Siempre es una buena idea visitar la casa de un conocido y si este es un genio de la talla de Bach mucho más. En esta ocasión se unía a la visita el bailarín Jurij Konjar, una original propuesta estrenada en Viena en 2010 y que llega a L'auditori con la interpretación al clave de Dani Espasa.

Las Variaciones Goldberg, BWV 988, compuestas en 1741, son a la vez una piedra de toque en cuanto a lo interpretativo y una piedra Rosetta para adentrarnos en la música de J. S. Bach, para muchos el referente en la música occidental de los últimos cuatro siglos. Si a ello le sumamos otra disciplina artística como la danza contemporánea, podemos hablar de una oportunidad para ver la influencia de un maestro a través del arte de nuestros días.

El bailarín Jurij Konjar © Angela Bedekovic
El bailarín Jurij Konjar
© Angela Bedekovic
El bailarín y coreógrafo esloveno Jurij Konjar junto al músico catalán Dani Espasa, nos ofrecieron su propuesta en una sala polivalente prácticamente llena y con una configuración de butacas que situaba a los intérpretes entre dos gradas enfrentadas que, aunque en alguna ocasión impedía la visión del bailarín, ofrecía la oportunidad de observar sus evoluciones en mayor grado que si se hubiera desarrollado en un escenario convencional.

Desde la oscuridad total y una pequeña luz cenital a la partitura en el clave comenzó el Aria, mientras el bailarín observaba desde la penumbra para aparecer con la primera variación. La iluminación jugó un papel importante haciéndose cada vez más intensa, incluyendo luces cenitales que proyectaban la sombra del bailarín en las últimas variaciones, hasta cerrar el arco interpretativo con, de nuevo, una sola luz cenital para el Aria da capo –omega del alfa que es el Aria–, para después languidecer hasta volver de nuevo a la oscuridad.

La propuesta de Jurij Konjar es tan honesta como arriesgada, con la que presenta, según palabras del propio artista, "una práctica improvisadora personal basada en la investigación de los procesos de pensamiento en una interacción bidireccional con el físico", fruto del descubrimiento del espectáculo de Steve Paxton: J. S. Bach, played by Glenn Gould, improvised by Steve Paxton (1986), se produce entonces no un mero diálogo de música y danza, sino un relato entre la interpretación de la obra de Bach y la reacción en forma de danza improvisada tras pasar por la mente del bailarín. No hay por tanto una coreografía ensayada e inamovible, sino el reflejo de la relación entre la obra interpretada y la improvisación que provoca. De ahí el riesgo de no poder llegar en ocasiones a una parte del público que esperaba un planteamiento enfocado hacia la danza más clásica.

El clavecinista Daniel Espasa © Musiepoca Management
El clavecinista Daniel Espasa
© Musiepoca Management

La interpretación al clave de Dani Espasa fue en todo momento sólida, huyendo de los excesos en los rubati y haciendo una lectura más lírica y horizontal que armónica y vertical, cosa que muchos intérpretes hacen con la música barroca en su totalidad. Este enfoque facilitó así su unión con la danza de Konjar. Las versiones de Glenn Gould (al piano) de 1955 y 1981, han influenciado el modo en el que escuchamos las Goldberg, que originalmente es mucho más desnuda y clara en su versión original para clave, donde el artificio desaparece y sólo queda la música pura de Bach. Espasa es un músico que bebe de mil influencias, desde la música antigua al jazz y la música contemporánea, y supo dar vida a cada una de las variaciones desde enfoques singulares dentro de un todo coherente, destacando su virtuosismo en Variaciones como las núm. 14, 20 o 26, por ejemplo. El público reconoció su interpretación con un caluroso aplauso, compartido como no podía ser de otra forma con el bailarín Konjar. Tal vez se echó de menos un programa de mano más completo para poder conocer un poco más a los artistas y su visión de la obra.

Una propuesta arriesgada que llegó a un buen puerto, y una oportunidad para revisitar la casa común que para los melómanos y amantes del arte en general son las obras de Bach, y especialmente estas Goldberg Variationen. Un acierto desde el ciclo Escenes de L’Auditori, que nos acerca formatos que van más allá del mero concierto, un espacio a seguir en el futuro sin duda alguna.

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