La dulzura del sonido de Isabelle Faust y la dirección concentrada a la vez que fluida de François-Xavier Roth regresaron el carácter y espíritu del Stravinsky más poético, fulminante e introspectivo. Tres piezas que engloban la dimensión rupturista, fuera del estructuralismo y la forma. En las líneas que conforman estas partituras se intuye el soplo de modernidad evocado de la variedad tímbrica, el juego de ritmos y con pasajes marcados por el contrapunto de las secciones orquestales. El conjunto Les Siècles recreó primigeniamente este planteamiento politonal y de tensiones con triunfo.

El conjunto Les Siècles
© Les Siècles

La suite de El pájaro de fuego (1945) es de lo más claro de esta configuración de estilo. El ‘nuevo lenguaje’ del autor es recogido en espíritu y fuerza por el conjunto de Roth, quien dio un tratamiento a la orquesta variado, enfatizando los conceptos a través de las tonalidades y el juego de tempos. Una potencia visual de la narración trasladada a un discurso sonoro repleto de asociaciones por la orquestación; véase en el solo de fagot inicial hasta el diseño rítmico final de la pieza, conjugando todas las estéticas, ritmos y tonalidades en un todo narrativo-simbólico. Roth y Les Siècles aportaron extravagancia y color, con matices sutiles en la recreación de las representaciones atmosféricas, como en la presentación del tema principal, o cómo se va formando el grueso armónico, potenciado visiblemente en la sección de vientos y cuerdas. La dirección de Roth siempre es personal; su planteamiento se compone, entre otras cosas, de la búsqueda de pureza del timbre, lo llamativo de las melodías o del detalle colorista de los componentes. Especialmente destacó en esta interpretación los detalles armónicos, combinados suavemente con los ritmos interiores de la melodía, o la textura y energía que traza en cada cuadro sonoro.

Fançois-Xavier Roth
© Mark Allen

El Concierto para violín fue presentado y casi resuelto con plenitud de protagonismo por Isabelle Faust. Sus tempi animados, su estilo combativo pero no asfixiante, el dominio y la frescura que aporta a la lectura de las obras, hacen de Faust una de las referentes solistas de violín de nuestros tiempos. Un estilo enérgico, nítido y preciso. Y su Stradivarius tiene algo de encantado. Rescatado de un castillo alemán, conserva aún el mástil original de 1704, y con él consigue registros finísimos; abordó los detalles contrapuntísticos y vertió vitalismo en los temas melódicos, siendo más evidente en el Aria II y en Capriccio. Destacó una primera parte marcada por el diálogo entre la solista y los violonchelos, en el que también se concentró un desarrollo alegre con pasajes de tensión, marcados por los ritmos y los cromatismos. Faust hizo uso de una amplia gama tímbrica, subrayando el temperamento y control en la interpretación. Exploró recursos, ataques y sonoridades, que son muestra de su impresión personal en el hacer.

Finalmente, la Consagración de la primavera acabó por sentar la genialidad rítmica y orquestal de la que goza Les Siècles. Una muestra de tensión y dinámicas extremas, el sincopado y los acentos direccionados por Roth valieron la ovación final. De lectura enfatizada en los desencadenamientos rítmicos y en la intensidad de los pasajes, atendió a los matices de volumen y a la fuerza expresiva de la línea compositiva. Fue destacada la segunda parte de la obra, encontrándose con las suspensiones politonales y un carácter más dramático, remarcado también por la polirritmia y el protagonismo de la percusión, así como los contraltos de cuerdas y sus trémolos.

Les Siècles atravesaron la ejecución dotando al material compositivo de una continuidad con predominio del ritmo por encima de las líneas cromáticas, que le valieron el más que aprobado del público.

****1