Fundados por Sir John Eliot Gardiner en agosto de 2024, The Constellation Choir & Orchestra constituyen el núcleo musical del nuevo proyecto con el que el director británico ha abierto otra etapa de una trayectoria que ha transformado nuestra manera de escuchar los más diversos repertorios. Su visita a Santander representaba una prueba especialmente exigente: abordar desde el historicismo dos grandes obras sinfónico-corales de Brahms y Mendelssohn. La duda podía resultar todavía más razonable en Mendelssohn (de hecho, el propio Gardiner dejó hace una década una espléndida grabación de la obra con la Sinfónica de Londres). Esta duró exactamente hasta el mismísimo momento en que la música empezó a sonar, y se hizo evidente que la gran virtud de Gardiner, a sus 83 años, sigue intacta: una extraordinaria capacidad para rodearse de intérpretes excepcionales y extraer lo mejor de ellos mediante un trabajo exhaustivo y extenuante. Asombroso como con efectivos reducidos, The Constellation venció la no siempre fácil acústica de la Sala Argenta generando un sonido de una presencia y una capacidad de impacto formidables.

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Sir John Eliot Gardiner © Pedro Puente | Festival Internacional de Santander
Sir John Eliot Gardiner
© Pedro Puente | Festival Internacional de Santander

La Canción del destino fue modélica. Gardiner hizo de la transparencia una prioridad expresiva: líneas limpísimas, articulación precisa, planos perfectamente diferenciados realzando una escritura que con formaciones mayores puede adquirir excesiva densidad. Ihr wandelt droben im Licht caminó con serenidad luminosa, sin pesadez, mientras que el contraste de Doch uns ist gegeben adquirió una violencia dramática formidable. El postludio recuperó una calma que no era resignación, sino suspensión espiritual. Fue un Brahms despojado de cualquier maquillaje sonoro y precisamente por ello, auténticamente brahmsiano.

Pero el gran acontecimiento de la noche llegó con la Sinfonía núm. 2 en si bemol mayor, “Lobgesang”. Desde el majestuoso motivo inicial y germinal de los trombones –nobles, incisivos, abrumadores– quedó claro Gardiner no pretendía ofrecer una lectura de cámara de una obra monumental. Todo lo contrario. Los instrumentos históricos o de concepción histórica –con las inevitables pequeñas contingencias de afinación que comportan los metales naturales– aportaron un orgánico sonoro poderoso, directo, extraordinariamente físico. El Maestoso con moto, llevado a un tempo muy vivo por Gardiner tuvo impulso y grandeza; el Allegretto un poco agitato, ligereza, movilidad y un magnífico juego de articulaciones; y el Adagio religioso alcanzó una sensibilidad excepcional, sostenida sobre una cuerda flexible que evitó cualquier atisbo de sentimentalismo.

Sam Cobb y  Hilary Cronin © Pedro Puente | Festival Internacional de Santander
Sam Cobb y Hilary Cronin
© Pedro Puente | Festival Internacional de Santander

Con la entrada de las voces comenzó otra dimensión de la obra. Hilary Cronin, Sam Cobb y Jonathan Hanley actuaron tanto como solistas como integrantes del propio tejido coral. Voces jóvenes y nuevas, procedentes del magnífico vivero Gardiner, nos deslumbraron por su frescura y la proyección del sonido, su impecable afinación, la seguridad de la emisión y por su adecuación estilística. El sublime Ich harrete des Herrn encontró un bellísimo equilibrio entre las dos sopranos y el coro, mientras que Hanley aportó a Stricke des Todes una delicadísima tensión dramática que enriqueció uno de los grandes momentos de la partitura. La irrupción anunciadora de Die Nacht ist vergangen abrió el camino hacia una sucesión final que Gardiner fue construyendo como un enorme arco ascendente.

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Los ágiles tempi de Gardiner funcionaron porque todo estaba articulado desde dentro: ataques, dinámicas y respiraciones formaban parte de una misma concepción. Incluso en los grandes corales la textura permaneció inteligible, y el empaste alcanzado entre coro y orquesta resultó extraordinario. El Ihr Völker! culminó felizmente la obra, no tanto por acumulación de decibelios, sino por generar la sensación de ser el éxtasis al que la hora previa de canto de alabanza nos había querido transportar.

The Constellation Choir & Orchestra © Pedro Puente | Festival Internacional de Santander
The Constellation Choir & Orchestra
© Pedro Puente | Festival Internacional de Santander

Pero todavía quedaba una última sorpresa. Brahms se volvió a situar en el foco con su Geistliches Lied, op. 30. ¡Inefable! No hay palabras para describir como Gardiner y su coro construyeron una expansión sonora que nos puso literalmente la carne de gallina; desde la concentración íntima inicial hasta un crescendo final construido nota a nota con el amor y la precisión de un orfebre de los sonidos. Después de una Lobgesang ya extraordinaria, los últimos minutos de la noche parecieron proceder de otro lugar bien elevado. En ese momento, viendo como una constelación de voces y sonidos puede ser capaz de crear un auténtico universo musical, cobró verdaderamente sentido el nombre del nuevo grupo de Sir John Eliot Gardiner.

El alojamiento en Santander para Pablo Sánchez ha sido facilitado por el Festival Internacional de Santander.

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