El cada vez más aclamado Jaume Santonja ejerció en esta ocasión como director invitado de la Orquesta Sinfónica de Tenerife, ofreciendo un programa pleno de luminosidad y pasión romántica, combinando en la primera parte obras más conocidas como la obertura de Tannhäuser de Wagner y el Concierto para piano de Schumann, para terminar con el menos difundido poema sinfónico de Richard Strauss –motor de esta temporada– Aus Italien, con la participación al teclado en la segunda pieza del argentino Nelson Goerner. Lo cierto es que las expectativas no se cumplieron de manera inapelable.

La ópera Tannhäuser es un canto a la redención y al amor eterno, dividido por el protagonista entre los deseos lascivos y los más puros, cuya dicotomía expresa su obertura de manera preclara entre los motivos del canto de los peregrinos hacia y desde Roma y la Bacanal desarrollada en el Venusberg, un total contraste de sensaciones que en esta ocasión no alcanzó la brillantez esperada. Los lentos tiempos impuestos por la batuta así como algún pequeño desajuste convirtieron la ejecución en casi anodina, sin la pasión que requiere este repertorio. La emotividad de la pieza debe transmitir agitación, y en esta ocasión se dio así.
El Concierto para piano, op. 54 de Schumann es una columna esencial de entre los concertantes. Acometido por el citado Nelson Goerner, esta obra de especial dificultad para el solista por su carácter sinfónico fue resuelta a lo largo de su clásica estructura de sonata en una línea también algo irregular. Vaya por delante que el pianista en cuestión es un excelente músico fuera de toda duda y resolvió su parte de manera notable. Pero nuevamente se notaron las prisas y la falta de empatía en la concepción global del concierto entre el solista y la batuta. Sí es cierto que la ejecución fue de menos a más, logrando un Allegro final realmente destacado, si bien los dos primeros movimientos adolecieron de cierto carácter rutinario, echándose de menos esa simbiosis imprescindible entre orquesta y piano que conforman una brillante interpretación.

Aus Italien, op. 16 de Richard Strauss culminó el programa de la velada, ampliando la afortunada oferta de esta temporada en orden a la difusión de este tipo de obras del músico muniqués, al que era tan afín, adentrando al oyente en los menos difundidos y sin embargo de gran interés. Esta pieza, primero de los numerosos poemas sinfónicos de su autor, recrea los encantos del país transalpino: desde su campiña o las ruinas romanas, hasta la playa de Sorrento y el bullicio napolitano, de forma descriptiva y sumamente programática, pero a la vez de gran libertad formal a modo de evocaciones del visitante. Siendo la primera vez que la Sinfónica de Tenerife la interpretaba, esta segunda parte sí que merece amplios elogios por la sutileza exhibida en su ejecución, plena de matices, especialmente en los temas dedicados al sur italiano y la fuerza impresa en sus motivos más folclóricos y grandilocuentes. Los recuerdos de Strauss durante su viaje a Italia se vieron igualmente bien reflejados en las partes de la ruinosa pero majestuosa Roma, expresados enérgicamente y con perfecta rotundidad por la masa orquestal, así como los dedicados a las bucólicas emociones provenientes de la naturaleza del país, tratadas con la delicadeza y énfasis. La ingente percusión se movió con gran seguridad en torno, ahora sí, a un trabajo orquestal bien trabajado, y que da fe de la valía del maestro Santonja, de quien se espera actuaciones de mayor enjundia.
En suma, una jornada de claroscuros si no redonda tampoco decepcionante, que en conjunto no dejó de ser aceptable y sumamente profesional.

















