Lleva ya la Fundación Juan March bastantes temporadas contribuyendo a la historia de la música española con programas de concierto, ciclos y conferencias. Siendo el protagonista del "Ciclo de miércoles" Franz Liszt durante su viaje por España, se presenta esta serie de tres conciertos, uno de los cuales con el mismo programa que interpretó el compositor austro-húngaro durante su estancia en Madrid en el año 1844. El del pasado día 20 lo dedicó a la canción española que fue el mito de la Romantique Espagne en la que tantos compositores decimonónimos en Europa se basaron para hacer sus creaciones. Las influencias musicales durante el periplo de Liszt por la Península Ibérica se vieron reflejadas en las obras que se presentaron en el concierto a cargo del pianista Leslie Howard, y en colaboración con la soprano Laia Falcón.

Sede de la Fundación Juan March © Fundación Juan March
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© Fundación Juan March

Precediendo al espectáculo, Laura Prieto entrevistaba a Antonio Simón en el mismo salón de actos, retransmitido por Radio Clásica. Simón es un pianista experimentado en la obra de Liszt y realiza actualmente sus estudios de doctorado sobre su viaje a la Península, y ofreció una breve pero ilustrativa charla acerca de la temática del concierto y las relaciones musicales con la canción española. Comenzando con la célebre canción "Yo que soy contrabandista" de El poeta calculista interpretada con gracia por Falcón, dio habida cuenta del protagonismo que ha tenido últimamente la obra de Manuel García en Madrid.

Tras la presentación de la pieza de fama tan extendida en la Europa de aquel momento, se dio paso al Rondeau fantastique inspirado directamente en el tema, como ya había realizado años antes con "La Campanella" en los Grandes études de Paganini K. 141. El lenguaje virtuosístico de Liszt se plasmó con algunas incorrecciones por parte de Howard, que, de forma arrolladora, ejecutó la pieza con algunos despistes melódicos y armónicos. La Romanesca S 252a/I se volvió a repetir durante la segunda parte del concierto en su versión S 252a/II –revisada por el austro-húngaro doce años más tarde, de cariz más melancólico–. Los giros melódicos más andaluces y los ayeos trasladados al piano no fueron bien interpretados al ofrecer una versión rápida, escasamente cuidadosa en dinámicas y con trinos poco ágiles. Sí ganó en calidad, sin embargo, su versión del Grosse Konzert fantasie über Spanische Weisen S 253. Sonando temas ibéricos, como la conocida en aquel periodo Jota aragonesa y La cachucha, se mostró la gran variedad folclórica tamizada por el estilo vertiginoso, y a la vez delicado, de Liszt.

De manera más ágil y mucho menos atropellada, el pianista australiano interpretó las lindezas de Gastibelza S 540 en la segunda parte del concierto. Con Los toros del puerto de Francisco Salas, –ejecutada para ser reconocida más tarde en el subsiguiente Romancero Espagnol S 695c–, la soprano lució una nostálgica pieza de melodías pasadas, con una voz bien impostada pero ciertamente nasalizada, y sustentada por un piano bien situado en su rol acompañante. Howard, tras la grabación de la integral pianística de Liszt, no sólo es un intérprete experto en este repertorio, sino que sus labores musicológicas le han llevado a descubrir, editar y publicar el Romancero, con el que cerró la velada. Como buen conocedor del material de esta fantasía tripartita supo transmitir el carácter, con temas fugados y evocaciones bellísimas a tierras hispanas; bien valoró la inteligencia compositiva con la que Franz Liszt captó la esencia de, en aquel tiempo, una terra incognita.

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