Fiel a su habitual cita con el público madrileño regresa al Auditorio Nacional la famosa agrupación fundada por Phillipe Herreweghe que, como saben, domina sin inmutarse el repertorio de Johann Sebastian Bach. Y digo sin inmutarse, porque sus interpretaciones tienen la solvencia de lograr el mayor resultado con una aparente precariedad de gestos, y sin elevarse demasiado en el terreno sonoro. Contiene esta formación esos elementos tan preciados por los adalides de la interpretación idiomática, entre ellos, los instrumentos de época y una amplitud más o menos comedida del sonido. No le viene mal la concentración sonora a una Pasión, pero nos parece que a un Oratorio de Navidad le viene mejor una mayor proyección, y un impacto más férreo. O al menos estas son las reflexiones producidas tras apreciar el enfoque del titular de esta ocasión, Christoph Prégardien, que no ha tenido dudas a la hora de sugerir al conjunto una ejecución extrovertida y carismática, alegre y desenfadada, de este singular Oratorio. Ya nos constan grandes logros de esta figura como director de orquesta, y eso que se inició en esta disciplina en el año 2012, de acuerdo a la información referida en su página web. Aquí nos indican que ha desarrollado una especial habilidad para el repertorio de Bach, a raíz de sus colaboraciones como cantante con directores como Gardiner, Harnoncourt o el propio Herreweghe.

El conjunto Collegium Vocale Gent al final del concierto © Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) | Elvira Megías
El conjunto Collegium Vocale Gent al final del concierto
© Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) | Elvira Megías

El caso es que no es una casualidad que actualmente pase por uno de los directores más demandados para interpretar la música de Bach, y hoy nosotros lo podemos confirmar. Cierto es que no hay que restarle mérito a una formación que no admite fisuras y que funciona inequívocamente como conjunto, sin sobresaltar individualidades. Y no fue necesario invertir tiempo en la ejecución para comprobarlo. Ya desde la enérgica intervención inicial del timbal, flautas y trompetas, se sintió que el objetivo era la proyección de la música en su conjunto y no tanto el de las jerarquías instrumentales. El carácter alegre que se percibió en este inicio no hizo sino perpetuarse en una serie de gestos que clarificaban la intención unificadora del director eficientemente combinada con la libertad creativa de sus músicos. No se dio la impresión de un director presentando su criterio a través de una orquesta, sino la de una formación conjuntada por quien conoce la experiencia musical desde los dos lados del podio y comprende las idiosincrasias de cada uno.

Con ello, tanto los instrumentistas como los cantantes dieron lo mejor de sí en sus correspondientes intervenciones, y sin duda resultaría injusto destacar una sobre las demás, pues todos se mostraron deslumbrantes y sobresalientes. Quedan en el recuerdo las arias "Groser Herr und starker König" con unas trompas y un bajo, Peter Kooij, magistrales; y el aria interpretada por el tenor Georg Poplutz, "Frohe Hirten, eilt, ach eilet", que nos permitió, además, admirar la intervención del inolvidable traverso Patrick Beuckels. También hubo momentos de máxima compenetración entre la soprano Hana Blaziková y el Peter Kooij en "Herr, dein Mitleid, dein Erbarmen", y quienes estuvieron atentos debieron percibir el incontestable acompañamiento de los oboes y el fagot, Julian Debordes. A juzgar por la cantidad y la amplitud de las ovaciones los asistentes se inclinaron más bien por las intervenciones del contratenor Alex Potter: nosotros coincidimos con ese entusiasmo, y lamentamos que en su agenda no figuren próximos recitales en Madrid, pues se trata de una figura imprescindible. No debemos olvidar la merecida mención a un coro que nos conquistó ya en el inicio del Oratorio con una complexión abrumadora y una capacidad inusitada para mantener el carácter coral, y para perfilar todo el contrapunto enrevesado con la máxima claridad. Solo por escucharle durante el escaso minuto que duró el Coral "Wie soll ich dich empfangen" habría merecido la pena desplazarse al Auditorio y pagar la entrada. Y aún debemos reconocerle el mérito al alma de la formación, a quienes siempre asumen la buena marcha de la obra, y que no siempre son debidamente reconocidos, los integrantes de un bajo continuo absolutamente preciso, y en especial a Miriam Shalinsky en el contrabajo y a Julien Debordes en el fagot.

Y al final, un acontecimiento inusitado que por ello merece ser destacado. El director, visiblemente satisfecho y agradecido con el esfuerzo realizado levantó uno por uno a todos los miembros de la formación para transmitirle su gratitud y reconocimiento por lo que vino a ser un concierto indudablemente memorable. Los asistentes quisimos perpetuar esta experiencia y no permitimos que la formación se despidiera sin antes brindarnos dos bises, después de todo, y al igual que el cotratenor, no figura Madrid otra vez entre los próximos destinos de la agrupación de Gante.

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