Una sola intérprete que se iría convirtiendo, sin solución de continuidad, en ocho personajes de la ópera barroca enfrentados por amor —Nerón y Octavia de L’incoronazione di Poppea, de Monteverdi; Aurora y Procris de Gli Amori d’Apollo e di Dafne de Cavalli; Armida y Almirena de Rinaldo de Handel; y Cleonila y Tulia de Ottone in villa, de Vivaldi— merced a un traje ingenioso que permitiría transformaciones rápidas. Sobre el papel, el planteamiento del espectáculo Nemici d’Amore: Lacrime, Follia e Passione era intrigante. El resultado, sin embargo, dejó bastante que desear.

Los arreglos para cuerda pulsada de Massimiliano Toni funcionaron mejor en las piezas de Monteverdi y, sobre todo, Cavalli, en los que prima la palabra, pero restringían mucho la paleta tímbrica en el resto, por mucho que tanto Juan José Francione a la guitarra barroca y al archilaúd como el propio Toni al clave buscaran darles color a sus interpretaciones, llegando a incluir ritmos latinoamericanos y giros jazzísticos. En "Furie terribili", el acompañamiento, a pesar de la energía con la que tocaban sus instrumentos, aportaba una pálida llama en lugar del fuego que requiere la entrada de Armida, volando en su carro tirado por dos dragones. La impresión era de economía.
No disipó esta sensación el vestuario de Francesco Gonzales, ciertamente diseñado con ingenio en cuanto al ensamblaje del conjunto, con elementos que se abrochaban o soltaban para crear distintas configuraciones, pero que de tanto querer valer para todo, al final no se adecuaba a ninguno de los personajes: el más conseguido fue la Octavia monteverdiana, cubierta con un velo de tul. Pero para ese viaje no hacían falta alforjas.
La directora, coreógrafa y responsable del movimiento escénico Deda Cristina Colonna, presente en Malta para esta reposición del espectáculo que ya presentara en el Roma Festival Barocco 2024, buscó inspiración en la gestualidad barroca y quiso dotar de un cierto aire de ritual a la escena, haciendo que la cantante dispusiese en un gran círculo sobre el escenario el atrezo del que se serviría a lo largo de la función, que acabaría recogiendo con la misma teatralidad en el epílogo, acompañada en ambas ocasiones por piezas instrumentales. Tanto este trajín, como los trabajosos cambios de vestuario, muy lejos de la fluidez deseada, vinieron a ser una distracción y lo accesorio se impuso a lo esencial. Los personajes no quedaron lo suficientemente definidos y en ningún momento llegaron a cobrar vida: estábamos siempre ante la intérprete, no lo interpretado.
Ello a pesar del muy notable esfuerzo de la soprano Francesca Lombardi Mazzulli, que actuó sin partitura. Acaso algo destemplada —el tiempo había empeorado y la sala, que dista del exterior apenas unos pocos metros, estaba fría—, dijo los textos cuidando hasta la más mínima inflexión, sin temor a afear la voz como recurso expresivo cuando convenía. El número más conseguido en lo teatral fue "Che fé, che amor per te nel cor" de Cleonila en Ottone in villa, durante el cual saltó del escenario al patio de butacas interactuando amorosamente con los espectadores.
La parquedad de medios, los resultados modestos y la brevedad del espectáculo —menos de una hora— hicieron que supiera a poco, dejándonos con una sensación más aperitivo que de plato principal. Felizmente para el amante de la ópera cuyo apetito pida algo de más sustancia, el festival contará a partir de esta edición con ópera escenificada. Este año, concluirá con un redescubrimiento: la ópera Pelopida, del maltés Girolamo Abos, compositor de la escuela napolitana. Para la edición del 2027, se anuncia el Giulio Cesare in Egitto de Handel.
El viaje de prensa de Aaron Vincent ha sido promocionado por Malta Tourism Authority.

