Siempre es una buena elección para la Semana Santa una interpretación de la Pasión Según san Mateo de Bach y, a ser posible, por el Collegium Vocale Gent, una formación que ya nos ha visitado en otra ocasión, y con la misma obra. Nuevamente nos visitó esta orquesta capitaneada por Phillipe Herreweghe, y nos pareció que se encuentra el director en plena forma, a juzgar por las generosidades de sus tempi, y por la regularidad de su ritmo. Celebramos los oyentes esta presentación musical en la que asistimos a los últimos acontecimientos de la vida de Jesucristo, según el Evangelio de san Mateo, y con la complejidad y profundidad de la música de Bach.

Como la obra no se representa, le corresponde al rol del Evangelista ir narrando los episodios no dialogados por sus personajes, de forma que los oyentes pueden seguir la trama con seguridad. Tenemos que destacar primero al magnífico tenor Guy Cutting por ocuparse de este rol que requiere claridad, resistencia y expresividad durante todo el encuentro, ya que nos ofreció estos requisitos con una dicción impecable, con una expresión moderada y sin reclamar protagonismo. Se conjuntó sabiamente con el continuo en un ejercicio de mesura sobresaliente, y además fue capaz de expresar intensas emociones en pasajes como el de la crucifixión, que demandan mayor emoción. Sin pretender lucimientos, resultó uno de los mayores pilares de esta obra en la que consiguió mantener la atención del oyente durante las tres horas de intensidad musical concentrada.

Pero antes de sus magníficas intervenciones, ya se nos había presentado el tono solemne y dramático en el primer Coro “Kommt, ihr Töchter”, del cual es necesario destacar una proyección sonora sobrecogedora y un ritmo particularmente incisivo y penetrante. Los coros sonaron conmovedores, intensos, y provistos de una afinación extremadamente precisa. A la evidente independencia vocal lograda por la maestría coral y de la dirección pudimos añadir una expresión dramática significativa, propia de una multitud que reflexiona sobre la pasión, prefigurando unos acontecimientos musicales que mantendrían posteriormente una sincronización ejemplar. Resultó especialmente profundo el Coro "O Haupt voll Blut und Wunden", sin rastro de intención operística, elegante, articulado y con una dimensión espiritual adecuada.

El otro pilar de la interpretación fue, sin duda, el bajo Florian Boesch, que acometió el rol de Jesucristo con una calma y una autoridad comprometidas con el carácter sereno y majestuoso necesario, aunque a veces gravemente intenso. Su papel no exige arias, sino más bien una serie de recitativos apoyados por las cuerdas, y con ello resolvió un papel en el que la profundidad y la contención consiguieron crear un gran efecto dramático y simbólico. Cabe al genio de Bach, y a la comprensión de Herreweghe, que el papel de Boesch destacase como elemento central, al contrastar con el carácter declamado del Evangelista, y con el exaltado y colectivo de los coros.

Además de las intervenciones del resto de solistas, todas sobresalientes, pero con especial mención al contratenor Max Potter y a la soprano Hannah Ely, que, por cierto, vino a sustituir a última hora a Johanna Ihrig, y ofreció un "Blute nur, du liebes Herz!" excepcional, también es necesario mencionar a los solistas de la orquesta que contribuyeron a acompañar las arias con una atención al fraseo y al contrapunto inolvidable. Recordamos especialmente a las flautas y a los oboes, y como no, al violín en el sobrecogedor "Erbarme dich, mein Got" reflejando el dolor, la culpa y la humildad del arrepentimiento de Pedro.
Con todo ello, al final de la interpretación, el conmovedor silencio dio relevo a una acogida unánime; a la intensidad y profundidad de la música y de la narración siguió una respuesta particularmente emocionada, donde todo el mundo se puso en pie, rindiendo un homenaje, no solamente a la grandísima partitura de Bach, sino a la profesionalidad de toda una formación que es inconcebible sin la figura del igualmente grande Herreweghe.

















