Un momento trasparente en el que la intimidad de Shostakovich fue palpable. Así fue el concierto del Carducci String Quartet el pasado domingo en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República. Un evento que aseguró el cierre perfecto para el maratón de conciertos que el Carducci realizó en Colombia.

El homenaje a uno de los compositores más prolíficos del siglo XX no pudo haber sido más abundante en belleza. La celebración de los 40 años de la muerte del compositor ruso estuvo marcada por interpretaciones en las que la planeación de las ideas musicales era tan clara que cada nuevo pasaje redactaba en su avance una historia. Los cuartetos que se escucharon la mañana del domingo en la Sala de Conciertos resumieron un proyecto musical que Shostakovich estructuró como ciclo y que sirvió como laboratorio para sus propuestas estilísticas.

Los integrantes del Carducci String Quartet © Tom Barnes
Los integrantes del Carducci String Quartet
© Tom Barnes

El Cuarteto Carducci abrió el concierto con el Cuarteto núm. 4 en re mayor, Op.83 deslumbrando a los oyentes con la afinación y el balance. Pero en particular, llamó la atención la propuesta sonora de la violonchelista Emma Denton, que sirvió de sostén durante todo el concierto a las propuestas musicales de los demás instrumentos. Su sonido es redondo y presente aún en los momentos sutiles. El arco siempre está bien apoyado logrando un sonido con cuerpo. El Andantino fue un momento glorioso e introspectivo, casi un lamento. Una melodía interpretada con belleza por Matthew Denton y conducida por el cuarteto con la profundidad necesaria.

Por su parte, el Cuarteto núm. 10 en la bemol mayor, Op.118 ofreció los momentos más luminosos de la mañana. El Allegreto furioso fue interpretado con el desparpajo propio de la seguridad. El sonido rasgado y atropellado brilló por su astucia. El Adagio se caracterizó por la buena dosificación del vibrato y en muchos momentos sorprendió por el sonido limpio y puro al que tanto se le teme porque revela la imprecisión, al conseguir una calidez y liviandad consoladora. Por último, el Adagio continuo del Cuarteto núm. 15 en mi bemol mayor, Op.144 cerró el recital del Cuarteto Carducci. Una pieza compleja, con frases extensas y contrastes construidos a partir de variaciones mínimas en intensidad. Un réquiem que emergió con maestría y que se despidió con el dramatismo propio del apagón vital en el que Shostakovich se encontraba.

La extensa agenda de conciertos del Cuarteto Carducci en Colombia incluyó recitales (con entradas agotadas) en Bogotá y Neiva. En esta última ciudad la agrupación interpretó el ciclo completo de los cuartetos de cuerda de Shostakovich. Allí el interés del público demostró que la iniciativa de llavar este tipo de programaciones a otras sedes del país es absolutamente loable y más aún en lugares que han estado al margen de los circuitos de recitales. Destaco igualmente que la programación de conciertos haya estado acompañada de una interesante conferencia a cargo de Laurel Fay, una de las especialistas en música rusa y biógrafa de Shostakovich. Finalmente, celebro el trabajo conjunto entre el Banco de la República y el Teatro Mayor al lograr llevar a buen término este tipo de proyectos.

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