La actividad musical en Madrid mantiene a los aficionados con las agendas completas y tanto como disfrutar de un concierto de calidad, a los madrileños nos gusta pasar el resto de la noche con los amigos con los que hemos asistido al evento tomando cervezas y tapas en algún local acogedor, para concluir con un agradable paseo nocturno de vuelta a casa, que es posiblemente algo que no haga habitualmente.

Calle del Espejo, al lado del Teatro Real © Malopez 21
Calle del Espejo, al lado del Teatro Real
© Malopez 21
Los seguidores de la ópera viven pendientes de lo que acontece en el Teatro Real. Ofrece una sólida temporada de títulos, entre los que hay producciones propias y producciones procedentes de otros teatros y algún estreno, en la actualidad se encuentra bajo la dirección artística de Ivor Bolton. Las entradas para cada producción salen a la venta unas semanas antes del estreno, y, dependiendo del título, se suelen agotar en el día, al menos las más económicas, así que es necesario un poco de planificación. Si la función no termina muy tarde, es decir, no ha ido a ver una ópera de Wagner, puede pasearse por las callejas del Madrid de los Austrias y parar en la Taberna la Cruzada para unas bebidas y tapas informales o subir hasta la calle Santiago, donde en Taberneros puede cenar cocina elaborada y de gran calidad, además, su carta de vinos es excepcional. Es posible que quiera explorar esta zona durante el día y pasear por sus sinuosas calles, en ella se reúnen talleres de luthiers, guitarreros, tiendas de partituras y de discos. Se topará también con la Escuela Superior de Música Reina Sofía, en la que organizan conciertos gratuitos a cargo de los aventajados alumnos, son muy populares, así que hay que hacer cola para poder acceder.

El otro importante espacio con temporada lírica es el Teatro de la Zarzuela, cuya oferta se centra en el género autóctono. Las producciones son en su mayor parte del propio teatro y las restantes en coproducción con otros teatros españoles. Se programan zarzuelas del s. XIX y principios del XX, época dorada del género, y, ocasionalmente, alguna joya del barroco español. El interior del edificio es encantador, además, no es muy grande, tiene un aforo de 1200 butacas y perfecta visibilidad desde el 85% de los asientos. Si no es por una zarzuela, quizá quiera acudir a un concierto de Lied o un espectáculo de la Compañía Nacional de Danza, que también se programan.

Hall de entrada del Teatro de la Zarzuela © Teatro de la Zarzuela
Hall de entrada del Teatro de la Zarzuela
© Teatro de la Zarzuela
Las calles alrededor del teatro son tranquilas y no verá muchos locales. La opción más práctica es ir a Los pinchitos, un bar humilde adónde acuden los trabajadores tanto del teatro como de las oficinas de la zona, y sirve uno de los chocolates con churros más auténticos de Madrid. En el otro extremo, y si se siente innovador y sofisticado, está Kirei, comida japonesa del más alto nivel.  A medio camino entre ambos les propongo uno de mis sitios favoritos en Madrid, Lamucca de Prado, informal, amplio y luminoso ofrecen desde pizzas caseras a guisos tradicionales, buenos vinos y mejores gin-tonics.

El gran centro de la música en Madrid es el Auditorio Nacional, tiene una vida mucho más corta que los anteriores, se inauguró en 1988, y sus dos salas, la sinfónica y la de cámara, tienen una acústica excepcional. En él se desarrolla la actividad de la Orquesta Nacional de España junto al resto de propuestas a cargo de promotores como Ibermúsica, Scherzo, La Filarmónica, Excellentia o CNDM, entre otras, por tanto, mantiene una intensa actividad musical y hay conciertos casi todos los días.

Auditorio Nacional de Música © Luis García
Auditorio Nacional de Música
© Luis García

Los de la Orquesta Nacional son en viernes, sábado y domingo, y no es difícil conseguir entradas a lo largo de la temporada. Si ha decidido en el último momento que quiere escuchar a la ONE, las taquillas están abiertas una hora antes del concierto; y si es menor de 30 años, media hora antes del concierto puede adquirir la entrada por 1 € (le pedirán acreditación de edad tanto en la taquilla como en el acceso a la sala). No se encuentra, como los anteriores, en el núcleo histórico de la ciudad, sino en un barrio de oficinas y viviendas, para muchos aficionados, bastante gris. También en la zona norte se encuentra la Fundación Juan March. Un centro de difusion e investigacion del arte. Organizan magníficas exposiciones y mantienen varios ciclos de conciertos a lo largo de la año. Todas las actividades son gratuitas o de precios muy asequibles.

En un enclave mucho más vivo se encuentra el Museo Reina Sofía. Era parte de un complejo hospitalario junto al contiguo Hospital San Carlos, en la actualidad Real Conservatorio Superior de Música. Por ese motivo, las calles que están a la espalda del Museo, parte del barrio de Lavapiés, tienen nombre de doctores. En el Auditorio de la impresionante ampliación de Jean Nouvel también se organizan conciertos de música contemporánea y propuestas vanguardistas, no deje de visitar el gran bar de la planta baja, no todos los días se puede disfrutar de estar sentado en el centro de un edificio arquitectónicamente tan impresionante. De nuevo, tiene la opción de perderse por las calles de Lavapiés, aquí la oferta es tan variada como los habitantes del barrio y los paseantes que lo frecuentan, y hay desde restaurantes senegaleses hasta tabernas gaditanas. En cualquier caso, el local más cercano al museo es La Caña, y no falla, ofrece buenas tapas y buenos vinos.

Patio de la ampliación de Jean Nouvel del Museo Reina Sofía © Jean-Pierre Dalbéra
Patio de la ampliación de Jean Nouvel del Museo Reina Sofía
© Jean-Pierre Dalbéra

Claro está, la música no es la actividad central del museo, si no la muestra contemporánea. El Guernica vive aquí, junto a otras importantes obras de Picasso, Dalí, Juan Gris y Saura, la impresionante escultura de Lucio Muñoz y la personalísima de Julio González. Antes de continuar viendo obras maestras de la pintura en el cercano Museo del Prado, puede hacer una parada en el Jardín Botánico, un pequeño y tranquilo oasis donde apreciar numerosos ejemplares de los cinco continentes, además de una importantísima colección de bonsáis iniciada y después donada por el antiguo presidente del gobierno Felipe González. El Museo del Prado no necesita mucha presentación, siendo una de las pinacotecas más importantes del mundo, eso sí, las obras más importantes de Goya y Velázquez es algo que solo puede ver aquí, y no se olvide sentarse un rato frente a Las Meninas, (hace años se mostraba solo en una sala pequeña, y creo que era mucho más acertado) o ir a ver el autorretrato de Goya. Si lleva su afición a la música a todos los ámbitos, puede explorar el Prado por sus cuadros con instrumentos musicales.

Escaleras en el interior del Monasterio de las Descalzas Reales © Patrimonio Nacional
Escaleras en el interior del Monasterio de las Descalzas Reales
© Patrimonio Nacional
También se pueden escuchar conciertos muy interesantes en espacios tan maravillosos como iglesias o palacios, Patrimonio Nacional es la institución que vela por todos los edificios que pertenecen a la Corona, que en todo el país son muchos, y organiza conciertos en algunos de ellos. Uno de estos espacios, aunque no ofrece conciertos, está íntimamente ligado a la música, es el Conventos de las Descalzas Reales en Madrid (fundado por Juana de Austria, hermana del rey Felipe II, se inauguró en 1559), allí trabajó el compositor Tomás Luis de Victoria desde 1587 hasta 1611 cuando murió; aunque nunca se ha encontrado su tumba, las monjas que habitan el convento creen saber donde yace. El edificio tiene un reducido horario de visita, es un convento de clausura en el que todavía viven unas 20 monjas y la visita representa un gran contraste con la agitada vida en pleno corazón de la ciudad donde se encuentra. Además del edificio, se visita el museo, del que destaca un conjunto de tapices de diseños de Rubens (algunas de estas tablas están en el Museo del Prado).

Como en cualquier gran ciudad europea, lo más práctico es trasladarse en metro. Pero realmente, para moverse por el centro, apenas merece la pena. Las distancias no son largas, muchísimas calles son peatonales y, como hemos comentado anteriormente, pasear por Madrid es una actividad de lo más placentera.