Aroldo no es considerada una de las mejores óperas de Giuseppe Verdi, por lo que no se suele programar en los grandes teatros. Sin embargo, contiene suficientes atractivos para ser conocida, especialmente por la inspirada música del compositor italiano, con una extraordinaria vena dramática y relaciones armónicas interesantes, además de arias y conjuntos de gran impacto. En contra de lo que se pueda pensar, Aroldo no es simplemente una variante de Stiffelio, si bien ambas comparten estilo musical y son de temática similar, aquella debe tenerse en consideración de forma autónoma. Aroldo vuelve 164 años después de su estreno al lugar donde se escuchó por primera vez, el esplendoroso Teatro Amintore Galli (actual nombre de los numerosos que ha tenido), prácticamente destruido en los bombardeos de 1943 y reinaugurado en diciembre de 2018.

Aroldo en el Teatro Amintore Galli
© Fabio Zani

La dirección escénica de esta nueva producción corrió a cargo de Emilio Sala y Edoardo Sanchi, en lo que fue la parte más controversial de la velada. Sala y Sanchi tomaron como idea central la historia del Teatro Galli (y sobre todo el bombardeo que lo destruyó) para desarrollar la trama alrededor de la Segunda Guerra Mundial (y no en las cruzadas como es originalmente). Aroldo es un veterano de las guerras africanas de Mussolini que vuelve a Italia junto a un sicario de religión copta (Briano), mientras que Egberto es un alcalde y Godvino su amigo. Al comienzo de la función, el actor Ivano Marescotti pronunció unas palabras explicando la historia del teatro y la idea de los directores de escena; después de lo cual se escucharon sonidos de bombardeos, justo antes del comienzo de la ópera. Durante la representación, se utilizaron vídeos, imágenes y archivos sonoros de la época. Además, hubo algún pequeño cambio en el terreno musical, como el comienzo de la tercera escena del primer acto. En vez de comenzar la orquesta, se utilizaron sonidos radiofónicos durante los primeros compases, que simulaban las radios de los años treinta del siglo pasado. ¿Fue todo esto algo forzado y ajeno a la ópera? Es posible, pero una vez asumido, tuvo cierto sentido y además estuvo acompañado por un espléndido trabajo de vestuario, luces, imágenes, etc. Ciertamente, no será del gusto de todos, pero hubo muchos momentos disfrutables, dada la indudable calidad del trabajo realizado.

Lidia Fridman (Mina), Antonio Corianò (Aroldo)
© Fabio Zani

El aspecto musical fue muy satisfactorio. El director Manlio Benzi, conocedor de estos repertorios, llevó con sabiduría a la Orchestra Giovanile Luigi Cherubini, una espléndida orquesta juvenil creada por Riccardo Muti que mostró estar en gran forma durante toda la velada, tanto en conjunto como en los papeles solistas. Benzi supo entender los diferentes aspectos de la obra desde la Sinfonia (¡espléndido el solo de trompeta!) y también trabajó de manera ejemplar con los cantantes. Solo en algunos pocos y breves momentos se produjeron desajustes con el excelente Coro del Teatro Municipale di Piacenza, conjunto que estuvo a muy alto nivel y tuvo momentos extraordinarios, entre ellos, "Oh qual m'invade ed agita", pasaje contrapuntístico difícil para el coro. La orquesta no tocaba en el foso, sino en el patio de butacas, y solo había público en los palcos.

El trío de cantantes protagonistas estuvo también a gran altura, tanto en los solos como en los momentos de conjunto. La joven soprano rusa Lidia Fridman deslumbró en el difícil papel de Mina: belleza de voz, impresionantes agudos y capacidad expresiva. De entre sus muchos momentos de gran calidad podríamos destacar "Ciel, ch’io respiri!" y "Oh! cielo dove son io?". Era su primera incursión en el repertorio verdiano, lo cual parece asombroso, dados los resultados; y pienso que, a la luz de lo escuchado, Fridman lo tiene todo para ser una de las grandes sopranos del panorama internacional. También estuvo excelente el Aroldo de Antonio Corianò, tenor de fuerza, con voz de gran potencia; pero también capaz de momentos de ensoñación. Fue de menos a más y, en conjunto, logró una actuación globalmente admirable, destacando en "Sotto il sol di Siria ardente", "Vi fu in Palestina tal uomo che indegno" o "Ah, da me fuggi, involati", entre otros muchos momentos.

Escena de Aroldo
© Fabio Zani

Michele Govi demostró sus grandes dotes de actor y consiguió un Egberto variado y creíble, que convenció, a pesar de problemas puntuales como el exceso de vibrato y la dificultad con algunos agudos. Govi triunfó en la comprometida primera escena del tercer acto. Los otros cantantes también fueron satisfactorios, sobre todo Adriano Gramigni, con un Briano serio y profundo, magnífico en "Il Giusto un dì ha detto". Cristiano Olivieri fue un Godvino logrado en lo teatral, aunque a veces adoleció de un exceso de vibrato en lo vocal. Lorenzo Sivelli cumplió bien en su breve papel de Enrico.

En definitiva, una espléndida producción con un alto componente de interés histórico que logró que una ópera, merecedora de más atención, volviera al teatro de su estreno.

Esta producción se ha reseñado a partir de la transmisión en vídeo desde el Teatro Amintore Galli.

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