“No existe un día o semana típicos –que nos gustaría– y en raras ocasiones lo tenemos. Un día puedo estar clasificando música y preparando las cosas para un concierto, al día siguiente puedo estar pasando los arcos para una ópera, y al otro, transportando particelas” me comenta Alastair Simpson, archivero jefe de la Orquesta Sinfónica de Bournemouth, mientras admiro los interminables estantes de la biblioteca tras él. Debe de haber cientos de miles de partituras, ediciones y partes orquestales, y es imposible no ver el orgullo y la alegría con la que Alastair los supervisa: "Ciertamente, tiene algo de peso".

Alastair Simpson en la biblioteca de la BSO © Claire Rawles
Alastair Simpson en la biblioteca de la BSO
© Claire Rawles

Lo que más me sorprende es la muchísima antelación con la que los archiveros de orquesta tienen que trabajar. Cuando hablé con Alastair a mediados de mayo, la mayoría de los programas del verano ya estaban organizados. “Dentro de unas semanas estaré trabajando ya en la próxima temporada. Al comienzo de la nueva temporada, estaré pensando en los conciertos de Navidad, y en Navidad pensaré en la segunda mitad de la temporada. Trabajamos con tanta anticipación para poder encarar cualquier problema a medida que surja”. Si las partituras están en nuestra biblioteca, solo hay que localizarlas y sacarlas, pero si hay que pedirlas o alquilarlas, el archivero tiene que ponerse en contacto con el editor con suficiente tiempo. “La próxima temporada presentaremos este melodrama de Liszt recién descubierto [Vor hundert Jahren (Hace cien años)]. Ya hemos solicitado la música a Weimar, y nos las están enviando por correo, así que llevará algo de tiempo”.

A principios de la semana se devuelven a la biblioteca las partituras de los conciertos de la semana anterior. Estas deben revisarse, clasificarse y retornarse a su lugar en los estantes o devolverlas a la editorial. Los jueves y viernes son para ponerse al día, hay menos distracciones y pueden continuar organizando música para más adelante. “Intentamos trabajar con seis semanas de antelación a cualquier concierto para que la música esté disponible para los profesores de la orquesta. Luego pueden sacar las partes para practicar, echar un vistazo o asegurarse de que lo tienen bajo control”. Antes de ese momento, Alastair debe asegurarse de que están todas las partes y de que todos los arcos coinciden. Una vez que comienza el concierto, su trabajo, para ese programa en particular, está hecho. ¿Entonces cada músico es responsable de traer su propia parte? “Siempre proporcionamos partes extra para las cuerdas. Esto es porque es la sección más numerosa y hay más posibilidades de que alguno de ellos de la pierda. No es que los instrumentistas de cuerda sean más olvidadizos...”.

La partitura de <i>Carissimia</i> de Elgar con la firma del compositor © BSO
La partitura de Carissimia de Elgar con la firma del compositor
© BSO

La BSO realiza, de media en cualquier temporada, más de 140 conciertos, así que puedes imaginar la enorme cantidad de partituras y partes que están en uso en un momento dado. Todas estas partituras y partes son responsabilidad de los archiveros, que hacen malabarismos con una multitud de tareas para garantizar que en los ensayos y, sobre todo, en los conciertos, todo funcione sin problemas. “Una de las tareas principales es la de pasar los arcos y detallar los ascendentes y los descendentes. Cuando vemos los instrumentos de cuerda de la orquesta subiendo y bajando el arco del mismo modo, no es una cuestión estética, sino técnica”. En general, es el concertino el que decide los arcos, y si es una obra nueva para la orquesta, presta su parte para que Alastair los copie en las partes de los jefes de sección. “Es bastante trabajo, especialmente en las óperas. A veces, es más práctico dejar esta labor para el fin de semana y concentrarse en ello sin preocuparse por ninguna otra tarea”.

La mayoría de los directores y solistas están conformes con las ediciones de las que dispone la biblioteca. Pero algunas peticiones son un poco más complicadas y requieren realizar algunas pesquisas. “Con las obras de nuestro ciclo “Voces del Este” hemos aprendido bastante al tratar de rastrear obras de música poco frecuentes. Es cierto que no son inusuales en Ucrania, Armenia o Azerbaiyán ni en ninguno de los otros lugares de los que proceden los compositores o donde son conocidos, pero en Reino Unido no tenían agente o editor. Para la Cuarta sinfonía de Avet Terterian, Kirill [Karabits] quería la versión original, que no está publicada. El Terterian Estate tiene el único manuscrito que existe, así que lo fotocopiaron y escanearon y nos lo enviaron por correo electrónico. Luego lo reorganizamos e imprimimos aquí.

Partitura de <i>Pomp and Circumstance</i> de Elgar unida con sellos de bombas de la guerra © BSO
Partitura de Pomp and Circumstance de Elgar unida con sellos de bombas de la guerra
© BSO

Además de preparar partes orquestales nuevas, los archiveros deben ocuparse de mantener las existentes en buenas condiciones y asegurar que el papel, tanto de partes como de partituras sea lo suficientemente fuerte como para resistir otra temporada. El proceso de reparación de partituras es un oficio en sí mismo. “Al ser una orquesta con tanta historia, gran parte de la música de nuestra biblioteca tiene décadas, y en algunos casos, cien años o más. Usamos cinta especial para reparar los documentos, pero inevitablemente, con el uso, las partituras y partes acaban por estar demasiado gastadas, en cuyo caso compramos nuevos sets”. Alastair sostiene dos asombrosas partituras de Elgar ante la cámara. "Este está pegado con sellos de bombas de la Primera Guerra Mundial de 1915, y esta es la partitura de director, firmada por el propio Edward Elgar cuando vino aquí". Pasear entre los estantes de la biblioteca debe parecer, a veces, como retroceder en el tiempo.

Los archiveros de orquesta suelen tener muy distintos bagajes ya que no existe una formación o vía específica para llegar a esta profesión, eso sí, todos comparten la pasión por la música y, a menudo, una historia como instrumentistas. Alastair, graduado en música, comenzó en la BSO con unas prácticas de marketing de seis meses en 2014, durante ese periodo "mostraba demasiado interés en lo que se hacía en la biblioteca". Su entrada a la biblioteca fue gracias a otras prácticas de seis meses que realizó cuando terminó en el departamento de marketing y allí sigue desde entonces, recientemente ha pasado a ser Jefe de la Biblioteca.

¿Qué habilidades necesita un archivero? “Ser organizado, cuidadoso y ordenado y tener conocimientos musicales. Esta labor te atrapa y a continuación se trata de aprender. Cometes errores, sí, y es a base de resolver errores como aprendes a salir del agujero”.

Kate Risdon leyendo Braille © BSO
Kate Risdon leyendo Braille
© BSO

El Resound Ensemble de la BSO ha sido muy instructivo para Alastair. En 2018 la BSO se convirtió en la primera orquesta del mundo en formar un conjunto profesional integrado y dirigido por personas discapacitadas y tan solo seis meses tras su creación, el BSO Resound se convirtió en el primer conjunto de ese tipo en tocar en los BBC Proms. “Le proporcionamos las partes a la flautista Kate [Risdon] que es ciega. Necesita la música con mucha antelación, unos tres meses en lugar de seis semanas, las partes se pasan a Braille que ella lee y memoriza. Todo esto lo aprendí en una conversación telefónica con ella. Son las mismos símbolos de Braille, pero significan cosas diferentes si se trata de Braille musical. También es un código similar al Braille matemático. Ha sido una gran enseñanza respecto al tipo de cosas que la biblioteca debe hacer y en las que otras personas ni siquiera piensan”.

Cualquier día a lo largo de la temporada es diferente y, ciertamente, no hay un día típico en la vida de un archivero de orquesta, pero, al menos para Alastair, esta parece ser la parte más emocionante y agradable del trabajo.