La noche trasfigurada copó la velada gracias a una sección de cuerdas que logró efectuar una interpretación memorable de esta obra maestra, no sin el mérito también del director James Conlon, que ofreció una versión pausada y cuidadosa con la arquitectura armónica de la composición. Al otro lado de la balanza, la Sinfonía lírica de Alexander Zemlinsky, un compositor cuyo nombre aparece habitualmente ensombrecido por el genio de Schönberg.
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