El Teatru Manoel de La Valeta vibró con seguidillas, palmas y zapateado en la semana inaugural de la 14.ª edición del Valletta Baroque Festival. El reducido aforo de esta joya de la arquitectura teatral, inaugurada en 1732 y reformada en 1814, proporcionaba un marco ideal para la intimidad y cercanía con el público que requiere la tonadilla escénica. Aunque pueda extrañar la inclusión de este género, cuyo apogeo se sitúa a finales del siglo XVIII, en un festival de música barroca, uno de los empeños del director artístico Kenneth Zammit Tabona es el de explorar y expandir los límites del mismo, aportando perspectivas nuevas. Forma Antiqva, por su parte, se acerca desde el mundo de la música barroca en el que son referentes indiscutibles a un género que hunde sus raíces en el teatro del Siglo de Oro.

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Pilar Alva y Forma Antiqva, con Aarón Zapico al clave, en el Teatru Manoel © Valletta Baroque Festival
Pilar Alva y Forma Antiqva, con Aarón Zapico al clave, en el Teatru Manoel
© Valletta Baroque Festival

La música de estas tonadillas escénicas no es especialmente compleja y la soprano Pilar Alva la sirve bien, diciendo el texto con claridad encomiable e intención. La voz es atractiva y la presencia, cuidada: vestida con un estilizado y sensual modelo flamenco en blanco y negro, la melena suelta y abanico en mano, anuncia España a los cuatro vientos. Las obras se presentan en arreglos que prescinden de los oboes, flautas, trompas, clarines y hasta timbales de las partituras originales, pero asegurando aún así una textura rica, variedad tímbrica y equilibrio sonoro con tan solo seis músicos. Excelentes solistas todos ellos, reunidos aquí en distintas combinaciones, ofrecieron unas interpretaciones llenas de vitalidad y humor, en perfecta sintonía. Es una música que disfrutan, esto se percibe y lo acaban contagiando.

A pesar de la calidad de los intérpretes y la implicación creciente de un público inicialmente algo distante, la propuesta no terminó de cuajar. Y es que el carácter escénico de las tonadillas no se desarrolló apenas. Las artistas que supuestamente se buscaba homenajear fueron celebradas por sus coetáneos por su dominio total del escenario, desde el que interactuaban con el público, ya coqueteando, ya recriminando, reivindicando y entreteniendo. Se echaba en falta una dirección de escena que reforzase y realzase la meritoria prestación de Alva y la liberase del corsé de la versión de concierto. Escudándose tras el atril, pendiente de la partitura y rehuyendo el contacto visual con los hombres y las mujeres del público a quienes, sin embargo, se dirigen expresamente sus palabras (“mosqueteritos” del patio los primeros, ocupantes de la cazuela las segundas) no hubo verdadera comunión con la sala hasta el bis, una repetición del caballo de La guía nueva, «Así llamaba una chusca», y el animado fandango que le sigue, «Las mujeres con los hombres». Aquí reveló su potencial, dejando a un lado la partitura, bailando, zapateando e interactuando de forma desinhibida con el público, que respondió con gusto y entusiasmo.

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Forma Antiqva en el Teatru Manoel © Valletta Baroque Festival
Forma Antiqva en el Teatru Manoel
© Valletta Baroque Festival

Estos dos minutos finales permitieron vislumbrar las razones del tirón excepcional que tuvieron en su día las tonadilleras, así como lo que podría haber sido un espectáculo que apareció lastrado por cierta incoherencia: la defensa encendida de las cómicas en el programa no dio el salto al escenario y de María Ladvenant, La Valenciana, María del Rosario Fernández, La Tirana, y María Antonia Vallejo Fernández, La Caramba —las Wonder Women del título— no hubo ni la sombra.

Con todo, siempre es motivo de alegría la recuperación y difusión de este repertorio y es una estupenda noticia que finalmente empiece a conocerse, y apreciarse, fuera de España: los esfuerzos de Forma Antiqva en este sentido son dignos de elogio.

El viaje de prensa de Aaron Vincent ha sido promocionado por Malta Tourism Authority.

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