El Lied Festival Victoria de los Ángeles (LIFE Victoria) hacía su presentación madrileña en el Museo Thyssen con un concierto de corte contemporáneo. Con autores como Cage, Berio, Crumb o Messiaen, el programa buscaba afinidades con una de las exposiciones temporales actuales del museo, dedicada a Pollock y Warhol en torno al eje contrapuesto (o tal vez no tanto) entre abstracción y figuración. Un ejemplo claro de lo que, todo reunido y sumado, podría definirse como postmodernidad, a saber, la coexistencia de distintos discursos reelaborados bajo un mismo marco.

La primera parte acogió a dos artistas del LIFE New Artists (un programa de promoción del talento joven en ámbito vocal) con la soprano Paula Malagón y la pianista Cristina Sanz y obras de Debussy, Poulenc y Berg. Malagón posee una voz potente, de límpida emisión, bien calibrada en el tercio alto. También derrochó entusiasmo, que desentonó en ciertos momentos donde hubiera sido preferible mayor contención. Asimismo, se podría indicar como área de mejora un dominio mayor en algunos aspectos como la expresividad (el bloque sonó más bien monolítico) y dicción. En todo caso, una voz con mucho valor y plenamente merecedora de formar parte del programa del LIFE Victoria.
A continuación los protagonistas del concierto fueron la mezzosoprano Fleur Barron y el piansista Kunal Lahiry con un repertorio que justamente se hacía eco de la exposición antes mencionada, hibridando lenguaje popular con vanguardia. De hecho, la primera parte estuvo dedicada a The Wonderful Widow of Eighteen Springs de Cage y las Folksongs de Berio, donde las estéticas contemporáneas envuelven el material primigenio. Las Folksongs se presentaron en el arreglo para piano de Kian Ravaei, que en cierta medida pierde el color orquestal que realmente caracteriza la mano de Berio, aunque por otro lado expone la línea vocal a su toda su crudeza y exigencia. Barron mostró su capacidad de penetrar en los lenguajes contemporáneos con los oportunos matices y sabiendo complementar la parte vocal con el respecto dramático. A la mezzo no le falta ni agilidad, ni potencia, aunque el registro más alto sea algo esforzado y tímbricamente no sea una voz muy rica en armónicos. Es cierto también que, como la propia cantante indicó en un breve discurso, en ciertas obras como las que se proponían en esta ocasión, se busca otro tipo de belleza, rehuyendo la imagen de redondeada perfección, a favor de la expresión más inmediata. Si bien detrás de esta intención siempre estuvo el discurso bien meditado y orquestado, especialmente desde el piano de Lahiry.

Un buen punto de equilibrio fue el bloque dedicado a Messiaen y Valcárcel, con una valiosa dialéctica entre ambos autores que permitió introducir una interesante modulación expresiva en el dúo. Brillante y entretenido fue el Stripsody de Cathy Berberian, con Barron mostrando su registro más histriónico y actoral, en el que desde luego no se queda atrás, así como el bloque final dedicado a Bolcom y sus Cabaret Songs, en las que el refinamiento melódico se tiñe de absurdismo y todo cobra un poso de desconcierto.
En suma, una velada muy interesante en primer lugar por el apoyo de LIFE Victoria al talento joven haciéndonos descubrir figuras con Malagón y Sanz. Por otro lado, es absolutamente encomiable, presentarse con un repertorio que merece la pena descubrir y profundizar, además de tan bien concebido por Barron y Lahiry, quienes dejaron claro como se pueden conjugar orígenes distintos, hacerlos coexistir y reelaborarlos en un único contexto.

















