Desde la primera vez que Alondra de la Parra se subió a un podio para dirigir una agrupación comunitaria en Nueva York, hasta el día en que debutó con la Orchestre de Paris o se presentó frente a 120.000 personas junto a Natalia Lafourcade, Ely Guerra y Denise Gutiérrez en Ciudad Juárez, han pasado 22 años. La suma de experiencias diversas, la gratitud a sus raíces latinoamericanas y la determinación por hacer música son algunos de los rasgos de esta maestra mexicana, quien hoy mantiene compromisos con las orquestas sinfónicas más prestigiosas del mundo.

Para ella, la orquesta es un microcosmos de cualquier organización humana porque al observarla es posible ver las distintas relaciones que se dan en la sociedad: “puedes saber si hay confianza, respeto, disciplina, trabajo en equipo o imaginación”. Quizá por eso, considera que ser líder de ese grupo es uno de los desafíos más grandes, y considera que el rol del director implica despojarse del ego para enaltecer la música y sacar lo mejor del conjunto.

Alondra de la Parra
© David Ruano

“Dirigir una orquesta es conectar a esos seres humanos, conectar esa energía en una sola idea y una sola intención. El cambio que queremos generar los directores a través de nuestros gestos, palabras e ideas es motivar a los músicos a que den varios pasos más arriba de donde están. Ese es mi trabajo, no tiene que ver conmigo, sino con los demás”. Por eso, considera indispensable que un director sepa escuchar y comunicar sus ideas con la batuta más allá de las palabras, pero, sobre todo, debe ser capaz de inspirar a los demás.

Uno de los grandes ejemplos de su vocación por servir y motivar a otros es el proyecto The Impossible Orchestra, el cual De la Parra creó en 2020. En colaboración con artistas de 14 países del mundo como Paquito D’ Rivera, Rolando Villazón, Emmanuel Pahud, o la bailarina Elisa Carrillo, que en otras circunstancias habría sido imposible reunir, realizaron la grabación del Danzón No. 2 de Arturo Márquez durante el confinamiento. La producción, que se hizo viral en redes sociales, tenía como objetivo apoyar a mujeres y niños mexicanos afectados por la pandemia, y más allá de cumplir el cometido, superó las expectativas de la directora.

Alondra de la Parra
© Felix Broede

En su natal México, Alondra de la Parra creció escuchando todo tipo de música: desde rancheras y trova yucateca [género mestizo originado en el s. XIX típico de Yucatán] hasta salsa y rock, estilos que le permitieron formar lo que ella llama “una visión 360 de la música”. Esta mirada resuena con su labor como Embajadora Cultural de México y su propósito como directora: “Mi sueño siempre ha sido que las creaciones latinoamericanas se vuelvan parte del repertorio estándar de cualquier orquesta”, afirma mientras recuerda que a sus 24 años fundó la Filarmónica de las Américas, una agrupación dedicada a interpretar obras de compositores latinos. “Casi veinte años después, esta labor ha dado frutos gracias al trabajo que hemos realizado a la par con otros colegas. De hecho, en 2019, la obra más tocada en todo el mundo fue el Danzón no. 2 de Arturo Márquez”.

Para ella, la principal diferencia entre las orquestas europeas y las latinoamericanas tiene que ver con la tradición sinfónica que, por supuesto, no es tan arraigada en América Latina como en el Viejo Continente, y que durante mucho tiempo determinó el nivel musical entre unas y otras. En la actualidad, cree que la diferencia radica en la forma en que se vive en América Latina, que se traduce en la manera de hacer música: “los latinoamericanos somos por naturaleza alegres, cálidos, con gran sentido del humor y eso ayuda mucho a la música y a la energía a la hora de tocar y conectar con el público”. Su sonrisa detrás de la pantalla así lo confirma.

Pensando en retrospectiva, De la Parra dice que ser músico fue el reto más grande que se pudo plantear. “Me he enfrentado a mucha resistencia, prejuicios y situaciones en las que me han querido desacreditar de manera injusta. Creo que por el hecho de ser mujer y latinoamericana me ha tocado cargar con una bolsa de prejuicios más grandes que a cualquier director”. 

La directora mexicana en una sesión con estudiantes de música
© Nicolas Brodard

“Yo no creo en una visión femenina en el arte, creo en la visión de los artistas. La feminidad y la masculinidad son partes fundamentales para todo ser humano, todos tenemos una mezcla de esto. A mí me pueden poner en un grupo de mujeres directoras y no necesariamente me tendría que sentir identificada con ellas solo por el hecho de ser mujer”, dice De la Parra. Asegura también que tomará un tiempo empezar a romper las casillas y las estructuras rígidas con las cuales leemos el mundo. “Sería más interesante si, en vez de pensar todo dentro de esos esquemas, comenzáramos a pensar que todo el mundo merece una oportunidad hasta que demuestre lo contrario”.

Su labor artística no se limita a las horas de estudio de las obras que dirige desde el podio, sino que busca retarse permanentemente para expandir sus propios límites y fortalecer la creatividad y las habilidades comunicativas: realiza proyectos audiovisuales y colaborativos con bailarines, actores y artistas de distintos campos, creó el programa Música Maestra en el que ella misma entrevista a otros colegas para conocer su perspectiva de la música, escribe y dirige obras para acercar a nuevos públicos a la orquesta y sigue descubriendo la música latinoamericana de la mano de compositores de distintas latitudes.

Alondra de la Parra
© Felix Broede

En su memoria, la directora repasa algunos de los momentos musicales que más la han marcado en su trayectoria. Uno de esos fue su debut con la Orquesta Nacional de España: “fue muy especial porque me entendí de inmediato con la orquesta y conecté mucho con el público de Madrid. Tocamos La noche de los Mayas de Silvestre Revueltas, una obra que trata sobre el amor entre una princesa maya y un conquistador español. Fue un momento muy simbólico”.

Para ella, el arte del sonido tiene el poder de trascender la voluntad del ser humano. “La música te puede sacudir a ti sin que tu le des permiso. Creo que no existe ningún arte que tenga esa capacidad tan poderosa, pues somos seres musicales vibrando con esas frecuencias”.

Hace ya dos décadas y media que Alondra de la Parra se enamoró de la orquesta. Mira hacia atrás para recordar aquella joven de 14 años que se emocionó al escuchar la Quinta sinfonía de Shostakovich y hoy se siente realizada porque pronto dirigirá la Sexta: “la Alondra del pasado no podría creer que ella y yo somos la misma persona; esa joven se sentiría sumamente agradecida con la vida por haber hecho realidad lo que tanto soñaba”.