Con potentes tuttis y especial atención al texto narrativo se desarrolló el oratorio Elías de Félix Mendelssohn, en conmemoración del primer aniversario de la Gran Sala Sinfónica Nacional. Bajo el nombre “Resonancias”, el concierto dio inicio con una confusa intervención artística lumínica a cargo de DelightLab para, después de unos minutos, dar curso al oratorio. Dirigida por Helmuth Reichel, la Orquesta Sinfónica Nacional destacó por los crescendi, reforzando la dimensión religiosa y conmovedora de la obra. Ese tono narrativo fue continuado por los cantantes solistas que, mediante acentos y entonaciones, transitaron con veracidad entre personajes furibundos, miserables y extasiados.

Solistas, Coro Sinfónico de la Universidad de Chile y Orquesta Sinfónica Nacional © Jacqueline Uribe | CEAC
Solistas, Coro Sinfónico de la Universidad de Chile y Orquesta Sinfónica Nacional
© Jacqueline Uribe | CEAC

El juego de luces se efectuó al son de una partitura para órgano —único músico en el escenario— con la sala a oscuras. Haces de luz láser ondulados y rectos, sincronizados con la melodía, dibujaron la pieza. Terminado el breve espectáculo, las autoridades presentes brindaron una serie de discursos por el aniversario de la Sala, mientras el equipo de luces se retiraba. No hubo enlace entre luces y concierto. Si bien fue una propuesta interesante de diálogo entre disciplinas artísticas, la falta de articulación la hizo sentir artificial y forzada.

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Helmuth Reichel © Jacqueline Uribe | CEAC
Helmuth Reichel
© Jacqueline Uribe | CEAC

En la obertura, ligeras desincronizaciones entre violines y violonchelos fueron ajustándose mientras crecían las líneas melódicas y el volumen. La dirección de Reichel centró la energía orquestal en los diálogos entre voces solistas y coro, con una detenida construcción de tensión y clímax. El director contuvo a las cuerdas en ritardandi, dejando espacio a los bronces para resolver en primer plano los acordes. La estrategia permitió la diferenciación entre los distintos capítulos de la vida del profeta. Los momentos más suaves fueron ejecutados con dulzura, destacando el rol de las violas en el milagro de la resurrección. A través de fluidos arpegios de preciso pulso, facilitaron el sustento armónico para el virtuosismo de los cantantes.

El barítono Christian Senn interpretó a un excelente Elías de limpia dicción y voz rasposa de vibrato moderado. Las gesticulaciones y movimientos corporales enfatizaron su carácter profético en la obra, aportando también a la comunicación con los demás cantantes y Coro. Buen dominio de los agudos y florituras en Ist nicht des Herrn Wort, donde demostró maestría vocal incluso en altas velocidades. Gonzalo Quinchahual, tenor, interpretó distintos roles con limpieza y habilidad. Sus intervenciones contrastaron con el estilo solemne del protagonista. Interesante su interpretación de Acab, cuya rapidez y agilidad vocal hizo la imagen del rey nervioso y malvado.

Los solistas Christian Senn y Gonzalo Quinchahual © Jacqueline Uribe | CEAC
Los solistas Christian Senn y Gonzalo Quinchahual
© Jacqueline Uribe | CEAC

Pilar Garrido optó por una voz más suave, con ocasionales agudos de impronta reluciente. Siguiendo esa lectura del texto, sus personajes, a menudo incrédulos que, tras la intervención de Elías, creen en Dios, comenzaron con una proyección más tímida. Respaldados por la orquesta, incrementaron su desplante, otorgando un sentido teatral y religioso a la historia: la transformación a través de la fe. Tal fue el caso durante el milagro de la lluvia, donde la soprano transformó la voz de un niño vacilante en una presencia firme y resonante. La brasileña Carolina Faria, con quien Garrido realizó un cuidado dúo inicial de índole trágica, se mantuvo al margen de la efusividad emocional de sus pares. El timbre grave de la mezzosoprano le ayudó a transitar con sobriedad los recitativos, sin impedir oportunos saltos entre notas. A diferencia de sus pares, sus roles no fueron siempre humanos. En el primer acto, fue un ángel. En el siguiente, como Reina Jezabel, desplegó una mayor carga dramática, promoviendo con efectividad el funcionamiento del relato.

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Pilar Garrido y Carolina Faria © Jacqueline Uribe | CEAC
Pilar Garrido y Carolina Faria
© Jacqueline Uribe | CEAC

El Coro de la Universidad de Chile experimentó ciertas falencias en los graves, con ocasionales desafinaciones y desincronizaciones. Las secciones de semicoro fueron desiguales, a menudo inexactas en coordinación. Sin embargo, los tutti se abrieron monumentales. Impactante fue el duelo entre Elías y los sacerdotes de Baal, donde el Coro actuó con furia, desesperación y un sonido formidable. Con los solistas se mantuvo siempre coordinado, haciendo del texto una verdadera conversación y conservando una elocuente interacción dinámica con la orquesta.

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