Mahan Esfahani © Kaja Smith
Mahan Esfahani
© Kaja Smith

Todo el mundo tiene su canto de sirena particular que le lleva a Praga. En el caso de Mahan Esfahani, el canto es el clave y la sirena era Zuzana Růžičková, la estrella que en los años cincuenta sacó el instrumento de los museos y prácticamente sola le devolvió su estatus en los escenarios.

Esfahani vivía en Londres cuando comenzó a viajar a Praga a comienzos de 2011 para estudiar con Růžičková. No tenía planes de mudarse, pero con el tiempo, el atractivo de la ciudad se volvió irresistible. "Cuanto más iba, más se convertía en un lugar de solaz”, comenta. “Estar con Zuzana era siempre una experiencia musical fascinante. Y también comencé a conocer a otra gente muy interesante y a descubrir su increíble cultura musical”.

Lo que Esfahani encontró fue un lugar en el que la música no era una afición, sino un estilo de vida. “Lo que me resultó alucinante sobre la República Checa fue que no es como los entendidos que tienen su propia cultura musical y la persona de a pie no tiene ni idea de música”, dice. “Música y cultura es lo que define la nacionalidad de los checos. Y cada checo tiene una manera distinta de consumir música”.

Como ejemplo, Esfahani nos da su visión de tres de las cinco orquestas que hay en la ciudad de Praga. “Tenemos la orquesta principal, la Filarmónica Checa, donde va la flor y nata”, dice. “Después, la Orquesta Sinfónica de la Radio de Praga, que atrae a gente joven porque hacen muchos programas muy originales. Y la Orquesta Sinfónica Nacional Checa es donde los taxistas llevan a sus mujeres a escuchar Smetana y Dvořák. Cada grupo tiene su propia orquesta, que es alucinante”.

Tal y como Esfahani descubrió cuando empaquetó su clave y se mudó a Praga en septiembre de 2015, conocer el entorno fue otro asunto. El pulso musical de la ciudad es evidente ante la cantidad de salas de conciertos, teatros y otros espacios, y los numerosos jóvenes caminando con instrumentos a la espalda. Pero para un expatriado que no habla ni escribe en checo, enterarse de lo que pasa puede resultar difícil. La publicidad es mínima, la promoción es todavía algo nuevo, y a los avezados, parece que, sencillamente, les llega la información.

Tras varios años haciendo amigos y conociendo la escena local, Esfahani cuenta ahora entre los bien informados. Una lección aprendida es que las cosas buenas se presentan en envases pequeños: espacios inesperados como el Atrium in Žižkov, un centro cultural de barrio a unos 10 minutos de su piso en Vinohrady. Del tamaño modesto del Atrium no esperarías una programación en la que figuran regularmente intérpretes checos de primera línea como el pianista Martin Kasík y el violinista Ivan Ženatý, y eventos como el festival internacional de piano. La intimidad del espacio, en el que los intérpretes socializan con frecuencia con los miembros del público tras el concierto, refleja otro notable aspecto de la cultura musical checa.

“Aquí tienes la sensación de que los intérpretes más importantes son como personas de a pie” dice Esfahani. “En un lugar como Nueva York o Londres, serían inaccesibles. En Praga, te los encuentras en los cafés y son personas corrientes. Está muy bien vivir en una sociedad prácticamente sin clases, especialmente cuando vienes de Inglaterra, donde hay tantas capas sociales que tienes que escalar. La igualdad aquí es una maravilla”

Next Door, un exclusivo restaurante hermano pequeño del Café Imperial en la Ciudad Nueva © David Karlin
Next Door, un exclusivo restaurante hermano pequeño del Café Imperial en la Ciudad Nueva
© David Karlin

Esfahani sigue la pista de pianistas como Jan Bartoš, cuyo reciente lanzamiento de las obras de Janáček para piano solo ha despertado interés internacional. Acude a sus conciertos y es un habitual del ciclo que organiza Bartoš llamado Prague Music Performance, al que ha traído artistas desde el pianista de jazz Brad Mehldau al legendario especialista en Beethoven Alfred Brendel. Entrar en ese círculo le ha llevado a conocer otros ciclos que en su ir y venir pueden pasar desapercibidos, como un festival de música bizantina y ortodoxa que se montó en octubre. Esfahani se adapta igualmente a festivales de primer orden como el Contemplus y Strings of Autumn, en el que ofreció un recital de música americana en noviembre.

El ciclo de la Sociedad de Música de Cámara Checa, de 125 años, es un básico, especialmente los conciertos que se hacen en el pequeño Suk Hall en el Rudolfinum. Esfahani es un habitual de los conciertos de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Praga en el Dvořák Hall (esta orquesta ha tomado un repunte bajo la dirección artística de Alexander Liebreich). También es un fan de la PKF -Philharmonia de Praga, con la que aparecerá en el Festival Primavera de Praga en 2020, interpretando Haydn y Nyman. “No puedo ser imparcial porque he he tocado con ellos un par de veces, pero la PKF es una orquesta joven fabulosa que hace un gran trabajo”, comenta.

La pareja de Esfahani es aficionado a la ópera, así que con frecuencia se le puede encontrar en el National Theater y State Opera, así como en los teatros asociados al National Theater por todo el país. “Parte de la atracción de Praga es que puedes tomar un tren e ir a lugares como Ostrava o Brno o České Budějovice a ver ópera de primera clase en provincias”, nos cuenta. “La ópera en Praga es una lotería, las dos últimas que vi –Dalibor y The Love for Three Oranges– eran tan buenas como cualquier producción en Europa.

Cuando no va a conciertos, Esfahani suele frecuentar lugares por los que también salen músicos como el Újezd Pub en Malá Strana. Desde ahí, solo hay dos paradas de tranvía a Malého Glena, donde su amigo el pianista Najponk toca jazz. Más cerca de casa, sus colegas del Pavel Haas Quartet son habituales del retro Kavárna Kaaba, y el Prádelna Café resulta acogedor y agradable para estar solo. “En Londres no tenía adonde ir a leer un libro - al menos, ninguno donde no te cobraran 50 libras por las bebidas”, dice Esfahani.

Otro de los favoritos es U Rudolfina, un pub cerca del Rudolfinum en el que es casi imposible no encontrarse con músicos tras los conciertos. “Hacen un goulash horrible, pero te encuentras con muchos compositores del Conservatorio de Praga también”, dice Esfahani.

Para cenar bien, a Esfahani le gusta Next Door, un exclusivo restaurante hermano pequeño del Café Imperial (literalmente pared con pared) en la Ciudad Nueva. “Representa todo lo que me gusta de Praga” dice. “Se respira el ambiente de la buena cultura culinaria austrohúngara, mientras que recupera aquello por lo que era famosa la comida checa en el s. XIX: una innovadora manera de utilizar ingredientes y una magnífica carta de vinos. La comida checa tiene mala prensa en Europa occidental, que proviene de los pocos platos disponibles durante el periodo de bloqueo y Next Door adopta esto de manera muy convincente. Para mí, no hay mada mejor que unos buenos callos de ternera con pimentón acompañados de un austero y seco vino blanco moravo”.

Mahan Esfahani © Kaja Smith
Mahan Esfahani
© Kaja Smith

Una agenda bastante completa mantiene a Esfehani de giras gran parte del tiempo, pero cada vez más, da conciertos en Praga, y pocoo a poco está construyendo su propio público. Esto también le ha llevado tiempo. Tal y como Esfahani ha aprendido, en un país que aún se está recuperando de medio siglo de ocupación Nazi y Comunista, los extranjeros no son aceptados fácilmente ni de forma inmediata, especialmente si tienen carreras sólidas en el extranjero. “Cuando llegué a Praga, al principio daba la impresión de que estaba de paso”, dice. “Pero cuando la gente se dio cuenta de estaba decidido a quedarme aquí, que me estaba comprometiendo, y que iba a tocar música checa, todo fue bien”.

Y Esfahani siempre está buscando oportunidades para involucrarse más aún. Tan pronto como el que piso que se ha comprado esté remodelado, se mudará a él, en el barrio cercano a Domovina, el estudio de la discográfica checa Supraphon. “Me paso cuando amigos míos están grabando ahí, es un lugar increíble”, dice. “Estoy intentando convencer a mi discográfica Hyperion para que me dejen grabar aquí. Sería estupendo levantarme por las mañanas y, sencillamente, ir andando hasta el estudio de grabación”.

Mientras tanto, Esfahani se ha convertido en guía turístico, por decirlo de algún modo, y les enseña la ciudad a los amigos que le visitan como la Orpheus Chamber Orchestra o el pianista Marc-André Hamelin. “Cuando vienen amigos de fuera, me encanta enseñarles Praga”, dice “siento que es mi ciudad”.

Esto es cierto incluso cuando viaja. “Siento lo que los checos sienten”, comenta. “Cuando estoy fuera, pienso, esto está bien, pero estoy deseando volver a casa. ¿Por qué querría estar en ningún otro sitio?"

Haga clic aquí para ver los próximos conciertos de Mahan Esfahani.

Este artículo ha sido promocionado por Prague City Tourism.

Traducido del inglés por Katia de Miguel