El joven Ministerio de Cultura de Perú inició hace cuatro años una temporada de ópera en la que las agrupaciones nacionales (Sinfónica Nacional, Sinfónica Juvenil, Coro, Ballet y Coro de Niños) puedan realizar producciones en su sede del Gran Teatro Nacional de Lima. Así, ofrecieron obras como Le nozze di Figaro y Die Zauberflöte de Mozart, El diluvio de Noé de Britten, y L'elisir d'amore de Donizetti, con cuidadas producciones complementadas por mapping interactivo o escenografías espectaculares.

El Coro Nacional de Perú durante la representación de <i>Nabucco</i> © Coro Nacional de Perú
El Coro Nacional de Perú durante la representación de Nabucco
© Coro Nacional de Perú

El Coro Nacional cumple 50 años de existencia en 2015 y para celebrarlo han optado por presentar una ópera en la que puedan lucir toda su capacidad. Una opción fácil, y a la vez un gran desafío, Nabucco, la primera gran ópera de Giuseppe Verdi. Podemos decir que para la vida de Verdi, Nabucco fue un punto de quiebre, ya que había perdido a su esposa y dos hijos, así como su segunda ópera fue recibida como un desastre. Estos eventos hicieron que Verdi tomara la determinación de renunciar a la composición. Fue la persuasión del empresario del Teatro alla Scala, Bartolomeo Merelli, la cual hizo retomar el interés en Verdi, y el encontrar frases inspiradoras como el famoso "Va, pensiero, sull'ali" dorate" en el libreto escrito por Temistocle Solera. La ópera se estrenó en 1842 con un éxito arrollador y sigue siendo un título plenamente vigente.

Sin embargo, Nabucco no es una obra sencilla. Muy pocas sopranos pueden asumir el rol de Abigaille, y su montaje exige mucho conocimiento de la dirección de escena para que los movimientos de las masas en los momentos de acción sean convincentes.

El desafío para el Coro Nacional fue alto, pero superaron las expectativas. Su nivel musical y poder interpretativo son elevados y reconocidos por directores y artistas internacionales. Desde el inicio de la ópera su sonido fue compacto, potente y con mucha musicalidad. El coro está casi todo el tiempo presente y, a pesar de que durante las escenas más dramáticas permanecen estáticos, logran un impacto con la música, que es lo más importante. El regista Víctor García Sierra saca de ellos lo mejor, sobre todo en las escenas del incendio del templo, y durante el "Va, pensiero" y la plegaria del tercer acto.

Escena de <i>Nabucco</i> en el Gran Teatro Nacional de Lima © Coro Nacional de Perú
Escena de Nabucco en el Gran Teatro Nacional de Lima
© Coro Nacional de Perú

El elenco internacional invitado para esta producción estuvo encabezado por el barítono italiano Giuseppe Altomare, quien ha venido a Lima varias veces para interpretar títulos como Tosca, La traviata, Aida, Il trovatore y Gianni Schicchi. Altomare posee una voz noble típica verdiana y canta con un bella línea. Su Nabucco tiene bellos momentos belcantistas durante el "Deh, perdona" del tercer acto, y su gran aria "Dio di Giuda" del cuarto acto. La soprano italiana Rachele Stanisci, si bien es un voz lírica más adecuada para otros roles, logra acomodar la proyección de su voz para sonar dramática y dar un efecto poderoso. Su versión de Abigaille es sumamente malvada, lo que nos recuerda a la Lady Macbeth que Verdi escribirá más adelante. El bajo venezolano Ernesto Morillo tiene una voz oscura y poderosa que se escucha sobre el coro y la orquesta en los fortissimi. Morillo le induce mucho dramatismo y verismo a su Zaccaria, y a la vez consigue una versión íntima en su plegaria del segundo acto.

El elenco se completó con cantantes peruanos. La mezzo Josefina Brivio como Fenena ofreció una versión intensa con un timbre lírico, oscuro y con un impecable sentido de interpretación. El tenor Juan Antonio de Dompablo como Ismaele, a pesar de poseer un bello timbre ligero que logra hacerse escuchar sobre la orquesta, aún no ha resuelto del todo el rol, en términos vocales ni escénicos, sin embargo, deja una buena impresión en general. Carlos Martínez, Juan Pablo Marcos y Flora Cabrera cumplen con los breves roles de Sumo Sacerdote asirio, Abdallo y Anna.

El director italiano Marco Boemi es respetuoso con el estilo temprano de Verdi, sin embargo su lectura es anticuada, lenta, y no le saca todo el jugo a la brillante orquestación de esta obra. La Orquesta Sinfónica Nacional presentó una versión nerviosa, logró bellos sonidos en las cuerdas, pero el conjunto no estuvo cohesionado. Estas partituras de Verdi son para tocarlas con corazón y entrega, de lo contrario, se percibe un efecto distante y Verdi no está presente del todo.

La dirección de Víctor García Sierra es correcta y su propuesta escénica es resultó interesante, con ambos mundos, el hebreo y el asirio, combinados en un mismo espacio. El trabajo de mapping de Yitzhak Fowks resuelve las escenas más difíciles de montar, como el incendio del templo de Salomón. La realización del vestuario a cargo de Marco Guion, no estuvo a la altura del diseño moderno y tan estilizado ideado por Mariana Hotineau, con lo que quedó un poco deslucido.

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