Pocos directores de ópera tienen mejor vista que Barrie Kosky para el chispeante mundo de la opereta. Sus producciones modernas, su comprensión del humor y la magia de Offenbach y la necesidad de intérpretes virtuosos y brillantes no solo entusiasman al público de la Komische Oper Berlin. Como no podía ser de otro modo, es la persona más adecuada para hablar de la importancia de la opereta en la actualidad en nuestro mes Not Quite Opera.

Barrie Kosky © Jan Windszus Photography
Barrie Kosky
© Jan Windszus Photography

Nadja Dobesch-Warlick: Lo primero, felicidades por su Orphée en Salzburgo. Fue un gran éxito de público y, sin duda, dio a la opereta la atención internacional que hace tiempo que necesita. La opereta está en el ADN de ciudades como Viena y Berlín, pero a nivel internacional es diferente. ¿Cree que es pionero en esta tendencia?

Barrie Kosky: Bueno, puede que no sea el primero, y no soy el único, sino uno de unos pocos. Laurent Pelly también ha dirigido Offenbach con mucho éxito en los últimos años en la Opéra de Lyon [Le Roi Carotte de Offenbach en 2015] y ha atraído a nuevos públicos a la opereta. Cuando comencé en la Komische Oper Berlin como intendente, tomamos una decisión muy consciente de volver a mirar en un momento particular de la opereta en un estilo particular. No he comenzado nada, pero sí creo que ha impulsado algo, y eso es diferente.

Hay, por supuesto, diferentes tipos de operetas de diferentes épocas, las sexys y provocativas de la época de Offenbach, las nostálgicas vienesas que recuerdan los viejos tiempos... ¿Quién cree que está interesado, quién es su público y quién podría estar interesado en qué?

Creo que tienes toda la razón en eso. La opereta es tan amplia como el sistema Fach lo es a la ópera. Pero la opereta solo funciona bien cuando hay una fuerte conexión entre el artista en el escenario y el público. La mayoría de las operetas son comedias musicales (no todas, pero la mayoría), por lo tanto, dependen de la interacción con el público. Offenbach lo entendió muy claramente, sus artistas tenían que ser virtuosos y brillantes. Esto continuó en Viena, Budapest y Berlín, donde las obras se escribían para artistas concretos. El público acudía a las producciones de operetas por un o una determinada artista: ya fuera Hortense Schneider en la época de Offenbach, Fritzi Massary en Viena, y Richard Tauber o Rosy Barsony en Berlín. Estas obras fueron escritas para personas, para artistas, para un tipo de artista muy particular.

Ahora, a la Komische Oper, he traído a personas extraordinarias como Dagmar Manzel, también trabajo con Katharine Mehrling, con Max Hopp y con Anne Sofie von Otter [en Candide de Bernstein]. Anne Sofie es una de las grandes mezzos de nuestro tiempo y tiene un fantástico sentido del humor. Me gusta juntar actores cantantes con cantantes de ópera y con actores de baile, que es exactamente lo que hizo la tradición de opereta. Allí no había cantantes de ópera. La opereta era como el sistema Fach, un Fach muy respetado.

Volviendo a su pregunta y a por qué digo esto: para mí el público tiene que ser muy diverso. No me gusta la idea de hacer algo para un determinado tipo de público. Nunca lo he comprendido y nunca lo he hecho. Quiero un público lo más variado posible. Cuando era joven, no me gustaba que mi teatro estuviera lleno de gente de mi edad. Cuando comencé a dirigir, no quería que mi teatro estuviera lleno de jóvenes de 22 años. Quería que estuviera lleno de todo tipo de personas. Ahora estoy muy, muy mal acostumbrado porque en la Komische Oper tenemos uno de los públicos más diversos que haya visto nunca. Hay una mezcla de estudiantes, abuelos, gente extraña, fanáticos de la opereta, personas a las que les gustan los musicales, y de todo tipo, color, género y orientación sexual. Y este, para mí, es el público de opereta ideal.

Lo de Salzburgo me resultó sorprendente porque me enfrentaba a un tipo de público muy concreto: el que puede pagar 400 euros por una entrada. Pero en concreto en Berlín lo que quiero es, primero, contar con ese público tan diverso y segundo, ya sabes, no quiero que el público se siente a ver una opereta de Offenbach o Paul Abraham, y piense que están frente a algo nostálgico, a lo que escuchaba su abuela, o algo que es como un cadáver al que se le está intentando insuflar algo de aire. No quiero eso. Quiero que lo que vean les entretenga y les estimule.

Cuando Bogdan Roščić fue nombrado director del Wiener Staatsoper, dijo que la ópera es "die größte Materialschlacht der Kulturwelt" ("la mayor batalla material en las artes"). Pero cuando pienso en su Orphée en Salzburgo u otras producciones elaboradas, como el nuevo Csárdásfürstin en el Volksoper Wien, me da la impresión de que la opereta supera a la ópera a este respecto. Tiene los ballets, los extravagantes vestuarios, hay que reescribir los textos para que conecten con el público actual. ¿Está de acuerdo?

Bogdan tiene que decir eso, es el intendente designado... [Kosky sonríe], probablemente yo también lo diría si estuviera en su posición. Lo he comentado muchas veces, y me respaldan 30 años de experiencia en ópera, dirigir una producción de opereta a gran escala es diez veces más agotador, complicado y exigente que dirigir cualquier ópera, incluyendo The Ring. Para que música y texto funcionen, entrelazar los elementos de baile, intentar que la pieza funcione como entretenimiento, pero que también tenga profundidad, desarrollar el estilo de la producción y conseguir que todos actúen en el mismo universo (porque realmente no tenemos tradición de actuación en opereta, excepto tal vez lo que intento desarrollar en el Komische Oper Berlin), esto es agotador. Quedo completamente exhausto después de haber hecho una opereta... ¡pero disfruto haciéndolo!

¿De qué modo ensayar opereta es diferente (en comparación con la ópera)?

Con la opereta hay un proceso. Cuando comienzas a ensayar, tienes que encontrar lo que es divertido, dónde te ríes, dónde se ríen los cantantes. Es muy importante buscar lo cómico en una escena, para el momento. A continuación tienes que matar la comedia ensayándola. Habrá semanas en las que nadie se reirá porque solo se está trabajando con los tiempos. Y de pronto te colocas frente al público y las cosas tienen que ser, con suerte, divertidas de nuevo. Así que los ensayos de opereta no son serios, pero en mis salas de ensayo el trabajo es muy intenso porque tiene que ver con los tiempos. Lo que el público ve en el escenario es algo que ha llevado semanas y semanas, horas y horas de artesanía y de trabajo duro. Pero vale la pena y me encanta hacerlo. En Salzburgo, comentamos con Enrique Mazzola y los cantantes que una de las muchas cosas mágicas que hay en Offenbach es que según comienza la música, sonríes. Hay algo chamánico en la música de Offenbach, algo mágico. Brinda alegría. Y en esta época en la que vivimos, la alegría es algo que mucha gente ve muy cínicamente. Y creo que la alegría tiene un lugar en el teatro, no siempre y no en todas las producciones, pero tiene un espacio allá arriba junto a la tragedia. Y eso es lo que creo que trato de hacer con mis producciones de opereta. No las deconstruyo para destruirlas, las presento de tal modo que irradien un cierto tipo de alegría.

Hemos hablado sobre la diversidad entre el público, sin embargo, muchas operetas juegan con estereotipos racistas y sexistas, ¿dónde está la línea entre ser sexy y provocativo, en el mejor sentido de la palabra, y políticamente correcto?

Esto no es solo un tema sobre la opereta, es una discusión sobre muchas cosas. Tenemos que entender que hay muchas obras diferentes, y algunas de ellas fueron escritas en un momento en que la forma de pensar y de ver las cosas y a las personas era distinta. Hay que ser sensible con algunos problemas; a veces puedes jugar con los estereotipos, ironizar sobre ellos. En otras ocasiones puedes rebatirlos. [Hace una pausa]. Pero, ¡también hay líneas terriblemente racistas y sexistas en Shakespeare! Hay que trabajar con eso, no puedes eliminarlo todo. Se puede jugar con los problemas y hay muchas formas de hacerlo, no hay una manera única de montar un espectáculo. Lo que no me gusta ver es una producción de Das Land des Lächelns, por ejemplo, en la que los vieneses o alemanes de la operetta están disfrazado con pelucas, trenzas y demás para parecer asiáticos. Esto tiene que acabar.

Hablando de extremos: hay quien no quiere ver operetas e incluso algunas óperas, debido a los estereotipos sexistas. Incluso piensan que ya no deberían representarse. Espero que compartamos una opinión diferente aquí ...

Odiaría estar en un mundo en el que se prohibieran obras. Creo que hay muchas piezas que no necesitamos dirigir y no necesitamos ver. Y creo que hay piezas que son ofensivas, pero... no somos niños. Y el público no es tonto. Más bien tiene que ver con cómo se hacen esas piezas, cómo se reciben, y creo que es responsabilidad de las personas que las hacen y lo que hacen con esas obras. ¡El mundo de las artes va a ser completamente anodino si empezamos a poner normas y reglas! El arte es subjetivo. Cada persona que observa una pintura, lee un poema, escucha una obra de música, asiste a un ballet ... está interpretando y proyectando. Todos interpretamos y proyectamos. Dónde alguien ve erotismo, otro ve fealdad. En lo que alguien encuentra ofensivo, otro puede encontrar humor.

Te pondré el ejemplo del Orphée en Salzburgo. Kathryn Lewek (Eurydice) no estaba interpretando un estereotipo, eso es absolutamente ridículo. Se la veía fabulosa. Estaba increíble, y ella se sentía increíble bien. Lewek trabajó con mi diseñadora de vestuario. Les dije: "Mirad, esto de la lencería y los corsés lo dejo en vuestras manos". Y durante el periodo de ensayos trabajaron juntas en que lo que a Lewek le venía bien y le hacía sentir cómoda. Le encantaban todas y cada una de las piezas que vistió. En ningún momento se concibió su papel, ni por mi parte, ni por parte de Victoria Behr, la diseñadora, como símbolo de nada. Interpretaba a una magnífica corista ¡Y parecía una! No quiero hablar sobre todo lo que ocurrió. Solo quiero comentar que las personas del público pueden interpretar eso. Una mujer puede estar frente a esa imagen y decir "No quiero ver más". Tiene derecho a una opinión, a pensar eso, a irse, tiene derecho a decir que está mal - todo el derecho, como cualquier otra persona. Pero otras personas del público también tienen derecho a decir: "Yo no me sentí así". De hecho, es una imagen de empoderamiento. ¡Fin de la discusión!

Además, hoy en día, después de un estreno, el 99% de las compañías de ópera publican fotos y extractos de vídeo de la producción en 24 horas en las redes sociales. Así que uno puede hacer los deberes antes de comprarse la entrada. Antes de que existieran las redes sociales, las cosas eran diferentes, por supuesto, pero ahora la discusión sobre lo que lo que se espera de algo y lo que se obtiene de verdad es ridícula. ¡No haces una reserva en un restaurante sin tener ni idea de lo que hay en la carta!

Traducido del inglés por Katia de Miguel