Debo decir que lo que me llevó gustosa al concierto inaugural de esta segunda temporada de la Orquesta Filarmónica de la UNAM no fue tanto el programa musical como la participación de la joven directora Jiajing Lai. Ver directoras al frente de las orquestas sigue siendo excepcional en este país –aunque por fortuna se va haciendo cada vez menos raro– y cuando alguna de ellas es invitada no hay que perderse la oportunidad de verla en vivo.

En el caso de Jiajing Lai, la expectativa estaba nutrida, además, por un interesante precedente: hace unos meses ganó el segundo lugar en el concurso internacional de dirección orquestal convocado justamente por la OFUNAM. Ahora la invitación era a tomar la batuta en un concierto completo, de temporada regular, con una orquesta completísima y un programa de obras compuestas por grandes orquestadores.

Pocos minutos bastaron para percibir la simpatía entre orquesta y directora, que con movimientos casi exclusivamente de brazos, claras marcas de compás y gestos muy precisos conseguía no sólo la atenta participación de los músicos, sino un buen sonido, flexibilidad de matices y variaciones de velocidad en las que todos parecían estar muy cómodos.

Un acierto fue empezar con Wu Xing, obra del compositor chino Chen Qigang, que fue la aportación de la directora al programa. Si bien la obra no es del todo desconocida para la orquesta, tampoco es parte de su repertorio frecuente, de modo que allí ella tenía la guía natural y pudo mostrar con autoridad su propuesta. La breve obra en cinco momentos (agua, madera, fuego, tierra y metal) fue una sorpresa llena de referencias sutiles a los elementos, con trozos melódicos de reminiscencia oriental. Llamó especialmente mi atención el fragmento del agua, no sólo por las sonoridades ondulantes, en planos y matices sutilísimos, sino por el gesto de la directora que parecía, como la obra, un ondulante continuo. El último número (metal), un interesante diálogo –a veces no tan gentil– entre percusiones y metales, cual si estuvieran moldeando el elemento en un taller, representó un gran final para esta pequeña y refrescante obra.

Lo que siguió en el programa son obras harto tocadas por la orquesta, repertorio bastante común que, según comentó Jiajing Lai en entrevista, nunca había dirigido antes. Este dato quizá explica la frescura con que abordó tan visitadas obras. Desde mi punto de escucha, lo destacable del Capricho español es el manejo de la orquesta, así que dejando en segundo plano lo melódico, los recursos rítmicos y ese toque un tanto exotizante que no termino de acomodar, la escucha de esta obra fue un deleite tímbrico con intervenciones individuales muy destacadas. La directora, en buen control del fenómeno sonoro, parecía además divertida y sutilmente poseída por el carácter dancístico de la obra, manifestado casi por completo en sus brazos bailarines. Continuó con esa actitud para emprender la suite de El lago de los cisnes a tempi muy ligeros y adecuados para un ballet que sólo se escucha y no se ve. Al igual que en el número anterior, además de la cohesión del conjunto, hubo intervenciones solistas brillantes que redondearon la experiencia. A partir de que el oboe cantó el tema con un sonido y fraseo perfectos, lo demás fue disfrutar a una orquesta cómoda y que sonaba muy bien, con un fraseo muy preciso (una belleza ver arcadas tan parejas), una amplia gama de matices muy bien realizados, a solistas destacados (como el arpa o las maderas, que como sección tuvieron una participación destacada durante todo el concierto) y a una directora en sintonía con la orquesta y con la música.

En una conversación que el azar me trajo en el intermedio, mi interlocutor, un visitante frecuente de esta orquesta, decía: “Es muy buena la directora, exige y le exprime todo a la orquesta y ésta responde”. Y es cierto: los músicos respondieron a cada una de las ideas de la directora y le aplaudieron con verdadero gusto al final del concierto. Al parecer, ella tiene algo que le gusta a esta agrupación: precisión técnica, gestualidad sobria, pero expresiva, y algo que no se ve en el concierto, pero que se puede deducir fácilmente: un diálogo franco con la orquesta.

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