Late Night es un ciclo que ofrece la Orquesta Filarmónica de Berlín a horas más tardías que las de sus conciertos habituales. Presentados como "entretenimientos nocturnos para fanáticos de lo extraño, anárquico y soñador", en estos conciertos se programan obras contemporáneas u otras que no suelen ser tan conocidas, pero que tienen gran interés, con formatos orquestales más camerísticos. La velada que nos ha llegado desde la Philharmonie berlinesa estuvo dedicada íntegramente al compositor ruso Igor Stravinsky, considerado uno de los mayores compositores del siglo XX y del que se cumplen cincuenta años de su fallecimiento. Tres obras que no son de las que más se programan o se conocen, pero que tienen un interés y una calidad extraordinarios.

Oksana Lyniv al frente de los músicos de la Berliner Philarmoniker
© Monika Rittershaus

Oksana Lyniv, artista ucraniana que hizo historia al ser la primera mujer que ha dirigido en el wagneriano Festival de Bayreuth, fue la elegida para abordar un programa con obras de texturas muy diferentes a las del compositor alemán, quedando así demostrada su enorme versatilidad; especialmente si tenemos en cuenta los resultados. La velada comenzó con el Concierto en mi bemol "Dumbarton Oaks" para orquesta de cámara, obra de 1938 que se inspira libremente en los Conciertos de Brandeburgo de Bach. Lyniv, de gestos claros y agradables, concibió los dos primeros movimientos (Tempo giusto y Allegretto) con gran control rítmico, pero dejando lugar a una sensación de disfrute y de buen humor. En el tercero (Con moto), ofreció un gran contraste entre el ritmo general, intenso y contagioso, y el canto expresivo de la sección central. Para ello contó con un conjunto instrumental del máximo nivel, dueño de un dominio instrumental impresionante.

Lyniv y los músicos de la Filarmónica de Berlín volvieron a triunfar con su versión del Octeto, composición de 1922 para ocho instrumentos de viento (presentada en la revisión de 1952), que refleja la visión personal que el compositor ruso tenía de algunas formas musicales del siglo XVIII. En el primer movimiento (Sinfonia: Lento-Allegro moderato), directora y músicos dieron una lección magistral de expresión y virtuosismo, mientras que, en el segundo (Tema con variazioni: Andantino), reflejaron toda la variedad de manera extraordinaria, para seguidamente enfrentarse al polifónico final con un dominio técnico espectacular.

Saludos tras la interpretación de Renard de Stravinsky
© Monika Rittershaus

Para rematar el concierto, se ofreció una versión de Renard (obra de 1916 con claras influencias rusas) absolutamente referencial en lo musical y con una muy divertida dirección escénica de Nina Kupczyk. Participación estelar del mago y mimo Freddie Rutz, artista que combinó gestualidad y trucos de magia durante la representación, interactuando incluso con la directora de orquesta y los cantantes. La historia trata de un zorro que quiere comerse a un gallo, que a su vez es protegido por un gato y un carnero. Trama divertida, y a la vez crítica de aspectos sociales, para la que Stravinsky utiliza una orquesta reducida e incluye instrumentos como el címbalo. Los cuatro cantantes (dos tenores y dos bajos) no tienen personajes definidos y la versión presentada se cantó en ruso, bien que el compositor autorizó idiomas como el francés y el inglés. Tanto los tenores Alexandr Gelah y Anatoli Pogrebniy, como los bajos Anatoli Sivko y Taras Berezhansky fueron magníficos cantantes y actores, mientras que la directora y la orquesta consiguieron recrear de manera maravillosa la portentosa orquestación de Stravinsky.

Un concierto de lujo que supuso un merecido homenaje a una de las figuras referenciales de la historia de la música.

Este concierto se ha reseñado a partir de la transmisión en vídeo desde la Philharmonie de Berlín.

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