La gala lírica del Festival Internacional de Santander reunió a dos cantantes de acusada personalidad y presencia escénica, Piotr Beczała y Kathryn Lewek, acompañados por la Sinfónica de Bilbao y José Miguel Pérez-Sierra. El generoso programa trazó una suerte de miniantología operística, recorriendo distintas maneras de entender el canto italiano, desde el bel canto de Donizetti y el universo verdiano hasta el verismo de Puccini y Giordano, con un breve bouquet de Bizet intercalado en su parte central.

Kathryn Lewek y Piotr Beczała © Pedro Puente | Festival Internacional de Santander
Kathryn Lewek y Piotr Beczała
© Pedro Puente | Festival Internacional de Santander

Beczała y Lewek tienen bastante más en común de lo que podría sugerir la naturaleza diferente de sus voces. Ambos poseen instrumentos de gran proyección, una presencia escénica inmediata y, sobre todo, una entrega que evita que una gala de arias y dúos termine convertida en una simple sucesión de números. Esa implicación dramática resultó especialmente valiosa en un programa que les hizo pasar sucesivamente por el Duque de Mantua y Gilda, Edgardo y Lucia, Don José y Micaela, Alfredo y Violetta y Rodolfo y Mimì. La obertura de La forza, habitual en las galas dirigidas por Pérez-Sierra –no es la primera vez que se la escucho–, me gustó especialmente en esta ocasión por el pathos que supo imprimirle, apoyado en una muy buena prestación de la BOS, a la altura de las exigencias específicas de una gala de esta naturaleza. Únicamente, como sucedería en otros momentos de la noche, los contrastes dinámicos resultaron por momentos excesivamente marcados.

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Piotr Beczała y Kathryn Lewek con la Bilbao Orkestra Sinfonikoa © Pedro Puente | Festival Internacional de Santander
Piotr Beczała y Kathryn Lewek con la Bilbao Orkestra Sinfonikoa
© Pedro Puente | Festival Internacional de Santander

Rigoletto permitió apreciar de inmediato las diferencias entre ambos cantantes. Beczała exhibió su esperada poderosísima línea de canto, bien sostenida y de emisión franca, mientras Lewek abordó Caro nome desde una vocalidad considerablemente más carnosa de la que solemos asociar a Gilda. Fue una interpretación vibrante, segura, menos apoyada en la fragilidad del personaje que en la riqueza del instrumento. En Parmi veder le lagrime, especialidad que Beczała ha cantado con especial éxito en el Metropolitan, mostró nuevamente su oficio construyendo la frase y expandiéndola progresivamente hasta culminarla en un agudo luminoso y muy bien proyectado. Curiosamente, su Ella mi fu rapita previo, no menos brillante, no estaba anunciado en el programa. Quizá fue en Lucia di Lammermoor donde Lewek mostró de manera más completa las peculiaridades de su voz. Llama especialmente la atención la riqueza de su registro grave, sorprendentemente sustancioso, que convive con una zona alta segura y penetrante. En Regnava nel silencio conjugó densidad tímbrica con una notable sensibilidad en el agudo. Beczała, por su parte, encontró en Edgardo un terreno particularmente propicio para la nobleza de su canto. En su dúo conclusivo en Verranno a te sull'aure, ambos llevaron su caudal vocal prácticamente al límite, haciendo las delicias del respetable.

Piotr Beczała y Kathryn Lewek © Pedro Puente | Festival Internacional de Santander
Piotr Beczała y Kathryn Lewek
© Pedro Puente | Festival Internacional de Santander

La entrada de Carmen aportó al comienzo de la segunda parte un cambio radical de color. Una vez más la voz de Lewek resulte demasiado grande y demasiado corpórea para la vulnerabilidad juvenil del personaje, pero le sobraron musicalidad, y calidad tímbrica. Beczała ofreció en La fleur que tu m’avais jetée uno de los momentos más intensos de la velada, haciendo crecer el aria desde la contención inicial hasta una conclusión desbordante de lirismo, sin sacrificar en ningún momento la línea. Si en algunas ocasiones podemos echar en falta con él un color en la voz más seductor y rico, este no fue sin duda el caso.

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Con La traviata, Lewek afrontó Sempre libera desde un concepto nuevamente más voluptuoso que frágil, con amplitud vocal y presencia dramática. Beczała mostró en De’miei bollenti spiriti soltura con su canto expansivo, fraseo natural y un Alfredo extremadamente elegante. En Parigi, o cara ambos encontraron además esa intimidad no menos importante en una gala de esta naturaleza. En el Intermezzo de Manon Lescaut algún forte pudo resultar una vez más excesivo desde una posición próxima, aunque conviene recordar las dimensiones de una Sala Argenta cercana a las mil quinientas localidades y la necesidad de hacer viajar el sonido hasta su último rincón.

Piotr Beczała y Kathryn Lewek © Pedro Puente | Festival Internacional de Santander
Piotr Beczała y Kathryn Lewek
© Pedro Puente | Festival Internacional de Santander

Beczała convirtió Che gelida manina en una nueva demostración de canto lírico de gran proyección y colorido, mientras que Lewek fue una Mimì nuevamente más carnal que frágil en Mi chiamano Mimì: voz hermosa y voluptuosa, pero no tan vulnerable como para conmovernos. Tras un arrebatado O soave fanciulla, ambos volvieron a evidenciar la formidable química vocal que había sostenido toda la gala. En las propinas, Lewek optó por el espiritual y Beczała por la lírica de Amor ti vieta de Fedora, página ideal para exhibir una vez más la noble expansión de su instrumento.

Como manda una tradición casi inevitable, la noche terminó con el brindis verdiano, tan esperado por muchos como aborrecido por otros. El cierre perfecto para una gala festiva, construida en torno a dos voces de enorme personalidad y entrega escénica.

El alojamiento en Santander para Pablo Sánchez ha sido facilitado por el Festival Internacional de Santander.

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