La OCNE dedica su carta blanca (ese homenaje que realizan cada año a un compositor vivo) este año a Philip Glass, uno de los compositores más relevantes hoy en día ya desde sus inicios en la estética minimalista en los años 60 y 70. Sin embargo, la idea de este concierto es presentar al Glass menos minimalista, ya habiéndose alejado de la corriente a finales de los años 80. Para ello contaron con Dennis Russell Davies, habitual en los estrenos de las obras del compositor de Baltimore, frente a la plantilla de la Orquesta Nacional de España.

El compositor Philip Glass © Rex Features
El compositor Philip Glass
© Rex Features

Como inicio a esta velada, comenzaron con The Light, un poema sinfónico compuesto en 1987. Es la obra más cercana cronológica y estilísticamente al minimalismo de las tres programadas. Con un comienzo con rasgos e influencias de finales del XIX, pronto aparece uno de los elementos característicos de muchas de las obras de Philip Glass: el ostinato rítmico, en muchos casos un arpegio de un acorde, realizado por los cellos. Conforme se van añadiendo las diferentes familias de instrumentos, se crea un crescendo y accelerando típico de sus obras, así como continuos cambios de tempo y de ritmo. Claramente el elemento rítmico, y especialmente el ostinato, son claves en esta obra, y se echó de menos que la cuerda frotada de la orquesta acentuase y subrayase este hecho. 

La segunda obra interpretada es una de las más recientes del compositor norteamericano. Compuesta para el famoso dúo pianístico de las hermanas Labèque, es un encargo de la OCNE junto con otras orquestas internacionales. El Concierto para dos pianos y orquesta se aleja completamente del estilo minimalista y muestra grandes influencias de la música popular. El parámetro rítmico sigue siendo fundamental en la obra, y el contrapunto en las partes a dúo se entendió a la perfección. Las hermanas canadienses diferenciaron las partes más rítmicas y virtuosas de las más delicadas, como el tercer y último movimiento. En las partes orquestales a tutti pudimos observar una característica común en las obras de Glass: la presencia de los timbres individuales de viento frente al tratamiento más de conjunto de la parte de cuerda frotada. Tras la ovación del público, las hermanas Labèque ofrecieron como bis el último de los Cuatro movimientos para dos pianos, obra que Glass compuso para el dúo en 2008, con un final espectacular, virtuoso y apoteósico. 

La última obra de la noche fue la Octava sinfonía de Glass, compuesta en 2005 y posiblemente una de sus obras más aclamadas y de mayor complejidad de los últimos años. Aquí su tratamiento orquestal es más minucioso, con una presencia mayor de timbres individuales en todas las secciones de la orquesta. Se dota de gran importancia y relevancia a la sección de percusión, que en este caso, y liderada por Juanjo Guillem, estuvo completamente dentro del estilo, haciendo que se percibiera con claridad la dificultad rítmica de la partitura. Al igual que el Concierto para dos pianos, esta pieza se aleja del estilo minimalista y prima lo melódico. La obra goza de un gran movimiento y diversidad dinámica, tímbrica y de tempi, con secciones de contrapunto entre los diferentes instrumentos. Los timbres individuales de viento cobran gran relevancia, especialmente el de trompeta o el oboe. 

La OCNE, a excepción de la sección de percusión, no supo aprovechar la maestría de Philip Glass a la hora de componer sus obras sinfónicas. Es posible que Russell Davies, a pesar de ser un experto de primera mano de la obra del compositor, no supiese inculcar en la orquesta la energía que tienen las obras programadas, al no ser tan carismático como otros directores más habituales de la OCNE. 

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