No es extraño ni descarriado imaginar a Boccherini relacionado con el ambiente de corte típico de la segunda mitad del siglo XVIII ni asociar su música al estilo clásico y galante de la época. Sin embargo, ni la vida del compositor fue tan cómoda ni estable en una sola corte, ni su estilo se reduce a una mera música de circunstancia, apta al simple entrenamiento aristocrático. Este es un estereotipo, a menudo radicado en relación con el compositor italiano, que el grupo liderado por Josetxu Obregón se ha propuesto eliminar. La Ritirata, homenaje ya desde el propio nombre a una de las piezas más significativas del maestro de Lucca, propuso un recorrido antológico en el que brillaron las elegantes melodías, los sorpresivos efectos y la inventiva de Boccherini, así como su alma más melancólica representada por el violonchelo de Obregón.

El conjunto La Ritirata
© Michal Novak

Abrió el concierto el Quinteto para cuerdas en si bemol mayor, G. 337, el cual dio la tónica general de la velada: la formación actúa segura, con profundo conocimiento del material que aborda. El empaste sonoro se presenta bien ligado, compacto en la estructura armónica y liviano en las acrobacias melódicas de cada uno de los componentes, como si el sonido arrancara de una misma matriz para hacerse muchos y luego volver. Los instrumentos de época permiten plasmar una sonoridad libre de matices recargados obteniendo un resultado equilibrado, aunque, sobre todo en la primera parte, con algunas asperezas y notas poco pulidas.

Después del Minuetto del Trio G. 102, no pudo faltar la Musica notturna delle strade de Madrid, G. 324: la muy célebre composición que nos devuelve al Madrid goyesco, que no es tan difícil de imaginar si damos un paseo por la Plaza Mayor y sus alrededores. Aquí Obregón y La Ritirata dieron rienda suelta a los recursos y las sorpresas que la composición contiene, hilando con destreza los varios momentos, vertebrando el conjunto con la pujanza rítmica de manera muy natural y divertida y recorriendo una interesante paleta de colores y dinámicas.

Tras la pausa, con los instrumentos bien templados, el resultado fue incluso más interesante. El Cuarteto de cuerda en sol mayor, G. 223, conocido como La Tirana, sacó a relucir la faceta más madura del compositor italiano. Además de las cualidades apreciadas anteriormente, el cuarteto afrontó con rigor los claroscuros de esta obra, en la que junto a la elegancia de la melodía afloran motivos contrapuntísticos, discretos pero profundos. Así mismo el Adagio del Concierto para violonchelo en sol mayor, G. 480 exhibió la voz meditativa por excelencia del instrumento baritonal: un tiempo lento, aparentemente simple, pero de una belleza culminada en su proporción. Y así lo entendió Obregón, que plasmó el movimiento con un fraseo bien terso, un sonido limpio y un equilibrio dinámico ejemplar.

Culminó el concierto el Quinteto en re mayor, G. 341, con su conclusivo tiempo de fandango. Esta pieza también célebre reunió todas las cualidades de la formación: desde la atención a la vitalidad rítmica a la expresividad melódica, destacando la solidez y la complicidad del conjunto y su habilidad de rasgar esa primera capa de ligereza de la música de Boccherini y mostrar su complejidad y dramatismo.

Sin duda se trató un concierto ejemplar por la capacidad de ofrecer un panorama significativo de la obra del compositor afincado en Madrid, el cual fue interpretado por Obregón y La Ritirata conjugando buen gusto, rigor musical y un manifiesto placer por hacer música juntos.  

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