Tras haber cantado allí alrededor de 100 veces, Lisette Oropesa es ya una habitual del escenario del Metropolitan Opera, pero su debut en la Royal Opera House no ha tenido lugar hasta el pasado noviembre y con la primera recuperación de la controvertida producción de Katie Mitchell de Lucia di Lammermoor. Oropesa tiene un buen número de heroínas donizettianas en el armario y nos reunimos en Londres para desentrañar estos roles y los retos que presentan.

Lisette Oropesa © Jason Homa
Lisette Oropesa
© Jason Homa

De ojos brillantes y personalidad animada, Oropesa admite que la producción de Mitchell es muy exigente, especialmente debido a un escenario con pantalla dividida que hace que esté en el escenario toda la noche. “Estoy exhausta antes de que hayamos terminado el primer acto. El lado bueno es que no tengo que volver al camerino y desesperarme aguardando la escena de la locura! Correr me ha ayudado con el control de la respiración y la resistencia. Corro mucho… Siempre me he preocupado por la salud! A veces los directores te piden cosas que resultan muy cansadas, como subir escaleras mientras cantas una frase, eso hace que las pulsaciones aumenten, con lo que si estás tratando de cantar a la vez, tu respiración se ve comprometida. Este es uno de los motivos por los que me tomo tan en serio el ejercicio, para estar en buena forma cardiovascular.

Su rutina de ejercicio físico forma parte del propósito de perder peso para evitar problemas a no ser seleccionada para los papeles. “La gente escucha con los ojos”, suspira Oropesa. “Si ven a una joven y atractiva mujer, querrán que cante esos preciosos papeles de bel canto, incluso si la tesitura no es la correcta. Tengo un gran problema con eso. Si ven a alguien grande, asumen que es un Falstaff y no un Don Giovanni. Si escuchas la voz, es posible que no sea así. Por eso perdí peso, porque mi voz sonaba como una Adina o una Nannetta, pero yo no parecía ninguna de ellas. Me dijeron que si quería ser seleccionada con un tipo de voz que es tan competitivo, tenía que parecerme al papel, o te descalificarán antes de que tengas oportunidad de abrir la boca.”

Lisette Oropesa (Lucia) en <i>Lucia di Lammermoor</i> © ROH | Stephen Cummiskey
Lisette Oropesa (Lucia) en Lucia di Lammermoor
© ROH | Stephen Cummiskey

“Si te centras en un repertorio que solo cantan otras dos personas en el mundo, enhorabuena, has ganado el premio! Puedes cantar donde quieras, puedes firmar tus propios cheques. Pero hay un millón de Norinas y Adinas y Lucias, así que es mucho más competitivo. Hay papeles para los que ni siquiera me tuvieron en cuenta por el aspecto que tenía. Pensé que había trabajado demasiado duro y cantaba suficientemente bien (en mi opinión) como para que me parasen antes de ni siquiera haber entrado en la sala. Alguien miraría mi fotografía y diría, No. Demasiado gorda!” No está bien, pero así es la vida.

“No son solo los directores de casting, también los críticos y el público”. Oropesa  profundiza más en el tema. “Todo el mundo es un crítico hoy en día. Cualquiera puede escribir un blog. No necesitas una cualificación. Y esas reseñas aparecen en Google al igual que las de The Times o The Guardian, así que esa persona tiene cierto nivel de autoridad. Puedo saber en cuanto leo una crítica si el que la firma sabe como describir el canto o no. Es como la persona que sabe cómo degustar el vino. “Oh, sabe muy bien, sí. Sabe como el zumo de uva. Me gusta.” Y otra persona dirá, “huele como si tuviera la cualidad del roble, o es cremoso o tiene un final largo. Por el modo en el que alguien describe las voces, puedes reconocer si sabe cómo escuchar a los cantantes.”

Christopher Maltman (Enrico) y Lisette Oropesa (Lucia) en <i>Lucia di Lammermoor</i> © ROH | Stephen Cummiskey
Christopher Maltman (Enrico) y Lisette Oropesa (Lucia) en Lucia di Lammermoor
© ROH | Stephen Cummiskey

La interpretación en Lucia de Oropesa atrajo magníficas reseñas. La propia Mitchell dirigió la revisión y reelaboró muchos elementos, la mayoría para mejor.”Katie fue muy clara sobre que quería que cantase mi Lucia, y no la de Diana Damrau,” explica Oropesa. “Quería que interpretase a alguien de mi edad, una mujer que ya ha dejado atrás la edad de casarse y encuentra a Edgardo un poco tarde. No quería que interpretase una víctima o a una Lucia arquetípica.” Una de las cosas que desaparecen es la escena de sexo en la tumba, con Lucia y Edgardo al ritmo de la cabaletta. “Tras el primer día de ensayos, Katie decidió eliminar la escena de sexo ya que creía que era innecesaria. No es usual que un director vuelva para dirigir un reposición, pero supongo que quería revisarlo en este caso. Los directores son como psicólogos - Katie podía saber cuáles eran mis puntos fuertes y mis puntos débiles. La escena del asesinato es mucho más rápida ahora. Es una muerte de dos puñaladas. Envenenamos el vino primero, después le apuñalamos y después ponemos una almohada sobre su cabeza. Hay algo de morbosidad, ya que lo ha seducido antes. Lucia no tiene 16 años… se ha acostado con Edgardo!

La famosa escena de la locura es larga, pero Oropesa explica que no es la parte más difícil del papel. “Vocalmente, encuentro la primera aria y el dueto lo más difícil porque es lo primero que cantas. Te tiras de cabeza, grave al principio y agudo en la caballeta y tienes que establecer desde el comienzo qué tipo de mujer es y cómo de intensa es, cuánto ha sufrido y cuánto desea ser feliz.”

Lisette Oropesa © Jason Homa
Lisette Oropesa
© Jason Homa

El director, Michele Mariotti, decidió no utilizar una armónica de cristal para la escena de la locura y optó por la flauta en su lugar. A Oropesa, que es también flautista, la decisión le pareció acertada. “La flauta te ofrece mucha más libertad que la armónica de cristal, cuya capacidad de respuesta es menor. Nuestra flautista es fabulosa - respira conmigo. Marriotti reorganizó la disposición de la orquesta de tal modo que ella pudiera verme en el escenario; no importa lo mucho que practiques, uno no es una máquina y noche tras noche, puede haber resultados diferentes; de este modo, podía verme”.

Covent Garden ha sido testigo de muchas Lucias a lo largo de los años, y especialmente notoria fue la de la gran Joan Sutherland; Oropesa se lo toma con filosofía cuando le comento si es consciente de los fantasmas de esas grandes cantantes. “No siento el peso en el sentido negativo, pero lo respeto enormemente. Siento el privilegio y el honor de seguir su línea. No creo que las cantantes deban compararse constantemente. ¿Cómo puedes comparar una Lucia de Sutherland con una Lucia de Callas? Ambas eran increíbles por distintos motivos y son dos de mis ídolos. Nos comparan con cantantes del pasado todo el tiempo!”

Oropesa sí se preocupa por escuchar grabaciones. “Cuando estás estudiando un papel que está fuertemente arraigado a algunas tradiciones, es importante escuchar grabaciones para conocer esas tradiciones. Pero nunca aprendo un papel con la grabación, siempre la estudio de la partitura, de otro modo, corres el riesgo de estar imitando.” ¿Las grabaciones te dan a conocer algo de historia, entonces? “Absolutamente. Las modas cambian. Incluso Renata Scotto, que básicamente me enseñó Lucia, admitiría que habría usado mucho más portamento en el pasado de lo que lo haría ahora, pero hoy en día los puristas quieren menos, o que algunas cadenzas se consideran anticuadas en la actualidad.

Lisette Oropesa (Norina) y Renato Girolami (Don Pasquale) en <i>Don Pasquale</i> © Bill Cooper | Glyndebourne Festival Opera
Lisette Oropesa (Norina) y Renato Girolami (Don Pasquale) en Don Pasquale
© Bill Cooper | Glyndebourne Festival Opera

Entre otros de sus papeles donizettianos están Norina, de Don Pasquale, el cual cantó en Glyndbourne el verano pasado en otra controvertida producción. Confieso que Don Pasquale siempre me ha parecido una ópera con un argumento mezquino y Oropesa está de acuerdo. “Lo mismo ocurre con Falstaff. Siempre se sitúa en una comedia. Antes, era divertido. Hoy en día, no es tan divertido reírse del tipo gordo. Tienes que hacer del personaje grueso algo así como un simplón, así es más fácil reírse de él. Falstaff es un impertinente del tipo Donald Trump. Por lo menos al final se ríe de sí mismo y dice “si no fuera por mi, vuestras vidas serían muy aburridas”. ¿Pero cuáles son las cualidades que redimen a Don Pasquale? Tuve esta discusión con nuestra directoa en Glyndbourne (Mariame Clément) porque quería que representara al personaje de manera bastante ruin.

“Puedo darte un ejemplo. Es el momento en el que Norina abofetea a Pasquale. En todas las producciones que he visto, Norina se siente mal cuando hace eso. Se da cuenta de que ella no es así y que el amor de Ernesto no vale como para herir a otra persona. Creo que tiene corazón, de veras lo creo. El movimiento en la escena en Glyndbourne era que yo abofeteaba a Pasquale, me daba la vuelta, iba hacia el fondo del escenario y me sentaba, aunque mi instinto era volverme, me decían 'No, no, permanece de espaldas al público'. Mariame quería una Norina que no mostrara nada de arrepentimiento -'¿Por qué debe sentir lástima por él? ¿tienes miedo de no gustarle al público?' Sí! Ese es el momento en el que puedes mostrar que Norina es de esa manera.”

Lisette Oropesa (Marie) Kevin Burdette (Sulpice) Lawrence Brownlee (Tonio) en <i>La Fille du régiment</i> © Scott Suchman for Washington National Opera
Lisette Oropesa (Marie) Kevin Burdette (Sulpice) Lawrence Brownlee (Tonio) en La Fille du régiment
© Scott Suchman for Washington National Opera

Considero que Marie en La fille du regiment es al menos auténtica comedia. “Pero también creo que la ópera es muy profunda,” explica Oropesa. “Creo que trata sobre la identidad de género. Marie ha pasado toda su vida rodeada de hombres. La han enseñado a ser un hombre. Sus maneras, sus gestos, la forma en la que se expresa son extremadamente masculinas, y de pronto se la llevan a esa casa y le dicen que todo lo que ha aprendido está mal, la manera en la que se expresa está mal. Tiene que aprender a ser una mujer, en un vestido y cantando esas ridículas canciones, y no sabe quién es realmente. No quiere estar rodeada de tanta delicadeza, quiere estar con su regimiento, ensuciándose en la hierba. Al final, el regimiento viene en su búsqueda y consigue casarse con quiere y ser quien quiere. Tiene un corazón muy noble - qué gran personaje!

“Es muy bonito de cantar” confiesa, “uno de mis roles favoritos. Marie es fiel a sí misma. Todos son personajes maravillosos, todas estas heroínas donizettianas! Me encantan, y creo que no se las respeta lo suficiente. No son víctimas!”

No se pierdan otra heroína de Donizetti más adelante. Adina en L’elisir d’amore está en la cola, pero no antes de que revisite Lucia, esta vez en la producción de David Alden, conocida ya para el público de la ENO, en Madrid.