes me hicieron pensar que esto es hacia lo que debía dirigirme.

“En 2006, que fue el Año Mozart, ahí estaba, un cantante mozartiano con la agenda en blanco. Nada de nada. En su lugar, me ofrecieron un Jokanaan en Salome y solo tenía 33 años; eso reveló algo”.

No todos los cantantes tienen interés en los concursos, pero Rutherford tenía mucha experiencia ya incluso antes de Seattle. “Siempre se me han dado bien, desde que era estudiante, y como andaba mal de dinero, intentaba cualquier cosa si había efectivo de por medio. El concurso de Seattle surgió y el responsable venía a Londres, así que canté para él. Tras eso, me escribió una carta diciendo que debía ir a Seattle, lo que representó un maravilloso voto de confianza, y el ganarlo me dio acceso a audiciones adonde fuera que quisiera ir. En un año, canté Wolfram (en Tannhäuser) en San Francisco y así empecé”.

“Conoces al bajo americano Eric Halfvarson? Un tipo maravilloso. Me dijo, mientras hacía Wolfram: “¿Sabes, James? Serás el Hans Sachs de tu generación”. A lo que contesté, “sí…, seguro, gracias” y me reí de ello. Tres años más tarde, nos encontramos de nuevo en Bayreuth. Él cantaba Hagen y yo era Hans Sachs”.

James Rutherford como Hans Sachs en una producción de <i>Meistersinger</i> de 2015 de San Francisco Opera © Cory Weaver | San Francisco Opera
James Rutherford como Hans Sachs en una producción de Meistersinger de 2015 de San Francisco Opera
© Cory Weaver | San Francisco Opera

Eso resultó ser todo un salto para un cantante mozartiano. “La clave era cantarlo con la voz mozartiana y después dejarla crecer. Hace una generación, un reparto en Viena o Múnich alternarían entre Mozart y Wagner. Hans Hotter cantaba el Conde el lunes y Wotan el miércoles y era normal. George London es otro ejemplo: era muy famoso tanto como Don Giovanni como Wotan. ¿Pero yo? Desde 2006 no he cantado nada de Mozart, lo que me resulta raro. Por la razón que sea, en nuestra generación no hay esta compaginación”.

“Cuando estuve en Berlín hace unos años cantando Wolfram de nuevo, fui a ver Don Giovanni en una producción muy loca de la Deutsche Oper en la que los cantantes hacían ejercicio mientras cantaban. Giovanni tenía que hacer fondos y Leporello, sentadillas, y correr por el escenario. Ahí estaban, barítonos de gimnasio con abdominales marcados que no sabían frasear Mozart debidamente. Mientras estaba ahí sentado, pensaba en la gente con la que he trabajado –Colin Davis, Charles Mackerras, mi mentor, Thomas Allen– y pensé ‘no me extraña que sepa cómo cantar Mozart’. Qué pena que no se me haya permitido cantarlo una vez cumplidos los 33”.

¿Volvería Rutherford a Mozart si surgiera la oportunidad? “Me encantaría. Pero creo que Mozart es más difícil de cantar que Wagner hoy en día y creo que físicamente tengo una constitución más de un cantante wagneriano, que de uno mozartiano. Por supuesto, me hubiera encantado haber hecho Giovanni o el Conde, pero en la actualidad trabajo principalmente en países de habla germánica donde les encanta encasillar todo, así que soy un cantante wagneriano y straussiano. Y me va bien porque adoro ese repertorio.”

Aún a riesgo de meterme en camisa de once varas, le pregunto por qué no hay un espacio para él también a este lado del Canal de la Mancha. “¡Ja! ¿Cuántas grandes producciones de Wagner se han hecho en este país en la última década? ENO basó su reputación en hacer muy bien Wagner, pero últimamente han hecho un Parsifal y un Meistersinger en el que Iain Paterson cantó Sachs. Iain es magnífico –¿te imaginas tener que aprenderte todo el Hans Sachs en inglés?– Él es el único anglosajón de más o menos mi edad haciendo lo mismo. Pero la ENO ya no hace Wagner. Por otro lado, cuando dejé el college hacían unas 20 óperas al año y ahora hacen la mitad. En los sitios en los que trabajo habitualmente como Fráncfort o Düsseldorf hacen 25 óperas al año. Aparte de algunos roles menores en Covent Garden, no he trabajado en Reino Unido desde 2006”.

“Me he encasillado en parte porque tengo una hipoteca, esposa e hijos, pero también porque adoro esta música. Así que ¿adónde podría ir si quiero cantar esto si no es Alemania? Tampoco me he mudado allí, de todos modos; siempre he conseguido trabajar como artista invitado. En Fráncfort conseguí un contrato magnífico, pero aún así no estaba allí todo el tiempo, solo iba dos o tres veces al año. Vuelvo dentro de un año para otro Siegfried”.

James Rutherford como Hans Sachs en la producción de la Wiener Staatsoper de <i>Meistersinger</i> en 2012 © Wiener Staatsoper GmbH | Michael Pöhn
James Rutherford como Hans Sachs en la producción de la Wiener Staatsoper de Meistersinger en 2012
© Wiener Staatsoper GmbH | Michael Pöhn

Parece un estilo de vida algo duro para un padre de familia. “No es bueno para ser padre y marido el estar fuera nueve o diez meses al año, pero me las he arreglado para tener tres o cuatro meses sin compromisos este año por vez primera en mucho tiempo. El mes que viene vuelve a Düsseldorf para cantar Wotan de nuevo. “Se ha convertido en algo regular durante los dos últimos años. Hacemos el Anillo y solo estaré fuera de casa 11 días”. Eso parece extraordinariamente corto para un Anillo. “La hemos ensayado ópera por ópera a lo largo de estos años, así que ahora es solo ponerlo todo junto. Hago tres óperas, ya he trabajado con todo el elenco antes, así que hacemos ensayos durante dos días para cada título y ya está. ¿No es perfecto? Podemos hacer eso con el Anillo porque en Alemania se representa tantas veces que todo el mundo está familiarizado con ello. En Reino Unido, en la actualidad hay uno en Covent Garden y eso es todo.

“Esperé hasta tener 43 antes de hacer Wotan, teniendo en cuenta que ya habría estado cantando Sachs durante cuatro o cinco años para entonces. Mi voz no es quizá de la más grandes, pero puedo cantar sutilmente mejor que otras personas, y hay mucho de eso en Wagner. Aportas lo que tienes, y eso se adapta mejor a una salas que a otras. Sé de una compañía que nunca me llamará porque dicen que necesitan un “gritón” para esas partes!”.

Observando los papeles masculinos en Wagner, Sachs se me revela como uno de los de vida interior más complicada. Ruttherford está de acuerdo. “¡Desde luego! Por eso es por lo que me encantaría seguir cantándolo dentro de veinte o treinta años. Y es algo grande. ¡Mi personaje canta durante dos horas y veinticinco minutos! No hay nada parecido. Es mi papel más importante –lo he cantado unas cincuenta veces– y me encaja muy bien. Cuando estás en el escenario durante cuatro horas tal y como está Sachs, te enfrentas a todas las emociones humanas.

“Sé que es un sacrilegio decir esto, pero prefiero Die Meistersinger a Tristan und Isolde, por no decir Verdi o Puccini. Tomé la partitura de Tosca después del verano porque sabía que tendría que ir a Düsseldorf a cantar Scarpia en un par de funciones, y pensé “sí, está bien, me la sé”. Pero siempre que abro una partitura de Meistersinger es como observar algo que pertenece a un plano superior”.

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Este artículo ha sido promocionado por Wavemaker Hungary.

Traducido del inglés por Katia de Miguel