La velada en la que algunos miembros de la Orchestre de Chambre de Toulouse fueron invitados a compartir escenario con la Orquesta de Extremadura se configuró alrededor de obras tardo románticas y contemporáneas, que compartían el hecho de ser compuestas para homenajear diferentes hechos históricos y personales, lo que permitió un interesante viaje de expresiones musicales.

Roberto Forés al frente del la OEX y de la Orchestre de Chambre de Toulouse © Orquesta de Extremadura
Roberto Forés al frente del la OEX y de la Orchestre de Chambre de Toulouse
© Orquesta de Extremadura

La Música fúnebre de Lutosławski abrió el programa con una primera parte sumergida en una introspección sombría, en la que destacaron las cuerdas graves, y un ritmo marcado. La sección Metamorfosis se caracterizó por manifestar una sensación de movimiento, gracias a una dirección flexible. Aquí, los miembros invitados de la Orchestre de Chambre de Toulouse demostraron cohesión con la OEX. En Apogeo destacó especialmente el férreo control de la velocidad. Además, el exquisito trabajo en cada entrada de las secciones orquestales y la transparencia en el contrapunto imprimieron color en la orquesta. Epílogo cerró de forma precisa la pieza transmitiendo el suspense continuo gracias a la buena ejecución de las cuerdas y los inquietantes glissandi.

En el Concierto para piano y orquesta núm. 3 de Bartók, el pianista Vadym Kholodenko, director y formación orquestal mantuvieron un buen entendimiento. Esto permitió que las transiciones fueran fluidas y la alternancia entre pianista y orquesta contrastante. Aun así, por momentos, la firmeza en las dinámicas de Kholodenko restó presencia a los vientos. Los cambios expresivos en el Adagio religioso cristalizaron en los motivos musicales cortos entre el piano y las secciones orquestales. Además, el pianista ucraniano plasmó una interpretación desprovista de teatralidad pero de sonoridad melosa. Esto permitió un buen empaste en el diálogo con las cuerdas y vientos. El tercer movimiento fue hipnótico, con gran homogeneidad en los tutti y sutiles transiciones muy bien controladas por los instrumentistas. Aquí, Forés consiguió un buen equilibrio de la masa orquestal y estuvo muy atento al acompañamiento de metales y cuerdas.

Vadym Kholodenko junto a la OEX y la Orchestre de Chambre de Toulouse © Orquesta de Extremadura
Vadym Kholodenko junto a la OEX y la Orchestre de Chambre de Toulouse
© Orquesta de Extremadura

La segunda parte la marcó la Sinfonía núm. 9, “Del Nuevo Mundo”, de Dvořák. Obra muy programada, fue esta, una versión coherente y de sonoridad fresca. Forés ofreció una dirección firme, controlando el equilibrio orquestal, y con ello consiguió en el Adagio que las entradas fueran cristalinas y los cambios de tempo bien secundados, subrayando así las intervenciones solistas y los contrastes entre los enérgicos metales y las líricas maderas. Hay que hacer una mención especial al trabajo magnífico del corno inglés y las cuatro trompas en el Largo, al proyectar un sonido sobrio, con un rubato justo y bien integrado en las cuerdas. Si bien el Molto vivace destacó por un tempo preciso y una dirección detallista, que se apreció especialmente en la claridad de los planos sonoros, faltó cierta cohesión en las maderas.

En resumen, la velada resultó en una construcción convincente, respaldada por un sólido conocimiento de las obras y por modelar cada recoveco musical con clarividencia.