Johannes Brahms fue un defensor de la música pura, de las formas sinfónicas tradicionales. Siguió la senda del legado de Beethoven y, sin embargo, no hay ningún otro compositor cuyas obras sean más personales y emotivas. Su lucha con la fe en el Réquiem y en las Cuatro canciones serias, su carta de amor a Clara y a Robert Schumann en el Primer concierto para piano, sus otoñales sonatas para clarinete, su mirada retrospectiva a su vida: Brahms se desahoga en cada una de sus composiciones y lleva al oyente a un viaje emocional inolvidable.

Johannes Brahms
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"Toqué la música de ese canalla de Brahms. Qué maldito inútil".  Tchaikovsky y Brahms (que comparten cumpleaños) se llevaban mejor de lo que esta cita podría sugerir. Y quién sabe, tal vez Brahms, también un poco cascarrabias ("Si hay alguien aquí a quien no he insultado, le pido perdón"), apreciaba la crítica más de lo que creemos.

1Sinfonía num. 4 en mi menor, Op.98

"Es como un pozo oscuro; cuanto más obeservamos el fondo, más brillantes vemos las estrellas en él". El crítico Eduard Hanslick, que asistió a una representación privada de la Cuarta sinfonía de Brahms interpretada a dos pianos antes de su estreno, quedó maravillado. "Tuve la sensación de que me estaban dando una paliza dos personas increíblemente inteligentes", escribió. Es una sinfonía poderosa e inusual en muchos aspectos: no hay repetición de la exposición en el primer movimiento; el Scherzo está en compás de 2/4 (en lugar de ternario); y el final adopta la forma de una passacaglia, adaptando un tema de chaconne de una de las cantatas de Bach.


2Concierto para violín en re mayor, Op.77

Brahms conoció a Joseph Joachim a través de Clara y Robert Schumann en 1853 y pronto surgiría entre ambos una sólida amistad y fructífera colaboración artística. Brahms consultó a Joachim durante el proceso de composición y el violinista no sólo escribió la cadencia, sino que también convenció a Brahms para que modificara las partes solistas más difíciles. El concierto sigue considerándose una de las piezas más difíciles del repertorio. Joseph Hellmesberger llegó a bromear diciendo que era "un concierto no para, sino contra el violín". Con todo, el estreno, interpretado por el dedicatario Joachim, fue un éxito rotundo.


3Sonata para clarinete en mi bemol mayor, Op.120 núm.2

El periodo dorado de obras de cámara de Brahms vino inspirado por la interpretación de Richard Mühlfeld, clarinetista de la Orquesta de Meiningen. La Sonata en mi bemol es una obra gloriosa, que se abre en un ambiente otoñal antes de pasar a un apasionado segundo movimiento al estilo de la Danza húngara, seguido de un conjunto de variaciones. Es una de las mejores obras de todo el repertorio para clarinete.


4Danza húngara núm. 5 en fa sostenido menor

Las 21 Danzas húngaras de Brahms se encuentran entre sus obras más populares. Fueron escritas originalmente para dos pianos, pero posteriormente fueron orquestadas (aunque sólo tres son del propio Brahms). La Quinta es quizá la más conocida, unas csárdás que Brahms creía que era una canción popular húngara tradicional, sin saber que era una melodía escrita por Béla Kéler.


5Ein deutsches Requiem (Un requiem alemán), Op.45

A diferencia de un Réquiem litúrgico tradicional en latín, Brahms eligió textos de la Biblia luterana alemana. Constituyen un testamento mucho más personal, que refleja su bautismo luterano y sus antecedentes, pero también su lucha con la fe durante su educación y su vida adulta cada vez más pesimista. En lugar de conmemorar a los muertos, Brahms buscó palabras de consuelo para los que aún viven y evitó cualquier referencia específica a Cristo. Los tres primeros movimientos de los siete finales se interpretaron -sin gran éxito- en Viena el 1 de diciembre de 1867, seis movimientos se interpretaron en la catedral de Bremen en abril de 1868 y el quinto movimiento que faltaba se añadió para la primera interpretación completa en Leipzig en febrero de 1869. Fue su Réquiem por los vivos lo que le valió al profundamente religioso Brahms fama internacional.


6Sinfonía núm. 3 en fa mayor, Op.90

¿Aimez-vous Brahms? En la película de 1961 Goodbye Again, basada en una novela de Françoise Sagan, un joven Anthony Perkins seduce a una Ingrid Bergman más madura, entre otras cosas llevándola a un concierto de Brahms. El Poco allegretto de la Tercera sinfonía dibuja el drama, la melodía de los violonchelos representa el anhelo de los protagonistas por el otro. Aunque fue mejor recibida que la Segunda de Brahms, el estreno en 1883 fue menos amoroso para algunos miembros del público. Los silbidos de los devotos de Wagner enturbiaron la representación desde las tribunas de pie del Wiener Musikverein.


7Quinteto para clarinete en si menor, Op.115

El Quinteto para clarinete es una de las cumbres de la música de cámara, fácilmente igualable al quinteto de Mozart. También compuesto para Mühlfeld, se abre de forma nostálgica y la obra cambia a menudo entre tonos mayores y menores. Sin embargo, la sección central del Adagio, seguida de un suave Andantino, recuerda las improvisaciones de los gitanos húngaros. El final -al igual que el quinteto de Mozart- es un conjunto de variaciones, pero Brahms cierra el círculo volviendo a los temas del primer movimiento en una coda que termina con un suspiro melancólico.


8Concierto para piano núm. 1 en re menor, Op.15

Un estruendoso re grave desde el fondo de la orquesta, una poderosa tensión con las cuerdas entrando en la tonalidad equivocada (si bemol mayor), antes de que la tormenta inicial dé paso a temas estremecedores y el solista entre con una melodía tranquila y resplandeciente. La composición (1854-1858) del Primer concierto para piano de Brahms fue un viaje emocional como ese primer movimiento. Su amigo íntimo Robert Schumann fue internado en un manicomio en 1854 tras intentar suicidarse y murió dos años después. Brahms le honró con las palabras "Benedictus qui venit in nomine Dominus" sobre su esbozo de la apertura del Adagio, siendo "Dominus" un término utilizado para dirigirse a Schumann en su círculo. También fue la época en la que Brahms se acercó más a Clara. Aunque ella le quería "como a un hijo", los sentimientos de Brahms hacia ella eran más complejos. El Adagio, dedicado a Clara ("Estoy pintando un suave retrato tuyo que debería convertirse en el Adagio") es de una tristeza indecible, de añoranza y desamor.



9Tres intermezzi, Op.117

"Una verdadera fuente de placer", así describió Clara Schumann los Tres intermezzi, Op.117 de Brahms en su diario. Brahms los consideraba más unos "monólogos" para tocar en casa, que para ser interpretados en público, obras para ser "absorbidas lentamente, en paz y soledad". El Intermezzo inicial en mi bemol mayor se basa en una canción de cuna escocesa, Lady Anne Bothwell's Lament. Es una música tierna de sombría reflexión.


10Vier ernste Gesänge (Cuatro canciones serias), Op.121

El último conjunto de canciones de Brahms se basa en textos bíblicos que reflejan sus propias creencias y la falta de ellas. Completó la obra en mayo de 1896, en un momento en el que él mismo sufría un cáncer de hígado y una pérdida desgarradora: su amada Clara Schumann había muerto tras sufrir un derrame cerebral un par de meses antes. Las tres primeras canciones (Denn es gehet dem Menschen; Ich wandte mich, und sahe an; O Tod, wie bitter bist du) tratan de la muerte y la fugacidad de la vida, mientras que Wenn ich mit Menschen- und Engelszungen redete tiene una perspectiva de fe y esperanza.