Con una flamante Mimì de Yaritza Véliz en La bohème, se inicia la temporada de ópera en el Municipal de Santiago. El trabajo de Puccini, que cumple 130 años desde su estreno, es revitalizado en una nueva producción de Cristina Gallardo-Domâs. La visión reconstituye una apuesta muy conservadora de la ópera bajo una mirada tan teatral como musical.

<i>La bohème</i> en el Municipal de Santiago &copy; Alberto Díaz | Municipal de Santiago
La bohème en el Municipal de Santiago
© Alberto Díaz | Municipal de Santiago

El día del estreno, el tenor estadounidense Michael McDermott estuvo en el papel de Rodolfo. Su desempeño fue desigual. Manejó muy bien el registro medio, sin embargo, cedió en las notas más agudas. Los vibratos, demasiado abiertos, resultaron una distracción en las emblemáticas arias del primer acto. Ya en "O soave fanciulla" comenzó a bajar el volumen, decisión que mantuvo durante el resto de la obra e impidió desarrollar el carácter de Rodolfo. Nunca pudo dejar de ser cobarde e indeciso.

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La interpretación de Véliz, en cambio, rellenó los espacios faltantes de la voz masculina, amoldándose a su compañero y cubriéndolo en los duetos. Nunca intentó ensombrecer, pero sí proveyó la energía necesaria para las partes más apasionadas, sin dejar de ser frágil cuando debía serlo. La soprano proyectó con éxito los variados matices de la heroína: pasando por la timidez en "Mi chiamano Mimì" a la convicción en su lecho de muerte. Véliz era una de las artistas más esperadas, pues fue becada por la corporación del Teatro durante diez años y se presentaba en su papel estrella. Las felicitaciones retumbaron en la sala, abundando los gritos y silbidos.

Yaritza Véliz (Mimì), Michael McDermott (Rodolfo) &copy; Alberto Díaz | Municipal de Santiago
Yaritza Véliz (Mimì), Michael McDermott (Rodolfo)
© Alberto Díaz | Municipal de Santiago

Musetta también brilló. Encarnada por Camila Romero, ofreció su característico vals del segundo acto con un encanto juguetón. Gracias a un fluido fraseo, hizo parecer naturales sus difíciles melodías. Junto a su novio, Marcello, y los demás bohemios, inspiraron alegría y chispa con su presencia, pues casi siempre estaban en escena. Mientras la acción principal tenía lugar, se podía ver a través de una ventana la vida cotidiana del grupo de amigos, viéndolos charlar, beber o jugar a las cartas. 

Escena <i>La bohème</i> &copy; Alberto Díaz | Municipal de Santiago
Escena La bohème
© Alberto Díaz | Municipal de Santiago

De hecho, la ambientación estaba llena de detalles sorprendentes. Este fue el caso de la figura de Puccini, quien apareció entre la niebla durante los duetos románticos, como si admirase los personajes cuyas melodías había creado. La estela de humo que dejaba otorgó intimidad a arias como "Che gelida manina". Una acertada adición, pues ni siquiera era necesario saber quién era para disfrutar de las silenciosas apariciones.

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La Orquesta Filarmónica de Santiago se lució bajo la batuta de Paolo Bortolameolli. Cada momento tuvo su impronta melódica característica y los instrumentos transitaron con suavidad entre legatos, pianos y fortissimos. Un detalle de encantadora ejecución, fue el arpa, a cargo de Cristina di Bernardo, quien introdujo ese toque melancólico y puro en las secciones de Mimì. El Coro del Municipal de Santiago también destacó por su calidad vocal y precisión, mezclándose con el coro de niños Mawunko y la banda en escena en la ocasión de los festejos de Navidad en el pueblo.

Yaritza Véliz (Mimì) &copy; Alberto Díaz | Municipal de Santiago
Yaritza Véliz (Mimì)
© Alberto Díaz | Municipal de Santiago

La bohème demostró ser un buen inicio para la temporada de ópera en el Municipal, optando por una gran inclusión de talentos propios e internacionales. A pesar de su fama, la propuesta asombró. El solo hecho de mover su ambientación a los años cuarenta ya la hizo sentir diferente. Gallardo-Domâs insistió en la calidad teatral. No solo las personas; la escenografía también se movió. Edificios rotaron para dar paso a un pueblo entero y nevó. Hasta un perro tuvo su momento de estrellato paseándose asustado por las tablas. Así, el espectáculo consiguió reafirmar uno de los principales postulados de La bohème gracias a su diálogo entre interpretación y paisaje: las inevitables ganas de vivir.

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